Radiografía de la violencia en Cali

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La Fundación Ideas para la Paz demuestra que la mayoría de los homicidios están relacionados con enfrentamientos entre organizaciones criminales y sus asociaciones con pandillas y ‘ollas’.

Al menos 100 de los 354 homicidios ocurridos entre enero y marzo de 2010 en Cali fueron motivados por una campaña de exterminio que el cartel de los hermanos Calle Serna

En los primeros días de octubre Cali volvió a estremecerse con numerosos casos de homicidio que reflejan que, a diferencia de lo que ha ocurrido en otras ciudades, en la ciudad no se ha logrado romper dinámica criminal que protagonizan organizaciones delincuenciales enfrentadas entre sí, con ramificaciones en bandas y pandillas con presencia a lo largo y ancho de la capital del Valle.

Cali presenta tasas de homicidio altas, por encima del promedio nacional. La dinámica de la violencia en la ciudad no ha seguido los parámetros de otras ciudades colombianas: por ejemplo, entre 2002 y 2007 no se presentaron reducciones significativas en las cifras de muertes violentas como sí ocurrió en el resto del país. La ciudad registró en 2011 una tasa de 82 homicidios por cada cien mil habitantes, lo que la ubica en el nivel más alto entre las ciudades más grandes de la ciudad. Medellín cerró ese año con una tasa de 62, Barranquilla de 27 y Bogotá de 21.

La Fundación Ideas para la Paz ha desarrollado un conjunto de estudios, conocidos por EL PUEBLO, que demuestran que la violencia homicida de Cali en los últimos años está atada a las disputas –predominantemente– entre las organizaciones criminales de Los Rastrojos y Los Machos.

Si bien los actores han cambiado, según esos análisis, la razón de que en Cali ha sido más difícil disminuir las tasas de homicidio que en otras ciudades se explica por la confrontación entre bandas criminales y la relación –no siempre fácilmente identificable– entre bandas, pandillas u ‘ollas’. Dichas relación se hecho para conformar una especie de cadena de crimen que se ha movido por la ciudad para evitar la acción de las autoridades.

El barrio Mariano Ramos sirvió de escenario para el enfrentamiento entre Rastrojos y Machos; se trata de una zona que presentó altos índices de homicidio en los años 2004 y 2005. En esa parte de la ciudad han delinquido al menos nueve grupos (Saquito, Veneno, Bosia, Topo, Yerson, Mireya, República de Caracas, Paisa) que han estado principalmente al servicio de Diego Montoya. Luego de las disputas entre las bandas sobreviven solamente tres oficinas debilitadas: las de Alejo, Antonio Nariño y La Unión.

En la actualidad las bandas criminales de distribuyen por distintas zonas de la ciudad que se superponen en áreas en las que hay pandillas, ‘ollas’ y otros grupos delincuenciales.

En Floralia se identificaron las oficinas de San Luis y Petecuy, que en los últimos meses del 2010 se vieron involucradas en disputas con otras oficinas. No se descarta que hayan tenido relación con Los Rastrojos y asimismo con organizaciones de narcotraficantes, e incluso vínculos con carteles mexicanos.

En sectores como La Riviera, Bello Horizonte, El Rodeo y Alfonso López hay bandas que al parecer se dedican al fleteo y al hurto a residencias, disponen de carros lujosos y motos de alto cilindraje y han tenido relaciones esporádicas con Los Rastrojos.

En Cali no se ha logrado romper dinámica criminal que protagonizan organizaciones delincuenciales enfrentadas entre sí, con ramificaciones en bandas y pandillas con presencia a lo largo y ancho de la capital del Valle

En las comunas más periféricas la existencia de oficinas es muy reducida o han sido golpeadas. En Desepaz, en el extremo oriental, no se detectaron oficinas de cobro, pero sí elementos pertenecientes a bandas. Por su parte, en espacios como Potrero Grande hay homicidios como consecuencia de disputas entre grupos delincuenciales.

En Los Mangos estaba la Oficina de alias Olmedo. Sin embargo, cuando lo capturaron, los integrantes de la oficina se dispersaron.

En el Vallado hay integrantes de bandas que serían usados por oficinas con asiento en otros lados; allí se encontraban los integrantes de los Culimochos, una organización dedicada a sacar droga a alta mar, que fueron asesinados en un cementerio a finales de 2009.

En el barrio El Vergel, donde hay muchos integrantes de pandillas, se ha detectado que llegan motocicletas y camionetas blancas y que hay sicarios que van a trabajar a otros sectores.

En Meléndez, funcionó en 2010 la denominada oficina de Cobro de los Cubillos, que fue protagonista de muchos homicidios en Cali en ese año. También se relacionó la Oficina de los Vacca, que se dedican al fleteo, sicariato, extorsión a comerciantes, cobro a prestamistas y al hurto de motos y vehículos; utilizan armas de corto alcance y se movilizan en carros de baja gama.

En el mercado de Santa Helena, los comerciantes son permanentes víctimas de extorsión, la cual se ha hecho más grave en la línea del comercio de cebolla. Las estructuras que se mueven en Santa Helena controlan líneas de distribución de droga al menudeo en otros lados de la ciudad.

En La Sultana, en donde predominan las pandillas, se han configurado expresiones delincuenciales que tienen rasgos de bandas organizadas como Los Briñes, La torre, Puente Tabla, Los Mangos, Pascualito, Parche del Burro, los Villa Nueva y Puente de los Enanos.

En Terrón Colorado se identificó la Oficina los Gusanos, que se dedica al sicariato. Las bandas, del Enano y Los Capuchos, por otro lado, se dedican al expendio de droga, hurto, fleteo y sicariato; y al hurto a motos en la vía al mar, respectivamente.

En La Flora hay una banda. En San Francisco están las Oficina Del viejo y Ocorré, que en el pasado tuvieron disputas porque una le respondía a Los Rastrojos y otra a Los Machos.

En Fray Damián y en Junín hacen presencia los Chicos Malos, quienes hacen hurtos de altas cuantías por fuera del sector.

El estudio de la Fundación revela que luego de la muerte de Wilber Varela, alias Jabón, (cabecilla de Los Rastrojos dado de baja a principios de 2008) y de la extradición de Diego Montoya (al mando de Los Machos, capturado en septiembre de 2007), los Rastrojos, al servicio de los hermanos Calle Serna, se fortalecieron; mientras tanto Los Machos, estructura que anteriormente estaba al servicio de Montoya, se debilitaron. En dicha situación incidieron capturas y procedimientos llevados a cabo por la Policía y las autoridades en general, lo que ocasionó que en Cali se redujeran las disputas. Sin embargo, ello no se ha reflejado en una disminución considerable de las tasas de homicidio.

En 2009 y 2010 los homicidios por parte de Los Rastrojos causaron un gran impacto en Cali. Ocurrieron hechos como la masacre en el cementerio, que afectó a la familia Tolosa (integrantes de la agrupación de los Culimochos, dedicada al narcotráfico a través de la Costa Pacífica), la cual fue atribuida a sicarios al servicio de Los Rastrojos; o aquel hecho en Buenaventura en donde hubo varios muertos tras la incautación de la caleta de dólares de los hermanos Calle Serna.

En Cali hay decenas de pandillas, integradas por 30 jóvenes en promedio que consumen sustancias psicoactivas, ocupan un espacio en el que delinquen, distribuyen drogas y se enfrentan por la defensa del espacio

Al menos 100 de los 354 homicidios ocurridos entre enero y marzo de 2010 en Cali fueron motivados por una campaña de exterminio que el cartel de los hermanos Calle Serna, Los Comba, inició contra otras organizaciones que manejan pequeñas rutas de narcotráfico en el Pacífico colombiano.

Los Rastrojos se convirtieron en un eje articular de las delincuencias en Cali. Establecieron relaciones con las oficinas de cobro y con el control de la distribución de droga al menudeo y también se relacionaron con las pandillas. Las oficinas sirven de intermediarios entre la banda y algunas pandillas para reclutar jóvenes como sicarios y para desarrollar actividades delictivas que además de dedicarse al sicariato, se involucran en hurtos de motos y aún en delitos como el fleteo.

No obstante, la mayoría de las pandillas, parches y agrupaciones de jóvenes que delinquen conservan su autonomía y configuran y defienden su propio espacio. Por ejemplo, hay grupos de jóvenes dedicados a cometer hurtos a personas, que no están asociados a organizaciones criminales.

En Cali hay decenas de pandillas, integradas por 30 jóvenes en promedio que consumen sustancias psicoactivas, ocupan un espacio en el que delinquen, distribuyen drogas y se enfrentan por la defensa del espacio. Los parches –en cambio– son jóvenes que delinquen pero no tienen enfrentamientos con otras agrupaciones. Se reúnen a consumir droga y eventualmente cometen delitos.

Algunas de estas pandillas tienen relación con oficinas y hacen trabajos de sicariato, cometen delitos de altas cuantías, pero en lo esencial conservan su condición de pandilla porque buena parte de sus integrantes delinquen únicamente en su entorno y sostienen disputas con agrupaciones de pares.

Las pandillas de Cali están en los cuatro puntos cardinales de la ciudad. Se ubican en el oriente, en barrios de Aguablanca como Desepaz, Los Mangos, El Vallado, El Diamante y Mariano Ramos. Igualmente, se asientan en el oeste, en La Sultana. Hay igualmente en el norte pero con menores concentraciones. Las agrupaciones más organizadas se encuentran en el extremo nororiental, en Floralia; y en el suroccidente, en Meléndez.

En los barrios Calimío, Potrero Grande y Pízamos se han conformado pandillas integradas por desplazados principalmente de Buenaventura, Chocó, Nariño, Cauca, y Tumaco, la mayoría afrodescendientes. En estos sectores muchos jóvenes se agrupan y frecuentan la zona del jarrillón del río Cauca.

En Los Mangos la pandilla de Los Buenaventureños cometen homicidios en la modalidad de sicariato y expenden drogas. En el mismo sector, los Pondongos, conformados por aproximadamente 20 integrantes, todos ellos hombres y en su mayoría menores de edad, se dedican principalmente al consumo de droga y al hurto a personas con ‘pachas’ y armas blancas. En este sector fue capturado alias Pony Malta, quien se encuentra detenido en el Valle de Lili; es un sicario de 15 años indicado de asesinar a cinco personas.

En El Vallado hay al menos 20 agrupaciones de jóvenes que delinquen. A estos grupos se les atribuyen hurtos de motos y taxis para pedir recompensa.

En El Diamante, Siloé y en Mariano Ramos hay pandillas y agrupaciones similares. Algunos de los integrantes de las pandillas son descendientes de personajes de las organizaciones criminales, que hoy están muertos o detenidos. Asimismo, es importante señalar que históricamente las oficinas se han renovado a partir de las pandillas y que aún en la actualidad las primeras dotan de armas y medios a algunos integrantes de las segundas para que hagan trabajos.

En relación con el microtráfico, se identificaron unas ollas mayores ubicadas en la zona central de la ciudad como la del mercado de Santa Helena, la de San Judas, donde hay 20 expendios en dos puntos, y en límites con Mariano Ramos. En Nueva Floresta están las ollas de Eduardo Santos, entre las que se destaca la llamada calle del crack. Por su parte, en El Calvario, hay un conjunto de expendios –muy frecuentados por habitantes de calle– en donde hay muchos inquilinatos. También hay expendios en el sector de San Nicolás.

Las ollas y los expendios no se pueden apreciar fuera de las agrupaciones delincuenciales y criminales, así como tampoco se pueden separar de las pandillas y bandas similares.

Las investigaciones de la Fundación demuestran que los habitantes de la calle también tienen una estrecha relación con las ollas, no solo como consumidores sino también como protagonistas de delitos, porque hurtan para consumir, lo que los convierte en parte de redes que compran cables y tapas que hurtan los habitantes de calle.

Ver más:
La criminalidad, el peor indicador de Cali, informe de agosto de 2013

La historia sin fin de la violencia en el Valle del Cauca, informe de agosto de 2013

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