Riesgo ambiental

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Álvaro Guzmán BarneyPor Álvaro Guzmán Barney

Centro interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

En el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, vigente se argumentó que Cali era una “ciudad en alto riesgo ambiental” y que podía tener mayor proporción de población en esta situación que en el resto del país.  Esta afirmación debe ser recogida con mucho cuidado por los planificadores y gobernantes de hoy. En los últimos días, los medios de comunicación han abundado en el despliegue del escándalo por el edificio que colapsó en Medellín. A raíz de este episodio, el Municipio ordenó la revisión de algunos edificios de Cali, procedimiento correcto que, en el caso de Medellín, evitó una desgracia mayor. Pero en nuestra ciudad el problema principal no parece radicar por el momento en la calidad de las construcciones. El problema catastrófico en Cali puede presentarse por la calidad de los suelos en los que se han dado los permisos de construcción que revisten riesgo ambiental de diverso tipo.

En el pasado reciente, los movimientos sísmicos determinaron qué sectores específicos de la ciudad se ven notablemente afectados, incluidas las áreas donde están reconocidos centros de salud. Con el conocimiento sísmico que se tiene hoy, es posible prever dónde están las zonas urbanas de mayor riesgo, y las autoridades deben proceder en consecuencia, desde las instancias de planificación, hasta las administrativas y de control. Debe tenerse en cuenta que la ciudad, como un todo, se encuentra ubicada en una franja de alto riesgo sísmico. Han sucedido desastres en Armenia y Popayán, y es bueno que Cali actúe con la mayor prevención al respecto.

El caso más complicado e inmediato es el del jarillón del río Cauca. El Municipio dio permisos en el pasado para los asentamientos. Los pobladores no pueden considerarse hoy como “invasores” con todos los procedimientos de legalización por los que han pasado. Sin embargo, el lugar en que se encuentran representa un alto riesgo no solo para ellos, sino también  para una proporción de población muy importante del Distrito de Aguablanca, por una posible falla en el jarillón. Se dice que ya se cuentan con los recursos y el proyecto para una reubicación de los pobladores del jarillón, pero no está nada claro si se cuenta también con su beneplácito, respecto de lo que se refiere al lugar de traslado y sus nuevas condiciones  socioambientales.

Por otro lado, tenemos la situación creada con el basurero de Navarro y la propuesta para hacer allí una “ecociudad”. Parece no tenerse en cuenta que hay por lo menos dos problemas que se deben resolver para que en ese lugar se haga un proyecto urbano: por un lado, controlar la emisión de gases que afectan el aire en un radio de territorio relativamente grande alrededor del basurero; por otro lado, el vertimiento de lixiviados que llegan al subsuelo, muy cerca del río Cauca, que es una fuente del acueducto de la ciudad.

Finalmente, tenemos esa otra ciudad que en parte vemos difícilmente agarrada de la montaña, pero que en buena medida no la podemos observar desde la parte plana y que se extiende hacia el oeste. Allí las condiciones del suelo, las condiciones de las viviendas, los riesgos por derrumbe plantean un conjunto de problemas ambientales que es importante comenzar a abordar. ¿Qué puede plantear un POT para este tipo de barrios, que se iniciaron como invasiones, pero que también tienen un importante grado de formalización en nuestros días?

Es deseable que el tema medioambiental se constituya en un eje importante de las preocupaciones del POT que se está discutiendo para Cali. La ciudad no va a cambiar de sitio, pero sí se puede ordenar su territorio de manera que el riesgo ambiental se logre mitigar.

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