“Que la Casa Blanca pregunte por la cumbre afro de Cali es una buena señal”: Óscar Gamboa

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La jefe estadounidense de la casa matriz del laboratorio farmacéutico que lo escogió para ser gerente de una imporante división de la marca no lo podía creer: el presidente de la compañía en Colombia rechazó al escogido porque era negro. Óscar Gamboa, un químico farmacéutico, cambió entonces su rumbo: llegó a Planeación nacional, donde juntó su conocimiento sobre el Estado y sus años de juventud política al lado de Piedad Córdoba, se volvió un activista, llegó sin cita al Congreso de Estados Unidos con un inglés que muchos blancos colombianos envidiarían, conoció al entonces senador Obama, creció y creció. Es el primer director del Programa Presidencial para los Afrocolombianos, Negros, Palenqueros y Raizales. La entrevista casi no termina, tiene muchas historias…

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Claudia Palacios: ¿Por qué mientras en Estados Unidos la manera no peyorativa de referirse a los negros es negros, en Colombia seguimos diciendo gente de color o afrodescendientes?




Óscar Gamboa: A nosotros nos colonizaron los españoles; a los norteamericanos, los ingleses, y aunque en Colombia se abolió la esclavitud primero que en
Estados Unidos, todavía tenemos una sociedad culturalmente racista, aunque institucionalmente no.

Colombia es uno de los países que más  leyes tiene para proteger los derechos de los afrocolombianos. Tenemos Ley de Negritudes, el Artículo 7 de la Constitución habla claramente de que este es
un estado pluriétnico y pluricultural; el Aartículo 13 dice que aquí no se puede
discriminar a la gente por motivo de sexo o raza, pero hay lenguajes no verbales.

C. P.: ¿Y eso cómo lo hace sentir a usted hoy en día?




O. G.:Con ganas de hacer pedagogía.

C. P.: ¿No le hacen dar rabia?




O. G.:No, porque yo no culpo a una persona, porque eso es un pensamiento cultural.

C. P.:Bueno, ¿pero entonces cómo les deben decir a las personas de raza negra?




O. G.: Me es indiferente que me digan afrocolombiano o negro, el tema es cómo me lo dicen. Tengo amigos que me dicen “negro” de cariño, pero otra cosa es cuando me dicen “¡negro tenías que ser!”.

C. P.: ¿Y en medios de comunicación?




O. G.:A mí me irrita mucho cuando escucho hacer apología del racismo, a que cosas malas que pasaron son negras. Si hay muertos, entonces dicen “noche negra”, “fin de semana negro”. ¿Por qué? Eso induce al sesgo racial. Yo he mandado cartas a los medios.
Ese lenguaje impacta sobre todo a los niños y las niñas. Yo el año 78 vine por primera vez a Bogotá y recuerdo que en la Séptima unas
niñas de un colegio nos tocaban para ver si nosotros nos desteñíamos. Yo
galopo bajo un concepto de que la lucha por la afrocolombianidad no es para 
privilegiarnos sino para construir sociedades
incluyentes.

C. P.: ¿Qué ha hecho usted desde su cargo para lograr ese objetivo?




O. G.:Desde darles consejos a mis hermanos, diciéndoles el blanco no es malo, porque hay gente que sí es resentida. Nosotros los afro tenemos que demandar inclusión
pero también darla. Con el ICBF trabajamos la
inclusión, el liderazgo, la diversidad, la autoestima. Con el Ministerio de Educación venimos trabajando la etnoeducación, no la afroeducación.

Yo aplico
el refrán de que loro viejo no aprende a hablar, pero con los niños sí podemos para que en veinte o treinta años tengamos niños que no se aterren porque vean
un ministro negro, una reina negra. Por eso yo admiro tanto a Estados Unidos.

El
congresista John Kaniers hace diez años me regalaba copias de fotos de fincas en venta que incluían en el anuncio con cuántos esclavos venían, cuántos adultos, cuántos niños…, ¡y pensar que hoy hay un presidente de los Estados Unidos negro! Esa sociedad pudo hacerlo, y nosotros aquí en el Valle
del Cauca no hemos podido elegir un gobernador negro.

C. P.: ¿Ese es su obejtivo, qué haya un gobernante negro?




O. G.:Que si hay un negro destacado, hombre o mujer, que esté preparado para ser
presidente de la república, que lo sea, que no le nieguen la posibilidad porque sea negro, pero tampoco se trata de que sea presidente porque es negro.
Yo diría que lo que hay que acelerar es la conciencia ciudadana. Acabo de enviarle cartas al director de la Policía, al fiscal general, al procurador, al defensor del pueblo, a algunos ministros porque quiero hacer unas estrategias de pedagogía en sus instituciones. No sabe cuántos policías afros de Cali me llaman a ponerme quejas
de cómo los discriminan en la policía por ser
negros. Yo soy de la línea de Martin Luther King: diálogo, enseñanza.

C. P.:
¿Y ya?




O. G.:No, trabajo cuatro ejes de acción. El primero es rezago institucional. Desde la Constitución del 91 se han aprobado
más de 60 actos administrativos para la población afro: Ley 70, documentos
Compes, políticas sectoriales de los magisterios, ordenanzas departamentales, acuerdos municipales, pero no se
cumplen. El presidente Santos al crear este programa me dijo «mueva eso».

Foto 1C. P.: ¿Y le dio buen presupuesto o no?



O. G.:
Es que no somos entidades ejecutoras. Ahí es que está el desafío de la gestión: uno tiene que mover al que tenga la plata en beneficio de su comunidad. No me puedo quejar, nos ha ido bien, uno encuentra muchos funcionarios muy dispuestos. No todos.

C. P.:Pongamos un ejemplo de éxito y otro de fracaso de su gestión.

O. G.:Creamos con los ministerios de Trabajo y Educación un programa de becas para mandar jóvenes afro a hacer
maestrías y doctorados a Estados Unidos. Eso lo empezó la ministra Paula Moreno y lo terminamos nosotros.
Se van cinco estudiantes por año, pero la condición es que regresen. Yo siento que mi población afro tiene
un problema de autoestima muy tenaz. Cuando uno desde su infancia ha vivido tantas
carencias, el concepto de afrodescendencia muta y se convierte en afrodependencia. Encuentro hermanos afro que les cuesta sostenerle la mirada a alguien cuando habla. ¡Por qué! Yo
creo que nuestra gente afro tiene que atreverse más en el marco de la
democracia, no solo como lo hacemos en el fútbol.

He hecho una reflexión ante algunos amigos del ministerio de cultura, que cuando hagan una promoción del tema cultural no pongan siempre negros con un tambor. Aquí también hay Raúl Cuero, brillante científico; o William Murillo, brillante cirujano plástico, que cada semana tiene que estar en un país diferente porque lo llaman para
que haga cirugías y para que dicte cursos. Pero el país no los ve.

C. P.:Hay una percepción, y yo que viví en Georgia lo vi, de que los negros son muy vanidosos y alaracosos por el empoderamiento que han logrado en la lucha por la defensa de sus derechos civiles. ¿Eso es un problema en Colombia?




O. G.:Hay una serie de prejuicios que
simplemente se convierten en indicadores de discriminación
racial. A Luis Alberto Murillo, gobernador suspendido del Chocó, cuya esposa es Rusa –obviamente no negra–, cuando estaba buscando apartamento para arrendar le decían que ya estaba ocupado; pero a su esposa que iba el mismo día por la tarde sí le decían que estaba disponible. Por eso el Presidente dio la instrucción de que se hiciera un observatorio
contra la discriminación racial, por eso firmó el 30 de noviembre de 2011 la
ley que penaliza la discriminación racial en Colombia. Muchos periodistas me decían que eso para qué si ya estaba en la Constitución, pero ahí también dice no matar y sin embargo creamos un código penal.

C. P.:
¿Y ya hay gente penalizada por la Ley de Discriminación Racial?




O. G.:Ya hay dos ejemplos emblemáticos que fueron en colectivo. Uno fue en el estadio de
Pasto: en un partido de fútbol entre Pasto y La Equidad, cuando los jugadores de La Equidad cogían la bola, desde las graderías les gritaban como «uh, uh» como
hacen los micos. Esa plaza fue multada y suspendida por discriminación racial. En Cartagena hubo un caso emblemático de dos
muchachas que fueron a una discoteca y no las dejaron entrar
porque no tenían un carnet de socias, y resulta que solo a ellas se los
pidieron. Eso llegó hasta la Corte, que condenó a los dueños de esa discoteca. Y hay casos andando, precisamente por eso es que quiero hacer pedagogía con los funcionarios de la Fiscalía.

Ocurrió algo terrible hace un par de semanas en Cartagena con
una docente, investigadora brillante e importante, Claudia Mosquera, de la
Universidad Nacional de Colombia, una Ph.D. de Francia, autora de varios libros… Ella vivió un problema de discriminación y fue a la URI a demandar, pero el funcionario que llenó los papeles escribió «ninguno» en el casillero de delito.

C. P.:
¿Obama va a venir a la Cumbre de Gobernantes Afro o no?




O. G.:
La Federación de municipios con población afordescendiente, que yo creé, tiene un lobby muy fuerte en Washington con Obama, pasadas las elecciones que lo reeligieron 
la gente de Obama ha pedido más información sobre la Cumbre de Gobernantes Afro.
Eso no es una afirmación de que Obama va a venir, pero que la Casa Blanca pida información es una buena señal. Entonces, creemos que hay una posibilidad importante de que asista. De hecho, vamos a hacer
un lanzamiento en Washington, más o menos en abril o mayo.

En Brasil, en un evento de la Organización de Estados
Iberoamericanos y la presidencia de Brasil, escuché personalmente a la señora Dilma Rousseff decir que estaba muy decidida a venir a la instalación a la cumbre de mandatarios afro. Sabemos que cinco presidentes de África van a venir. La
idea es que Colombia reivindique el hecho de que es el
segundo país en Iberoamérica, después de Brasil, en población afro; que el Valle del Cauca recupere esa condición de departamento
afro en Colombia y que Cali también revindique ese liderazgo de ser una ciudad
cuantitativamente hablando con más población afro, la segunda del continente después de Salvador de Bahía.

C. P.:
¿ Y somos racistas en Cali?




O. G..
Para mí las tres ciudades más racistas de Colombia son Cartagena, Popayán y
Cali.

foto 3C. P.:
¿Cómo debe ver Cali que este año va a ser sede de tantoseventos importantes como la cumbre de los presidentes de la Alianza del Pacífico, los World Games, la cumbre de gobernantes afro? 

O. G.:Como una gran oportunidad de escribir unas nuevas páginas en la historia, para clavar la bandera del liderazgo en América
Latina, para ser una ciudad modelo de sociedad incluyente y para que podamos exportar ese modelo.

C. P.:
¿Qué le queda de la discriminación de la que fue víctima hace veinte años en unlaboratorio farmacéutico en Cali, cuando su jefe en acto un de racismo le quitó un cargo directivo que la casa matriz le había dado por su buena hoja de vida?




O. G.:Triste recuerdo, no por mí sino por muchos afrocolombianos que aún padecen eso y nadie se da cuenta. Estamos trabajando para que no les pase a ellos ni a las mujeres, ni a los gordos ni a nadie. Dios no nos creó
para que hiciéramos eso. Cuando a uno lo excluyen es como si lo asesinaran en vida.

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