Retos y desafíos para conseguir la paz territorial en la región pacífico colombiana

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Luis LobatoPor Luis Eduardo Lobato Paz

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

Hablar de paz territorial se ha convertido en un punto de acuerdo de muchos de los analistas del conflicto armado en Colombia. Esto implica el reconocimiento que en cada territorio colombiano los impactos sobre el tejido social, económico, político y territorial han sido distintos y las tareas que tiene por delante el gobierno colombiano son de diverso orden y magnitud.

Cuando se analiza la situación de violencia por la que atraviesa esta región se advierte que va más allá de los grupos guerrilleros y abarca varias modalidades de criminalidad, que si no se abordan en una fase de post-acuerdos dificultarán la búsqueda de paz. Ellas comprenden las bandas criminales, conformadas por miembros de los grupos paramilitares que no se desmovilizaron o reincidieron en prácticas criminales, reductos del cartel de droga del norte del Valle del Cauca y del pacífico, otras que provienen de la región antioqueña (los Urabeños), grupos del crimen organizado (piratas terrestres, asaltantes de bancos y carros de valores, oficinas de cobro), pandillas juveniles, delincuencia común (bandas de fleteo, ladrones de motocicletas, automotores, celulares) y explotaciones ilegales de minas de oro.

Esta abigarrada mezcla de organizaciones ha hecho que a las ciudades del Valle, con recurrentes tasas altas de homicidios desde la década de los ochenta como Cali, Cartago, Tuluá, se le hayan unido otras del mismo departamento. En las ciudades intermedias este fenómeno ha crecido de una manera dramática en Buenaventura, Buga y Palmira, en localidades del sur como Jamundí, Florida, El Cerrito y Pradera y comprende también a municipios del norte como Roldanillo, La Unión y Zarzal.

En el departamento del Cauca, en los municipios de Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Argelia y Patía las tasas de homicidios en la década de dos mil son igualmente altas. En el departamento de Nariño, Tumaco es el municipio que empezó a exhibir las tasas más altas de homicidios.

Cuando se indagan los motivos por los cuáles se modificó la cartografía de la violencia en la región pacifico colombiana se encuentra que en el departamento de Nariño crecieron los cultivos de coca, hasta convertirse en el primer productor de esta planta en el país. En este mismo departamento, el incremento sustancial de los cultivos de palma aceitera estuvo aparejado con muertes y desplazamientos de los pobladores originales de la región.

Los ejes cordilleranos, central y occidental, sobre los que asientan varios de los municipios caracterizados por altas tasas de criminalidad del Cauca y del Valle, se convirtieron en corredores por los cuales baja la coca y la marihuana que se cultiva en las partes montañosas.

A este factor desestabilizador producido por los cultivos ilícitos se le unió en los departamentos del Cauca, Nariño y Chocó las avanzadas mineras ilegales sobre ríos y montañas, que cuando llegan a un sitio dan lugar a prácticas como la prostitución, venta de armas, aumento de las riñas y muertes producidas por el desborde del alcohol y las drogas y el cobro de extorsiones, vacunas o asesinatos de quienes se niegan a pagarlas.

La ciudad de Cali, como eje integrador de la región, alimenta y a su vez se convierte en víctima de esta hidra de muchas cabezas como lo es la criminalidad urbana y guerrillera. Es el punto de acopio final de las drogas que se producen en los municipios del Valle, Cauca y Nariño, donde se comercializan y se proveen de armas e insumos químicos los grupos armados y el destinatario mayor de las inversiones o lavado del dinero que producen estas actividades ilegales. Por el contraste, también es la que recibe la mayor cantidad de personas desplazadas de la región pacífico. Estas situaciones han dado lugar a que las tasas de criminalidad de esta ciudad superen por amplios márgenes a Medellín y Bogotá en la última década.

Además del impacto que genera las altas tasas de homicidios que produce la violencia criminal, en la región, habría otros factores que son igualmente de desestabilizadores. El primero tiene que ver con las afectaciones socio-ambientales que produce la siembra de marihuana y coca en las estribaciones de las cordilleras central y occidental de los departamentos del Cauca y Valle. Igualmente con la destrucción de selva tropical en el departamento de Nariño para sembrar palma aceitera y coca. El segundo tiene que ver con la destrucción y contaminación de las cuencas hidrográficas que produce la minería ilegal en la región. Al final la combinación de cultivos y minería ilícita afectan la seguridad alimentaria de la región y es responsable en parte de las inundaciones o avalanchas que se producen en los valles geográficos en la época de invierno y de la escasez de agua en las temporadas de verano.

Uno de los grandes retos que tiene la región pacífico está dado por ofrecer a la población campesina y ribereña alternativas económicas para la sustitución de cultivos y de minería ilegal, para desmontar ese entorno económico que genera la industria del narcotráfico y también de fortalecer el componente normativo e institucional para desmontar las estructuras criminales que intimidan y atentan contra la población.

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