Reflexiones en medio de la crisis

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Por Óscar Gamboa Zúñiga

A pesar de las incertidumbres, por cierto ya son insoportables, debido a la pandemia, no podemos perder la esperanza que algún día estaremos navegando por las aguas de la que ahora llaman la “nueva normalidad”, que me temo seguirá arrastrando muchas de las cosas malas de la “vieja normalidad”.

El ejercicio de la democracia nos da el derecho, y yo hasta diría el deber de disentir, de expresar puntos de vista diferentes porque eso es lo que enriquece. Pero que bueno eso se pueda hacer en el marco del respeto y la valoración de quien opine diferente.   

Preocupa observar, no sé si por las mencionadas incertidumbres, que se esté generando una inusitada sensibilidad que se traduce en una agresiva irritabilidad e intolerancia en las relaciones interpersonales, intergremiales, Inter deportivas, Inter columnistas, en fin, esto se está convirtiendo en un tongo le dio a borondongo y borondongo le dio a Bernabé como como lo pregonaba Celia Cruz haciéndonos vibrar. 

Es de verdad muy triste que, si alguien por alguna de las redes sociales existentes opina libremente sobre cualquier tema, alguien lo insulte o lo agreda con virulencia porque no coincide con lo que el agresor piense.

Es igualmente triste que en medios de comunicación escrito, algunas columnas de opinión se están convirtiendo en verdaderas trincheras para la ofensiva o para la defensiva, perdiéndose con ello la riqueza del contenido que el columnista sabe expresar, al punto de percibirse que algunos medios para “balancear” su expresión y evitar que lo encasillen en un lado o en el otro de la polarización, calculan el perfil de un columnista para hacer contrapeso en la postura de algún otro columnista que arrastre sectores importantes de la opinión pública y no afectar el margen de participación en el mercado.

Y que decir de la política, expresarse en acuerdo o en desacuerdo de alguien o de algo, es hacerse merecedor de una camiseta de uno u otro bando, con las consecuencias que ello conlleva porque se le buscará cerrar el camino en el devenir de la vida. Inclusive ahora que estamos en épocas de ternas y elección de nuevos magistrados, los filtros más utilizados para eliminar candidatos es saber que opinó o dijo de tal o cual tema o de tal o cual funcionario en épocas pretéritas.

Y que decir si un técnico de fútbol pone o no a jugar al jugador con quien se tengan afectos, esto es suficiente para odiar.

NO podemos permitir que la sociedad navegue por los mares de las pasiones primarias, es necesario que hagamos pausas racionales y objetivas para no caer en el abismo de los odios y desamores absolutos. Sin proponérnoslo, nuestros hijos y descendientes se van culturizando con esas conductas oprobiosas y prisioneras del rencor, prospectándose con ello, una sociedad mas violenta e intolerante que la que hoy tenemos y eso ya es mucho decir.   

No puedo terminar de escribir esta columna sin referirme a la elección del próximo presidente del senado de la república. No entiendo porque los partidos políticos y sus “dirigentes” a propósito de las pausas racionales y objetivas mencionadas anteriormente, no se hacen una ahora. Parece que no han leído o no quieren leer el escenario de la sensibilidad ciudadana frente a la clase política tradicional. Es cierto que un investigado no es un condenado, pero por Dios, que mala señal ética se envía desde una de las corporaciones de mayor importancia para nuestra democracia de preferir elegir a un investigado en lugar de elegir uno que no lo esté.  No se les olvide que esos “gloriosos” partidos tradicionales y los partidos que nacieron en la década de los 90, a las nuevas generaciones, que ya son muchas, ya poco o nada les mueven la emoción. Ya los relatos de los padres o los abuelos sobre las épocas de cachiporros y chulavitas poco se cuentan ya que muchos de los hoy padres y abuelos, no vivieron esas épocas y eso no es ya un tema cotidiano de conversación al interior de las familias.

Seguir de tercos haciendo la política bajo el mismo formato, es una peligrosa aventura porque esto detonará la nueva practica de votar no por alguien, sino contra alguien y con ello se pueden dar saltos al vacío en cualquier democracia, sobre todo en una como la nuestra donde nos toca reconocer que aun falta mucha solidez es muchas de nuestras instituciones.

Los expertos en economía y en econometría nos están anunciando que cuando esta pandemia pase-si es que pasa-los indicadores de pobreza retrocederán unos 20 años…que horror. Esta puede ser una oportunidad para que, en lugar de odiar, amemos; en lugar de robar, gestionemos apoyos; en lugar de polarizar, conciliemos y con todo ello, busquemos apuestas comunes que esperancen el vivir en el país y la sociedad que nos merecemos.

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