¿Qué tipo de congresistas debemos elegir?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez

Twitter: @Florohermes

Quienes habitamos el Valle del Cauca debemos tener claro que el próximo 9 de marzo elegiremos unos senadores y unos representantes que deberán constituir un Congreso de la República de suficiente peso político, moral y cognitivo, que permita a los colombianos olvidar el actual, que es percibido como la organización estatal más corrupta, tal como lo expliqué en mi columna del 20 de julio de 2013.

Tal peso político, moral y cognitivo se requiere para abordar el complejo tema de la paz, debatir el problema no resuelto de una justicia enferma, enredada y corrupta, discutir la disyuntiva entre reformar el costoso y mortífero sistema de salud o crear uno nuevo, estudiar nuestro mal calificado sistema nacional de educación y arriesgarse a corregir todos los embelecos que nos heredó la Constitución Política de 1991.

Abordar la paz, es decir, discutir los acuerdos a que se llegue en La Habana y las leyes que desarrollen el Marco Legal para la Paz, será una cuestión para expertos en ciencias culturales, económicas, jurídicas, políticas y sociales, despojados de toda intención personal o de toda voluntad particular.

Debatir la politizada justicia, lo cual equivale a escoger entre lo que tenemos: una justicia corrupta, congestionada, ilegítima, ineficaz y politizada, y lo que sería ideal: una justicia descongestionada, imparcial, legítima, eficaz y despolitizada, requiere de un elevadísimo nivel moral, de una clara concepción de lo que es la seguridad jurídica, de lo que son las libertades y de lo que es la confianza pública, condiciones expertos en criminología, derecho, filosofía moral y ciencias políticas  y sociales.

Discutir sobre nuestra salud, o lo que es igual, escoger entre mantener esa Ley 100 enferma, enredada y corrupta o establecer unos servicios de salud oportunos, sin colas y honrados. Necesita que la discutan profesionales de la salud con sólida formación en temas de salud pública, abogados con profundos conocimientos en la garantía de derechos y economistas atentos al sufrimiento de las personas.

Estudiar nuestra educación significará examinar en primera instancia si tenemos la capacidad o no de establecer una escuela universal, obligatoria y gratuita, que nos permita construir el ideal liberal de la igualdad, lo cual re            quiere congresistas cultores de la igualdad que abominen la exclusión, situación que nos permitirá una educación de calidad que nos catapultará hacia el mundo del desarrollo.

Y arriesgarse a una reforma seria que corrija nuestra actual Constitución Política, falta de de ingeniería constitucional, llena de contradicciones y provocadora de choque institucionales, que nos conduzca a una estructura estatal sólida, clara, inequívoca y sin ambigüedades, asunto que necesita a cultores de la ciencia política y de la ingeniería constitucional, quienes entiendan de los peligros de una construcción política ecléctica.

De aquí que debamos concluir que este es el momento para un Congreso de la República liberal; es decir, ilustrado, de expertos y de los mejores, a pesar de que para los fundamentalistas de la democracia “cualquiera pueda” y “todo valga”.

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