Presidente Santos: nuevo mandato y otros apoyos políticos

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Por: Alejo Vargas Velásquez        

Profesor Titular Universidad Nacional

Se logró la reelección del Presidente Santos en una disputada elección de segunda vuelta y cuando para muchos era casi segura la elección de su contenedor, no sólo porque había triunfado en la primera vuelta sino porque contaba detrás con el apoyo de ese gran elector que es el ex presidente Álvaro Uribe -quien tenía como motivación esencial para elegir a su candidato Oscar Iván Zuluaga, «castigar» a quien el consideraba lo había traicionado y al tiempo obstaculizar el logro de una solución concertada para cerrar el conflicto interno armado con la insurgencia guerrillera, que para el son «terroristas» recogiendo el desgastado discurso de la administración norteamericana de George W. Bush-.

Pero se produjo una situación novedosa desde el punto de vista electoral. El candidato-presidente logro situar el tema de la Paz -que es la manera como se denomina en el lenguaje de los medios de comunicación la terminación concertada del conflicto interno armado-, a pesar de que este tema sólo estaba situado en el quinto o sexto lugar de las preocupaciones de los colombianos, que reflejaban los sondeos de opinión, en donde el peso de la Colombia urbana era determinante. Ahora bien, esto lo facilito el que en los temas de política macroeconómica los desempeños del gobierno eran aceptables comparadas internacionalmente y adicionalmente las diferencias en la mayoría de los demás temas eran sólo de matices. Como novedad, se logró, conformar una inédita coalición de hecho -no sujeta a acuerdos o compromisos político-burocráticos- con sectores de la izquierda política más racional y la izquierda social, que contribuyo a la nueva mayoría, que consideraban que el retorno del uribismo al gobierno era cerrar una posibilidad cierta de llegar a una terminación del conflicto interno armado que se avizora en los diálogos de La Habana con las FARC y en los encuentro exploratorios con el ELN. Y claro, debemos mencionar la reacción para esta segunda vuelta de los aparatos electorales de los partidos de la coalición de gobierno que lograron incrementar la participación electoral de sus seguidores y la diferencia que finalmente logró el Presidente Santos sobre el candidato Zuluaga.

Lo anterior tiene unos efectos sobre el segundo mandato Santos. Uno, ahora el Presidente cuenta con un mandato propio -no se lo debe a nadie, como en su primer gobierno- y un mandato claramente orientado hacia continuar y concluir las conversaciones con la guerrilla para terminar el conflicto interno armado -pero claro, este mandato también es para la guerrilla por cuanto lo que los colombianos le están diciendo, especialmente la izquierda política y social es que quieren que pronto concluyan estas conversaciones y que la violencia ligada a la política desaparezca-. Dos, la composición de las fuerzas políticas y sociales que lo eligieron se modificó, ya no fue la centro-derecha y derecha uribistas que lo eligió en su primer mandato, ahora es la centro-derecha de su coalición de partidos políticos y el conjunto de la izquierda política -Progresistas del Alcalde Petro, el sector del Polo liderado por su Presidenta y ex candidata presidencial Clara López, un sector mayoritario de los Verdes- y la abigarrada izquierda social -los indígenas, los movimientos LGBTI, afrocolombianos, campesinos, intelectuales, organizaciones defensoras de derechos humanos, iniciativas de paz, entre otras-, con los cuales sí bien no hay acuerdos políticos sí le enviaron un mensaje sobre la necesidad de revisar sus políticas públicas y especialmente enfatizar las de corte social. Tres, no puede defraudar a esos millones de electores que lo reeligieron no para que continúe con las mismas políticas y con el mismo estilo de gobernar -ministros y un gobierno muy bogotanos, alejado de la diversidad regional de nuestra Colombia-, por ello tienen un eco gigantesco dos de las frases de su discurso de posesión, «…reformar lo que haya que reformar» y «espero que al final del mandato presidencial ninguno de los que votaron por mi estén arrepentidos». Cuarto, el discurso de la victoria del Presidente Santos refleja bien la nueva realidad política que ojalá no la olvidé el primer mandatario, cuáles fuerzas políticas fueron las que lo reeligieron y la vocación reformista que lleva implícito ese mandato por la Paz, por ejemplo en el nuevo Plan de Desarrollo -que debe contemplar desde ya los puntos acordados en La Habana para efecto de sus asignaciones presupuestales y su priorización política- y en la composición de su nuevo gabinete.

Pero igualmente hay un tema de la mayor importancia, como acercar a la mayoría de los votantes por el candidato Zuluaga a una refrendación de los Acuerdos a que se llegue con la guerrilla. Porque sí bien se ganó y de manera relativamente holgada -más de cinco puntos porcentuales de diferencia-, lo cierto es que hay un grupo amplio de colombianos que tienen preocupaciones, diferencias, o se oponen a las conversaciones en curso con las guerrillas. Para ello va a ser de la mayor pertinencia intentar acercamientos políticos en ese tema con este sector político y lo más importante, un viraje en la estrategia comunicativa del gobierno y de la Mesa de Conversaciones para tratar de corregir la desinformación o informaciones tendenciosas que puedan tener un importante sector de colombianos acerca de las mismas; por supuesto siempre habrá un sector de opinión que se opondrán de cualquier manera, pero el desafío es lograr que sea el menor posible.

Se logró una importante batalla en la perspectiva de la paz, pero para ganar la paz definitiva todos los que estamos convencidos de la prioridad de la terminación del conflicto interno armado, todavía tenemos la necesidad de ganar otras importantes batallas políticas para lograr que se consolide la realidad de la paz.

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