¡Qué viva la música! (la película)

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jAIRPor Jaír Villano

@VillanoJair

No había salido la película y, Alonso Torres, ya era objeto de múltiples críticas. Hombre, es sabido que Andrés Caicedo no tiene lectores, sino un robusto número de adeptos, la mayoría todavía imberbes, con el rostro masacrado por el acné, andan con mochila, cigarros, pero hay otros más inteligentes que, como dicen por ahí, han sabido vivir del muerto. Por eso todo ese mito que se ha creado en torno a él. Lo siento, pero su relativa superioridad literaria no obedece a virtudes estéticas, sino a un proyecto de mercado. Había que superar a Jorge Isaacs (?).

Partamos entonces sobre eso: para mí ‘¡Que viva la música!’ no es un éxito literario, es un éxito comercial. Y ojo, estimados panfletarios, debo aclarar que a pesar de no ser de mis mayores gustos, la novela de Andrés me parece interesante; pero sobre todo, y lo dije en un artículo sobre la literatura urbana[1], que abre las puertas a una narrativa más audaz y ágil. Con sus historias se desmanteló el estilo vetusto y tedioso de los costumbristas. Pero no era nada nuevo, por decir algo: ya en los 60 Bukowski nos anticipaba lo que serían sus cuentos.

Ahora, ¿qué hay por decir sobre la película? En primer lugar, lo obvio, y no tan obvio para los caicedianos radicales: el filme no es una adaptación de la obra, y ni siquiera pretende serlo; es, como ha dicho su director, una desadaptación, una base sobre la cual se desarrolla la historia audiovisual.

El problema es que es una desadaptación anodina, insulsa, sin fuerza. Para empezar tiene unos impases en el marco temporal en que se despliega la misma; por un lado, se da a entender que es atemporal; pero luego sale con unas perlas imperdonables, verbigracia, un vehículo de los 70, y luego una toma aérea en la que se ve el MÍO;  otra todavía más descarada: una escena en plena Avenida Colombia. Eso, que es una apuesta arriesgada,  suscita ruido, y caras largas, y hace regar el tinto.

En segundo lugar, la historia. Moreno fue claro al decir que quería tomar algunos de los personajes de la novela. Hombre, ahí sí le doy la razón a los caicedianos, porque si hay algo que a uno le ofende es que se metan con los personajes que a uno tanto le gustaron (bien sea por aprecio, bien por desprecio). El pobre Ricardito resultó siendo más miserable que el del texto; ni siquiera se dejó claro el amor desenfrenado que sentía por la rubia María del Carmen.

A propósito de la rubísima, creo que Caicedo hermana fue muy severa con la actriz. En un portal había dicho que, sencillamente, ella no sabía actuar. ¡Ay, no! La rubia Paulina hace un buen papel, se mete en la película, aunque, en algunos momentos, exagera la efervescencia de la verdadera protagonista. Y sin embargo, logra atrapar la esencia de esa rubia que tanto onanismos ha generado.

(Lo que pasa con Caicedo hermana es que no es objetiva, y está absolutamente segura de algo: ni un antes, ni un después de su hermano).

En tercer lugar, la estructura narrativa. Un contexto muy exiguo de los personajes, muchas presunciones; habría que leer la novela para ubicarse mejor y eso no es correcto: siendo una desadaptación, debe haber una independencia entre universo literario y universo audiovisual. Pues bien:  ello no se logra.

Lo otro es que la película no genera expectativa, no está presente el elemento que te deje aguantándote las ganas de ir al baño, en consecuencia, no hay un clímax. Evidentemente, eso es válido; pero hay que saberlo hacer, el ejemplo más cercano es el de Acevedo.

En últimas, la película de Moreno no conmueve, no atrapa, no seduce. Hay que reconocer, empero, la fotografía y la estética tan bien logradas en algunos planos.

Sospecho que lo anterior estriba en la ausencia de un carácter mucho más audaz; Moreno, conjeturo, no hizo una adaptación de la novela por temor a esa jauría caicediana. Al no hacerlo, el producto se queda en lo básico: la juventud, sí; el sexo, sí; la música, sí; el sin sentido de la vida, sí. Corolario: eso ya está muy manoseado (!).

Ahora, es posible que mi apreciación  esté sesgada, porque como dice una amiga:

-Si no te gusta el libro ¿cómo pretendías que te gustara la película?

Tal vez.

Lo único cierto, es que lo interesante del filme no era ver reflejado el libro, sino su desadaptación. Ah, y pensar que llegué a creer que la película podría hacer lo que el libro no…

[1] En defensa de la literatura urbana, en defensa del barrio: http://elpueblo.com.co/en-defensa-de-la-literatura-urbana-en-defensa-del-barrio/

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