Presagio: más Teatro para Cali

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Teatro del Presagio lleva 11 años de Investigación, Creación, Producción y Circulación escénica. Este grupo de Jóvenes artistas vienen articulando proyectos en pro de fortalecer la escena cultural en Cali. Crónica de un equipo que ha luchado por su sueño.

Por Jaír Villano
@VillanoJair

-No vamos a hacer una obra para el olvido –recuerda Íngrid que fueron las palabras de Diego Montoya aquella noche en el ensayo–.

No lo hicieron. 11 años después de unirse para la representación teatral de «Breve episodio sobre los infortunios y desdichas de la bella Justine en su paso por el Club Sade», a partir de la novela «Justine» del Marqués de Sade, el grupo que hoy integra el Teatro del Presagio sigue luchando contra viento y marea por hacer del teatro una herramienta de expresión artística, una plataforma para reflexionar sobre nuestra realidad Colombiana. También, claro, por ofrecer a la ciudad un lenguaje desprovisto de la frivolidad contemporánea y revestido de un interés estético “Un teatro comprometido tanto con su contexto como con su quehacer, en el que el actor es un creador y un investigador que transforma la realidad tanto como la interpreta”.

Teatro del Presagio nace con el montaje de una particular obra (baste con saber que es de Sade) para efectos de un proyecto de grado de dos estudiantes de Bellas Artes (Cali). Rosmery y Juan Pablo, que esperaban graduarse de Licenciatura en Arte Teatral, tenían el equipo humano (un grupo de personas, seleccionadas de un casting); el material de trabajo (la novela traducida al lenguaje escénico); el material conceptual (que no es más que el marco teórico); el espacio para trabajar (la sala Julio Valencia del Instituto Departamental de Bellas Artes). Todo. O bueno: casi todo. Faltaba una pieza fundamental: Diego Montoya, quien se encargó de dirigir la puesta en escena.

Hace 11 años presentaron la adaptación de la novela de Sade. La unión se ha ido fortaleciendo en estos dos lustros y un años.
Hace 11 años presentaron la adaptación de la novela de Sade. La unión se ha ido fortaleciendo en estos dos lustros y un años.

Camilo Villamarín, miembro fundador del Teatro y quien para ese entonces estaba en séptimo semestre de Licenciatura en Arte Dramático, presentó a Rosmery con Diego. A Diego, escritor, director, dramaturgo, docente y actualmente director artístico del Presagio, le gustó la idea de montar el proyecto. Y entonces manos a la obra, no se diga más. Empezó un Laboratorio Escénico, un trabajo arduo y extenuante que se desarrollaba, mayoritariamente, en las horas silentes de la sala Julio Valencia, como si se tratara de mística, la sala estaba reservada de 7:00 p.m. a 7:00 a.m.

Una vez, en uno de los Laboratorios Escénicos en los que el café alteraba los nervios, tuvieron que evitar el enfrentamiento entre dos actrices. Se tomaron tan en serio el papel que interpretaban que casi se agarran a golpes.

***

-Yo no voy a sacar a nadie –advirtió Diego en un taller–, ustedes se van a sacar solos.

Inicialmente, el grupo era integrado por más de 20 miembros. En efecto, con el pasar de los ensayos se fue reduciendo. Montoya le embebió a la obra una conceptualización que a algunos no compartieron. Entre concepto y concepto –Íngrid mira su bitácora y encuentra: Carne, Morgue, Provocación, Transgresión– estaban los inminentes desnudos.

-Hubo quienes dijeron: ¡No, yo que me voy a andar empelotando!–recuerda que fue el comentario de algunos–.

Pero ella, que hace parte del elenco, que es miembro fundadora, que estuvo desde que itineraban por escenarios en busca de enseñar sus producciones; ella se atrevió a desnudarse (eso sí: pocos días después de cumplir 18 años de edad, pues da la casualidad que, afortunadamente, para cuando la obra saliera sería una mujer con cédula). Ella decidió seguir y aprender de los aportes que Montoya entregaba en cada uno de los Laboratorios Escénicos.

-Somos un grupo de teatro profesional que trabaja de manera permanente, que le apuesta a la investigación, creación y proyección de teatro contemporáneo –señala el director cuando se le pregunta por su equipo–. (No es mentira: el día de la otra entrevista (jueves en la tarde) es cancelada porque hay ensayo que va hasta las 6).

Lo desnudos y el erotismo en la obra de Sade son inalterables. Pero en Justine el francés aprovecha para poner en tela de juicio el sistema axiológico que hay en ciertos nichos sociales, además hace ironía con la suerte de la vida: que pareciera premiar el vicio y castigar la virtud. Justine es una adolescente que hace todo lo posible por preservar su casta, pero para ello debe enfrentarse a una sociedad que en lugar de auxiliarla, la azuza a la vida libidinosa.

Diego quiso jugar con los elementos expuestos en la obra, pero dándole una proyección retórica o, si se quiere, poética. Le aclaró, eso sí, a su equipo que en esta obra el cuerpo era una herramienta de trabajo, un objeto de deseo y de simbolismos.

Con un lenguaje tácito y metafórico le dio otro prisma a las escenas en las que el sexo ocupa toda la atención e incorporó otra serie de herramientas simbólicas con las que logró la inmersión del público en la idea de Club Sade.

Consecuentemente: la obra fue un éxito.

Un sueño que cuesta

Teatro del Presagio está ubicado en la Avenida 9-A Norte # 10 N 50, Barrio Granada.
Teatro del Presagio está ubicado en la Avenida 9-A Norte # 10 N 50, Barrio Granada.

El nombre de Presagio es en honor a la tradición dadaísta. Una tarde después de mucho dar vueltas Diego Montoya llevó un diccionario y dijo que la palabra que su dedo indicara –sin antes verla, claro– sería las que le daría el nombre el grupo. El destino presagió que serían un Presagio. Una apuesta que viene creciendo y articulando proyectos en procura de hacer de esta expresión artística un imperativo transformador desde su condición lúdica y crítica.

Pero hubo que esperar hasta 2015, dos lustros después de su existencia, para que Presagio tuviera una sede propia. Antes de eso les tocaba circular por diferentes salas. La asistencia estatal y de las entidades encargadas de promover la cultura fue inexistente en esa época, acusa Diego. Las políticas culturales han sido equivocadas. Desconociendo el valor y la pertinencia del sector independiente.

-Producir un montaje en Colombia es una hazaña –afirma–, depende de recursos propios. Los del Estado son muy difíciles, son como una piñata.

El trasegar de Presagio en el sendero teatral no ha sido fácil. Durante más de 8 años les tocó autofinanciarse todo. Por amor al arte, sí, pero con un sentido profesional, riguroso y con la convicción de un trabajo desarrollado con virtuosismo.

Presagio, no obstante, empezó a ver los frutos de la entrega poco tiempo después de su creación. Había años en que hacían más de 100 funciones sin tener sala propia, sin recibir ayuda estatal: siendo independientes en sus apuestas.

Pasaron por dos sedes antes de llegar a la actual (ubicada en el barrio Granada). La primera en una casa alejada en el barrio Miraflores, ahí hicieron un café teatro, pero lo de ser actores y a su vez meseros, administradores, gestores, cocineros, no les dio. Después, pasaron al barrio San Antonio, más exactamente, en el patio de una casa en el que o se insolaban o se mojaban. Los ensayos se hacían sin importar las condiciones climáticas. Finalmente, encontraron la que hoy es su casa, el espacio cultural TEATRO del PRESAGIO, una plataforma para auspiciar inclinaciones artísticas comunes e independientes.

Y es que la línea del grupo es clara: teatro experimental, donde se presentan obras relacionadas a la realidad nacional y a las inquietudes del hombre contemporáneo; y de la misma manera la franja infantil-familiar: que son apuestas en las que se amalgama el componente teatral, musical y de títeres. Un espacio para reflexionar, un espectáculo para divertirse y compartir.

De hecho, el grupo ha liderado el programa ‘Vamos al teatro’, con el cual se busca que el público joven encuentre en esta manifestación de arte un instrumento de conciencia. Presagio ha estado en muchas comunas de Cali llevando esta propuesta, de ahí que la iniciativa haya sido reconocida con el Programa Nacional de Concertación Cultural, apoyado a través del Fortalecimiento de espacios artísticos y culturales.

Además, en su agenda cuenta con más de 5 franjas culturales dentro de las que se encuentran: ‘El ciclo de danza contemporánea’, ‘Vino y letras’, ‘Cine club del Presagio’, ‘Franja pedagógica’, entre otras.
Íngrid Osorio dice que esta programación se creó pensando en fortalecer la escena cultural de la ciudad, ampliando la oferta cultural tradicional y no tradicional de Cali.
No es extraño que en pocos años el equipo haya participado en más de 15 festivales a nivel nacional y mundial. Entre ellos vale la pena destacar, la presencia en Casa Latin American Theater Festival, Londres (en noviembre de 2009) y, un año después, Muestra de arte contemporáneo Colombiano, en la misma capital.

Dentro de sus logros, están el premio de Convocatoria de Programación Artística Fundación Gilberto Álzate Avendaño, obtenidos en 2009, 2010, 2011, 2014 (en Bogotá).

Y el encuentro, aunque ya hace un año de eso, de una sala propia. Espacio en el que la empatía permanece como hace 11 años, en el que le dan la oportunidad de exponer a otros grupos sus proyectos. Y en la que colaboran personas que han estados vinculados desde la génesis, pero también voluntarios.

Tal vez el nombre del grupo no sea cosa del azar, tal vez sea casualidad –Bueno, Borges que diría casualidad es otra manera de decir destino–, lo cierto es que no es difícil adivinar que Presagio es una apuesta necesaria y novedosa para la ciudad. Presagio: más teatro para Cali.

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