Repensar el desarrollo

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Álvaro Guzmán BarneyPor Álvaro Guzmán Barney

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiano, CIER

Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Occidente

En el fondo de varios de los problemas que el Gobierno recientemente ha enfrentado hay un cuestionamiento al modelo de desarrollo que sigue el país, especialmente el plasmado en el Plan de Desarrollo. Queda claro que el Presidente Santos no solo debe introducir cambios en su gabinete, como lo acaba de hacer, sino que también debe introducir un viraje sustantivo a sus propuestas de Gobierno para resolver las necesidades y aspiraciones más apremiantes de la población. Este modelo, o el Plan, en la parte de crecimiento económico pone todo el énfasis en las exportaciones de minerales e hidrocarburos y en el abaratamiento de los productos de otros sectores por su competitividad en el mercado internacional. En el sector social, busca la creación de empleo con esperanzas en el sector de servicios, pero sin grandes resultados, y se ve obligado a desarrollar tareas redistributivas  de beneficencia para confrontar los niveles de pobreza y extrema pobreza. Expande la educación, sin ponerle debida atención a su calidad, y reestructura la salud, que es en ejemplo de un servicio costoso e ineficiente, sin que podamos saber cuál va a ser el porvenir del sistema propuesto. Todo esto en medio de un conflicto armado que es muy costoso para el Gobierno, pero ante todo para la Nación.

No aparece como central un tema que es crucial para el desarrollo: los efectos medioambientales de lo que se está haciendo en campos y ciudades, los problemas de sostenibilidad que puede tener un modelo de desarrollo como el presente en el mediano plazo. En otras palabras: el modelo que se adoptó privilegia la minería y la riqueza, a corto plazo, mientras se afecta gravemente el medioambiente para las futuras generaciones. En medio está una sociedad que muestra inconformidad y que no se va a quedar tranquila con tener solamente acceso a la mermelada de los hidrocarburos.

El pasado año, el ministro de Medio Ambiente cambió en agosto, y ahora, después de un año largo, vuelve a cambiar. No se sabe, a ciencia cierta, cuál ha sido la capacidad del Ministerio para la regulación del sector minero. El año pasado, cuando se discutió la prórroga del contrato de Cerromatoso, se limitó a afirmar que el nuevo contrato debía adecuarse a las nuevas exigencias ambientales. La definición de las áreas estratégicas mineras en la Amazonia no se fundamentó en estudios previos de impacto y tampoco estimó la situación de la población que estaba en medio de los territorios asignados. En la definición del área de reserva de Santurbán concilió con explotaciones que ya estaban en zona de páramo. Son apenas algunos ejemplos que muestran la debilidad del sistema ambiental nacional, ejemplos que se pueden sacar del sector de la minería y los hidrocarburos y se pueden referir a la construcción de infraestructura, a las ciudades y la discusión sobre el POT, etc. El Estado privilegia el dinero rápido, aunque su costo a futuro pueda ser inmanejable.

La relevancia del tema ambiental no solamente la debe dar el Estado con sus políticas y programas. De alguna manera, si no le da la relevancia que tiene, es porque los distintos sectores sociales tampoco se la dan, ni siquiera lo demandan. Esto quiere decir que se requiere redoblar esfuerzos para que la opinión pública, la ciudadanía, los sectores organizados de la sociedad civil, también se pronuncien sobre una forma de desarrollo humano sostenible, que identifique al conjunto de la nación y sus aspiraciones. En esta tarea la academia tiene una responsabilidad especial por cumplir, pero sigue de espaldas a los problemas más sentidos del país.

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