Retos de la Cumbre en París

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Álvaro Guzmán Barney

Director del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

El problema del cambio climático tiene un buen diagnóstico, así como son evidentes sus consecuencias devastadoras, sobre la naturaleza y sobre quienes la habitamos. Por varias razones, entre las que se destacan el consumo de combustibles fósiles, las formas del transporte, de la agricultura intensiva y de la ganadería con estabulación, se viene produciendo un calentamiento global, por efecto invernadero, que lleva a situaciones de deshielo, inundaciones en unas regiones y sequías en otras, que afectan la naturaleza y la sociedad alrededor del mundo. La propusta de París es que este cambio en el clima no supere los 2 grados centígrados en 2100, teniendo en cuenta la temperatura promedio obervada en 2010. De seguir la tendencia que se trae ahora, el aumento sería de 3.6 grados, con graves consecuencias para la humanidad.

Los países con las mayores emisiones de CO2 no necesariamente asumen la responsabilidad que les compete en el esfuerzo por reducir el calentamiento global. Diez países produjeron más de dos tercios de la emisión global de gases de efecto invernadero. En primer lugar, entre todos los países, está China con 25.36%, en segundo lugar los Estados Unidos con 14.4% y en tercer lugar los países de la Unión Europea con 10.6 %. Les siguen, en orden descendente, India, Rusia, Japón, Brasil, Indonesia, México e Irán. Es muy importante que se pueda llevar una veeduría sobre las acciones de estos países para contrarrestar el cambio climático, a raíz de los acuerdos de París.

Colombia no se encuentra entre los países que más emisiones de CO2 produce, pero la situacion si tiene reflejos devastadores en la geografía nacional, además de la propia contribución de nuestro país al problema global. Es urgente adoptar una política pública efectiva de lucha contra el cambio climático. También, como lo proponen países como Noruega, es deseable que en Colombia se protejan los bosques que tenemos, especialmente en la Amazonía, ya que de su preservacion se benefician otros países. El tema indudablemente es de interés global. A la reunión de París, el Gobierno colombiano llevó una posición de compromiso que se debe destacar. Sin embargo, la pregunta es si contamos con un Estado y con unas instituciones suficientemente reguladoras que permitan poner en práctica la política para mitigar el cambio climático. Este es el aspecto más débil de la posición colombiana: además del discurso retórico, lograr cambios efectivos. Para no caer en contradicciones más evidentes, por ejemplo en el diseño de los planes de desarrollo, en los que se argumenta a favor de la locomotora “minera”. En otros escenarios, la “competitividad” se concibe prioritariamente pensando en nuevas vías y en infraestructura para automoviles y camiones, consumidores de gasolina y a.c.p.m, en lugar de sistemas de transporte público que pueden moverse por energías alternativas. Esto es especialmente grave en las ciudades, que en contravía de lo que se debería hacer, se proyectan para el reino del autómovil privado. Hay una pronunciada deforestación que no parece preocuparle a nadie, por ejemplo, en el Valle del Cauca. En fin, hay mucho por hacer con muy poco Estado.

Tal vez debido a la ambigüedad en la conducta de Colombia ante el cambio climático, tres países: Alemania, Reino Unido y Noruega, promovieron en París una “ayuda internacional condicionada” que consiste en entregarle al País 100 millones de dólares en cinco años, a condición de que Colombia reduzca la tasa de deforestación en la amazonía colombiana a cero. Parece una política de incentivos correcta, aunque se podría argumentar, por otro lado, que buena parte de la deforestación del Amazonas, se lleva por el río Amazonas hasta Manaos, también desde Peru, y de allí se carga con destino final en Europa y los Estados Unidos. Podríamos tener derecho a una compensación por un daño causado, pero parece importante que el Gobierno colombiano se obligue a impedir la deforestación, como sea. También habría que actuar a lo largo y ancho del país, sin tener a la mano incentivos de otros países.

El tema de fondo es cambiar las mentalidades de los ciudadanos acerca del cambio climático. También cambiar los modelos de desarrollo vigentes. Si el capitalismo quiere sobrevivir va a tener que fijarle límites a su voracidad. También el socialismo, al estilo chino, debe tener una revisión ante el reto ambiental. Introducir el criterio de sostenibilidad se vuelve fundamental. Colombia atraviesa por una coyuntura crucial y no estaría por demás que, en función del posconflicto, el conjunto de las fuerzas sociales y políticas asuman la defensa del medioambiente y la mitigacíon del cambio climático.

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