Recuerdos de un día trágico

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El 18 de agosto de 1989 fue un día trágico para la historia de Colombia. Luis Carlos Galán Sarmiento -quien tenía trazada una victoriosa carrera hacia la Presidencia de la Republica- cayó acribillado por el fuego de la mafia. De este modo, se truncó una de las carreras políticas más esperanzadoras de los últimos años.

Por: Guillermo Alberto González Mosquera

En la mañana de aquel 18 de agosto, por petición de Luis Carlos Galán, estuve redactando un documento sobre el sector algodonero que él pensaba utilizar como soporte para una reunión en Codazzi, concertada para la semana siguiente. Al mediodía, hablé telefónicamente con Lucy Páez, su secretaria –y quien también había trabajado como mi secretaria en el Viceministerio de Educación-, para informarle que les llevaría el  texto en la tarde. A las 5:00 llegué a su despacho y la asistente me informó que Luis Carlos deseaba que lo acompañara al parque de Teusaquillo. Allí, se realizaría una manifestación política donde Alfonso López Caballero -hijo del Presidente López Michelsen y director del Movimiento de Renovación Liberal- se uniría a su campaña.

Luis Carlos GalanLo esperé en la reunión de Teusaquillo, donde numerosos entusiastas proferían vítores a los dos líderes, celebrando la unidad del liberalismo. En la sede de López, Galán me dijo que le preocupaba que su anfitrión aún no llegara, porque las 7:00 p.m. tenía a una manifestación en Soacha. Entonces, el candidato empezó su discurso, que interrumpió cuando el director del Movimiento de Renovación Liberal se incorporó al acto político, que terminó hacia las 6:15 de la tarde.

Cuando terminó la reunión, acompañé a Galán a tomar el automóvil que lo conduciría a Soacha. En el camino le pregunté si había visto las encuestas publicadas el día anterior. En ellas, su favorabilidad sobrepasaba el 70%. ´Con esas cifras – le manifesté- estás prácticamente elegido”. “Si, -me respondió– pero también son preocupantes porque mis enemigos van a acelerar sus esfuerzos para matarme.” Preocupado, me contó que por primera vez le habían asignado un carro blindado para su seguridad. A renglón seguido me invitó a que lo acompañara a Soacha  e insistió en la importancia que para él tenía esa manifestación, organizada por el Concejo Municipal que adhería en pleno a su candidatura.

Galán le concedía especial valor a lo que sucedía en Cundinamarca: allí había construido su fortín político y tenía numerosos amigos en ciudades como Fusagasugá y Girardot. La reunión de Soacha lo estimulaba. Se trataba de una zona liberal con acelerado crecimiento y con un activismo político cada vez más evidente.

El municipio de Soacha se encuentra localizado en las cercanías de Bogotá y es habitado principalmente por comerciantes y personas de clases medias y bajas. Su potencial electoral es elevado: en la actualidad cuenta 625.000 habitantes y en los tiempos de Galán, alcanzaban el medio millón. Este lugar es un claro ejemplo de las denominadas “ciudades dormitorio” donde la población puede vivir invirtiendo menos recursos en su manutención, a una distancia prudente de la capital donde encuentra trabajo en sectores industriales y de construcción. La manifestación, organizada por la dirigencia local, prometía una mayor favorabilidad para su campaña electoral.

Antes de que se subiera al carro, le manifesté a Luis Carlos Galán que no podía acompañarlo a Soacha: con mi esposa debíamos asistir al grado de un familiar en el centro de Bogotá. Me dijo que él también estaba invitado y que nos veríamos en la noche, cuando finalizara la manifestación. Al despedirnos, golpeé amistosamente su espalda al entrar al carro y le manifesté que estaba bien que llevara el chaleco antibalas, que se le notaba bajo el saco. Hoy recuerdo su cara sonriente, el vestido azul con la corbata roja y la mano despidiéndose desde el interior del automóvil.

Recogí a mi esposa en casa y fuimos al edificio Bavaria, cerca del hotel Tequendama, donde se celebraba el grado. Dejamos el carro en los parqueaderos y tomamos el ascensor. Cuando  las puertas se abrieron en la recepción, el portero  me dijo que en la radio anunciaban que el doctor Galán había sido baleado en Soacha. Sentí un escalofrío que me recorrió el cuerpo y con la cabeza en ebullición, subí al apartamento. Los invitados quedaron pasmados con la noticia y solo pedían un transistor para enterarse de lo que ocurría. Las informaciones que se transmitían al principio no eran alarmantes. Decían que el candidato había sido herido, pero que en esos momentos se lo atendía en la Clínica de Ciudad Kennedy. Luego se informó que debido a la gravedad del atentado se lo trasladaba a la Clínica de la Caja Nacional de Previsión. Existía la esperanza generalizada de que Galán saldría vivo. Pero no pasó mucho tiempo cuando los reporteros radiales informaron que había fallecido. Eran las 9:45 de la noche y el país se estremeció. El locutor de Caracol Radio anunció a nivel nacional: “Lamentamos informar a los colombianos que el precandidato liberal Luis Carlos Galán Sarmiento ha fallecido. El senador Galán Sarmiento recibió varios disparos cuando se aprestaba a pronunciar un discurso en la plaza principal del municipio de Soacha”.

Luis Carlos Galan

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