Salvavidas para el MIO

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Por: Luis Felipe Barrera Narvaez

Politólogo con estudios en filosofía política. Analista político. Caleño constructor y promotor de paz.

Twitter: @luisfebarrera

Después de subirse al MIO y vivir en carne propia la crisis del sistema de transporte público en la ciudad, el Alcalde de Cali decidió tomar cartas en el asunto. El gobierno municipal presentó un proyecto de acuerdo al Concejo a través del cual propone un plan de choque financiero para rescatar al MIO. Se trata de una importante inyección de recursos que busca generar un subsidio que gestione la demanda y mejore la calidad del servicio que presta actualmente el masivo.

El subsidio programado es de 340 pesos por pasajero el cual irá destinado a un fondo especial y no directamente a manos de los operadores. El subsidio constituye un incentivo virtuoso para que los operadores aumenten los kilómetros recorridos, pasando de los 155 mil actuales a 197 mil diarios, lo que se reflejará en el aumento de la flota de buses disponibles para los usuarios y mejorará la frecuencia. Sumado a esto, Metrocali trazará nuevas rutas para suplir la demanda del servicio, particularmente en aquellos trayectos cubiertos por el transporte informal y en los que el sistema no se ha consolidado por la ausencia de buses azules.

El resultado global de esta propuesta es estimular que más ciudadanos se monten al MIO y así poder recuperar gradualmente la sostenibilidad del sistema. La medida transitoria se implementará por seis meses y tras esta reactivación, Metrocali podrá definir un modelo de sostenibilidad a largo plazo que garantice la prestación del servicio con calidad para todos los usuarios.

Muchos mitos se han difundido contra la iniciativa. Que el Concejo no tiene competencia para definir el subsidio; que la medida conllevaría al detrimento patrimonial; que ese tipo de subsidios son ilegales o que no existe sustento suficiente para soportar el proyecto… Como sucede con el proceso de paz y otras grandes decisiones políticas, los rumores y prejuicios saltan a la arena pública cuando impera el desconocimiento, el apocamiento moral y la estrechez de miras para encontrar salidas audaces a los problemas complejos, que exigen creatividad, valor y resolución por los agentes tomadores de decisiones.

La propuesta del subsidio al MIO se sustenta desde lo científico, lo jurídico y lo político. En lo científico, porque la iniciativa parte de las realidades observadas, medibles y analizadas sobre el funcionamiento del sistema, concebido como un todo y no aisladamente. Toma en cuenta las encuestas de movilidad, la ingeniería financiera y los referentes de política pública de otros países que aplican la medida exitosamente, asumiendo el aporte del Estado a la financiación del transporte público, como inversión social y no como un pecado mortal.

En lo jurídico la iniciativa es totalmente viable. El artículo 365 de la Constitución consagra el deber del Estado de asegurar la prestación eficiente de los servicios públicos a todos los habitantes. La ley 105 de 1993 en sus artículos 2 y 3 define el transporte como un servicio esencial que se debe garantizar bajo la responsabilidad y tutela el Estado, categóricamente expresa la competencia que tienen los concejos municipales en la gestión para el cumplimiento de los objetivos del sistema integrado. Y como si esto fuera poco, el Plan Nacional de Desarrollo (ley 1753 del 2015) autoriza claramente los subsidios a la demanda.

En lo político la medida es saludable porque la situación crítica de movilidad en la capital del Valle es una prioridad entre la opinión pública, y la recuperación del MIO impacta positivamente en la economía, el bienestar, la cultura ciudadana, el medio ambiente, el desarrollo urbanístico y el amor colectivo por nuestra ciudad.

El MIO le cambió la cara a Cali, pero para nadie es un secreto que el estado del sistema integrado de transporte se encuentra en franco deterioro. De no cortar la enfermedad de una vez, la degradación podría llevar al colapso total del sistema y terminar de anarquizar la movilidad en la ciudad. Es necesaria una dosis de sabiduría política para superar esta problemática.

El auténtico liderazgo político no espera que los problemas de la ciudad superen las capacidades institucionales para atenderlos, sino que actúa con pericia y carácter para cortar la enfermedad de raíz evitando que crezca a niveles incurables. Como diría el genio político maquiaveliano, es preferible actuar con contundencia y no optar por “gozar del beneficio del tiempo que está en boca de los sabios de nuestra época”. Porque el tiempo es una fuerza ciega que puede traer tanto el bien como el mal. Entre más horas se suspenda la decisión de aprobar el subsidio, menos tiempo le queda de vida al MIO.

Cali está a punto de convertirse en un hito nacional de gestión del transporte público. El pensamiento y las respuestas políticas están estancadas en el país ante el desafío de buscar alternativas que saquen a flote los sistemas integrados de transporte. Las expectativas del gobierno nacional y de otras ciudades están fijadas sobre esta decisión. Llego la hora de que Cali aporte soluciones y no que las copie como un estudiante mediocre.

Armitage palpó el drama que padecemos los caleños que nos movilizamos a diario a nuestros lugares de trabajo o de estudio en los buses azules. El alcalde decidió transportarse, como hacen más de 400 mil caleños en los reventados vagones del masivo. En sus trayectos, reconoció en el rostro de cada pasajero con que se topó, el malestar ciudadano debido a las malas frecuencias, el tiempo de espera, el déficit de rutas y el deterioro de la infraestructura de las estaciones.

El Concejo no puede quedarse al margen de esta decisión histórica y mucho menos ser su verdugo. Por su aporte a la construcción de una gobernanza local fuerte y ejemplar, debe respaldar este último salvavidas que le queda al MIO.

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