¿Quién responde por la muerte de Susana?

2

Ocho días después de su muerte hay varias versiones sobre los hechos que acabaron con la vida de una niña de 12 años en la ciclovía de Cali. Un  hecho como este no puede convertirse en una estadística más

En medio de la ciclovía dominical ocurrió el homicidio de la niña Susana.
En medio de la ciclovía dominical ocurrió el homicidio de la niña Susana

La familia entera llegó a Cali hace 15 meses huyendo de la violencia de la zona rural de Tumaco, donde se encontraba sometida a los vejámenes de la guerrilla de las Farc que controla el área y que los obligaba a cocinarles, incluso a permitirles dormir en su casa.

Cuando Gilberto, el padre de Susana, iba hasta la cabecera recibía amenazas de las bandas criminales que lo acusaban de apoyar a la guerrilla. La situación se hizo invivible por lo que prefirió salir con su señora y sus siete hijos de entre 12 y un año y medio. Caminaron varias horas y después de algunos días de travesía llegaron a Cali a refugiarse donde familiares que los albergaron por unos días mientras lograban conseguir algunos ingresos.

La tía de Susana ya hacía algunos años engrosaba la estadística de los desplazados en Cali y ahora se sumaban nueve. Afrodescendientes, provenientes de Tumaco, 7 menores de edad, uno de ellos, la madre, analfabeta. ¿Qué otro dato necesitan las entidades oficiales o los investigadores sociales?

Vivían en arriendo –uno de entre el 60% de los que ocupan vivienda arrendada en Cali-, en una casa grande, con cuatro habitaciones, en la que le toca achicar” el agua cuando llueve, a pesar de lo cual se siente bastante mejor que en Tumaco, porque al menos los niños pueden ir al colegio.

El estado hace lo que puede, pero todo resulta insuficiente. Los niños iban a un Colegio, el Nuevo Latir, con una infraestructura equivalente a la de cualquiera de los mejores colegios de Cali, pero este año se cambiaron al Isaías Duarte Cancino, que es otro de los megacolegios orgullo de la ciudad. Los más pequeños están en un hogar comunitario del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Les han pagado subsidios y tienen la expectativa de más.

Gilberto se inscribió en el registro de desplazados, ya Eunice, su cuñada, lo había hecho y le indicó lo que debería hacer. Su registro le ha servido para recibir un par de auxilios económicos, de los que aparecen en los informes de gestión de los funcionarios públicos, que hacen lo que pueden.

Susana, a pesar de tener 13 años, solo estaba en segundo grado, debería estar en séptimo, pero en Tumaco era una  más de las estadísticas de deserción escolar, porque por la violencia los maestros no volvieron hace tres años a la escuela. Estaban amenazados. Ellos, los maestros, eran otro número que mostraban las ONG de defensa de los derechos humanos.

Hace tres meses Gilberto y su familia engrosan la lista de los millones de familias que forman parte de programa de Familias en Acción, aún no le ha llegado el primer pago pero él espera con paciencia, ya Eunice le contó que eso se demora pero que llega. Incluso le dijo que algunos de sus coterráneos que vinieron a Cali hace años también se inscribieron y también reciben el subsidio. Incluso hay gente que afirma que la familia de Susana llegó hace varios años a Cali pero que en el registro de desplazados afirmó que había llegado en 2011.

El Domingo 24 de Marzo salió temprano rumbo al lavadero de carros donde trabaja hace un año, gana lo que pagan los clientes, no tiene un salario fijo. Es un número más en la estadística de los trabajadores informales que mes a mes da el DANE sobre población ocupada en Cali. No está afiliado al sistema contributivo seguridad social, pertenece al Sisbén y gana a “destajo” por carro lavado, pero con eso logra cubrir el mercado y el arriendo mensual. Lo demás lo consigue con los subsidios estatales que logra arañar. Cuando estaba en el trabajo recibió una llamada, a una de las más de 40 millones de líneas de teléfono celular reportadas en Colombia. Ahí, Gilberto también engrosa la estadística. Tiene una línea prepagada, que es de las más caras, pero que no necesita estudios de crédito u otros similares, con los cuales no tendría acceso a la telefonía celular. Colombia es uno de los países con más penetración en telefonía celular y la línea asignada a Gilberto ayuda a ese logro.

Estando en el trabajo recibió una llamada, era Sandra Milena, su compañera, la mujer con la que convive hace 14 años. Con la que tuvo siete hijos. Sobreviven seis y no serán más porque en Cali le ligaron las trompas. Entre gritos le dijo que Susana estaba en el Hospital Isaías Duarte Cancino, el que lleva el nombre del obispo que habían dicho que lo mataron las Farc pero que ahora un Tribunal dijo que no se sabía quién lo había matado. A Susana le llegó un tiro, no se supo de donde, estaba en la ciclovía, con unas amigas, uno poco después del medio día.

La niña, como sus hermanos, tenían literalmente la casa por cárcel. Ellos vivían llenos de miedo. En Aguablanca y más en el sector donde vivían las cosas “vivían calientes”. Ellos no habían leído la declaración del Alcalde en la que afirmaba que caminar en Cali era como caminar en una ciudad europea. Bueno les habría dado igual porque no sabrían identificar una ciudad europea y no entenderían que lo que el Alcalde había querido decir es que Cali era una ciudad segura. Al menos más segura de los que sus habitantes creen como le dijo el consejero presidencial de Seguridad Ciudadana a Claudia Palacios en la entrevista semanal de EL PUEBLO.

Susana solo podía salir con su prima Tatiana, también de 13 años y con unos años más en Cali, pero ese día había recibido un permiso especial.

Cuando Gilberto llegó al hospital le notificaron que la niña había llegado sin vida. No había nada que hacer. Estaba frente a la inmensa paradoja de haberse venido a Cali “por la seguridad”, para huir de la violencia y ahora una bala disparada no se sabe de qué lado le quitaba a la niña que les ayudaba a cuidar a los otros seis hijos. La que apoyaba a Sandra, la mujer que cuando tenía 18 años lo enamoró y con quien ahora quince años después comparten la angustia de mantener una familia enorme en medio de la pobreza.

Para el entierro de Susana le ayudaron en Radio Calidad y lo acompañaron casi todos los vecinos, hasta cuando salieron corriendo porque se produjo otra balacera que dejó otra persona muerta y entonces la mayoría prefirió guarecerse en sus casas.

En el observatorio de Cisalva, el de la Universidad del Valle, el creado a instancias de Rodrigo Guerrero, alcalde de Cali hace 25 años y ahora, quien consideró que era importante contar los muertos y definir las circunstancias de los hechos violentos, Susana será una menor de edad, victima de un homicidio ocurrido en la mañana de un domingo en el Distrito de Aguablanca de Cali, con un arma de fuego y quizás la reporten como víctima de enfrentamiento entre pandillas.

Gilberto tiene otra versión. Dice que los testigos dicen que la niña murió en un enfrentamiento entre policías y “bandidos”. No se atreve a afirmar que la bala mortal haya salido de alguno de los dos lados pero cree que la Policía estuvo involucrada. Si la versión de Gilberto es cierta, Susana pasaría de una categoría a otra en la estadística de Cisalva.

Hay personas que dudan de la versión del padre de la niña. Creen que está buscando una indemnización y que para ello le sirve más decir que fue la Policía. Las estadísticas dicen que en Colombia la gente confía poco en la otra gente y de ahí, los investigadores sociales, deducen que hay un déficit de capital social. Gilberto no entiende pero sabe que mucha gente va a pensar que ahora pretenderá sacar ventaja de la muerte de su niña, como si se pudiera sacar ventaja de semejante tragedia.

Hay quienes dicen que Susana murió porque una persona que fue víctima de un atraco disparó para defenderse, en ejercicio de la legítima defensa que está consagrada en el Código Penal y por la que muchos defienden que los ciudadanos “de bien” puedan tener armas. La Policía dice que no se puede saber si el arma desde la que se disparó el tiro mortal fue disparada desde un arma “legal”. En caso de ser así, la muerte de Susana estaría en otra categoría de las estadísticas. Igual unas personas dicen que es mejor que los ciudadanos tengan armas para defenderse cuestionan las políticas de desarme que el Gobierno de Cali, así como el de Bogotá promueven. Bueno hay que precisar que al Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, que habla duro, le hicieron caso y al de Cali, que habla pasito no le ha hecho caso.

La Policía cree que Susana murió en un enfrentamiento entre pandillas y niega rotundamente la versión de Gilberto según la cual la Policía pudo haber tenido algo que ver en la muerte. Unas horas después del crimen, detuvo a “Ernesto” miembro de una pandilla de la zona pero fue dejado en libertad por falta de pruebas.

Las autoridades lo reportaran como un “positivo” de la Policía que se frustró por el lento e ineficaz accionar de la justicia.

Si todo sigue como va, Susana será un número más en múltiples estadísticas. Será una mujer más víctima de homicidio. Será una menor más muerta violentamente. Será una víctima más de arma de fuego. Será una más de las muertas en domingo en las horas de la mañana. Su mamá es una analfabeta más. Su familia será una más de las de Familias en acción que enorgullecerán al Gobierno. Su padre será uno más de los que habrán recibido algún grado de reparación por su condición de víctima.

En Cali nos hemos acostumbrado a la violencia. La muerte de una niña no debería convertirse en un número más de alguna estadística que sirve para adornar la presentación de un funcionario público o las conclusiones –casi siempre predecibles de algún académico–, sino que debería ser un motivo de acción ciudadana para impedir que quede impune, para evitar que se repita un hecho similar, para ayudar a encontrar la salida de ese círculo vicioso de la pobreza y la violencia en que nos hemos sumido en las últimas décadas.

Por la muerte de Susana alguien tendrá que responder, conseguir que haya justicia en este caso debería ser un desafio de los caleños como sociedad.

Comments are closed.