Reflexiones a dos años de las conversaciones entre Gobierno y FARC

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El analista político, Alejo Vargas. (Colprensa-archivo)Se han cumplido dos años de la formalización en Oslo (Noruega) del inicio de las conversaciones entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP y el primer comentario que debemos hacer es que las mismas no sólo han avanzado sustancialmente, sino que ya hay una posibilidad real de vislumbrar la finalización del conflicto interno armado y esto es un motivo, más que justificado, para que la mayoría de los colombianos apoyemos el desarrollo y la terminación de las mismas, que fue el mandato que le dimos al Presidente Santos la mayoría de los electores cuando lo reelegimos, a pesar de no compartir algunas de sus políticas públicas.

No sólo se han alcanzado Acuerdos sobre tres de los puntos de la agenda acordada entre las partes –desarrollo agrario, participación social y política, solución al problema de las drogas ilícitas-, todos ellos con importante participación de la sociedad a través de los Foros de Participación organizados, a solicitud de la Mesa de Conversaciones, por la Oficina de Naciones Unidas en Colombia y el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la Universidad Nacional, sino que ya están las dos Delegaciones abocando el tema de Víctimas, con una novedad y es la invitación de seis delegaciones de víctimas del conflicto armado interno a reunirse con la Mesa de Conversaciones y compartir su tragedia y dolor, pero igualmente sus iniciativas y propuestas sobre cómo pensar una solución adecuada y realista a este tema –reconocimiento de las víctimas, verdad, reparación, justicia, no repetición y el rol que ellas pueden jugar en la reconciliación nacional-  que es sin duda un punto central de las conversaciones.

En el tema de desarrollo agrario se plantean aspectos fundamentales no sólo para buscar resolver el histórico abandono de la sociedad colombiana con los campesinos colombianos, marginados y expulsados de sus tierras, sino pensar programas de desarrollo rural integral que tenga en consideración además de los aspectos productivos –tierra, crédito, apoyo técnico, comercialización y mercados-, sino aspectos como vías de comunicación, salid, educación, seguridad alimentaria; todo ello pensado con enfoque territorial y diferencial, que permite decir que la construcción de paz es un tema de tipo territorial.

En participación política, no sólo se busca hacer realidad aspectos que si bien están en la normatividad actual, no se han cumplido por indolencia de los dirigentes, como la expedición de un Estatuto de la Oposición, sino darle a través de un sistema de seguridad, garantías a los movimientos políticos que surjan del proceso de conversaciones, garantías de que no van a ser destrozados y eliminados, como sucedió con la Unión Patriótica, genocidio que nos debe avergonzar a los colombianos, igualmente estimular y promover una cultura de la convivencia y la democracia en nuestra sociedad, caracterizada fuertemente por una cultura excluyente y de rechazo a la diferencia; igualmente estimular una reforma a fondo del sistema electoral para que el mismo sea garantía plena para todas las fuerzas políticas de competir en igualdad de condiciones; circunscripciones especiales transitorias para Cámara de Representantes para que los territorios más afectados por el conflicto armado tengan una voz que los represente; en fin, avanzar en la construcción de una demo0cracia moderna y profunda en la realidad, no sólo en el discurso.

En lo relacionado con el tema de drogas ilícitas, no se trata de resolver el tema global del narcotráfico, esa es una responsabilidad de la comunidad internacional frente a un problema que es global, se trata de incidir en la disminución del área de cultivos de uso ilícito y darle opciones reales de producción rentables a los campesinos, que hasta el momento no se les ha dado de manera consistentes y a largo plazo. Esa es la contribución importante que puede hacer Colombia para disminuir la oferta global de coca. Adicionalmente se trata de insistir en programas de prevención de consumo y atención a los adictos e igualmente en la lucha contra el crimen organizado que es el que se queda con la ‘tajada del león’ dentro de este negocio de impacto global.

En paralelo, han decidido las dos Delegaciones instalar una Sub-comisión técnica con asesoría y participación de altos oficiales de la Fuerza Pública y delegados de las FARC, que va a ir trabajando el aspecto relativo a la dejación de las armas, la modalidad de implementar el cese de fuego definitivo, una vez se acuerde, la ubicación de las fuerzas de  la insurgencia, los sistemas de verificación y monitoreo, todos ellos aspectos fundamentales en el punto relativo a la terminación del conflicto armado. Sin duda, se vislumbra claramente un horizonte de terminación del conflicto interno armado con la insurgencia de las FARC-EP y todo indica que igualmente se avecina la Mesa de Conversaciones con el ELN.

De otra parte, son alentadoras las noticias que llegan tanto desde el lado del Gobierno como en las publicaciones oficiales del ELN en el sentido que se está avanzando en esa fase exploratoria para definir tanto la agenda como los procedimientos para una Mesa de Conversaciones entre el Gobierno nacional y esta organización insurgente. Ojalá más temprano que tarde tengamos la buena noticia de formalización de una Mesa de Conversaciones, que como bien lo ha dicho el propio comandante del ELN, Nicolás Rodríguez Bautista va a requerir que se diseñen unos mecanismos que permitan ir interconectando las dos Mesas de Conversaciones y que garantizando la especificidad de cada proceso confluyan en un solo acuerdo para terminar el conflicto armado. Esta es otra excelente noticia.

Por último quisiera señalar que no hay que preocuparse de que el Centro Democrático con su líder a la cabeza tenga una posición crítica y contraria del proceso de conversaciones que se está adelantando con las insurgencias, eso de hecho es saludable para la democracia. En teoría se dice que un proceso de conversaciones para terminar un conflicto armado interno se facilitaría con una gran unidad nacional, pero también es verdad que falsas ‘unidades nacionales’ pueden ser más perjudiciales para este propósito. Claro lo que se va a requerir es una disciplina importante de las fuerzas políticas que apoyen al gobierno, que sus congresistas no anden haciéndole ‘fuego amigo’ al proceso de conversaciones, sino que sean un apoyo sólido al mismo. Si esto se da, vamos a tener en el momento de refrendación de los Acuerdos, un interesante debate democrático acerca de las ventajas o desventajas de terminar con el conflicto interno armado y si ese debate se realiza de manera leal y respetando las reglas democráticas puede ser ilustrador y pedagógico para los ciudadanos.

 

Alejo Vargas Velásquez

Profesor Titular Universidad Nacional

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