Santander de Quilichao: conflicto, medios y periodistas

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Guido Hurtado - nueva fotoPor Guido Germán Hurtado Vera
Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, Cier.
Facultad de Humanidades, Universidad Autónoma de Occidente

Santander de Quilichao es un municipio ubicado al norte del departamento del Cauca. Con cerca de 81.000 habitantes, es una ciudad comercial, agrícola y ganadera. Por su posición geográfica es un cruce de caminos, el paso obligado entre el sur y el norte de Colombia. Habitan y conviven afrodescendientes, indígenas y mulatos, gente de todos los colores, un espacio multicultural. Un municipio con demasiada historia en la construcción de la nación colombiana.

 Al mismo tiempo, es un territorio que no escapa a los problemas sociales ni a esta guerra inútil que durante décadas ha vivido Colombia. Las cifras muestran un crecimiento económico para las empresas creadas tras la Ley Páez, ubicadas en los parques industriales. No obstante, en salud, educación y satisfacción de necesidades básicas insatisfechas, los problemas están a la orden del día y afectan a una gran mayoría de ciudadanos. La contribución al municipio –y a los municipios del norte del Cauca– por parte de las empresas de Ley Páez en materia fiscal es exigua, por no decir casi nula. Hay una fuerte disminución del desempleo formal y un rápido aumento del desempleo informal. Una administración local sin rumbo, sin norte, sin claro conocimiento de políticas públicas y con muchas dudas en materia de administración de lo público. Partidos políticos constituidos solo como empresas electorales que ganan alcaldías y luego reparten el botín, y políticos que fungen como vendedores de ilusiones. Una fuerte minería ilegal y con ella, sus consecuencias para el medioambiente y el surgimiento de mafias asociadas. Con permanentes ataques de las Farc sobre la población civil. Y con un tráfico de estupefacientes y presencia de bandas criminales. Una precaria situación que no se puede desconocer.

Por lo demás, en Colombia circulan una serie de representaciones sobre la violencia que en gran medida han sido estructuradas a través del tratamiento que dan a los hechos noticiosos los medios de comunicación. De manera oculta o abierta, se divulgan una serie de noticias e imágenes que sesgan la opinión pública e impiden un tratamiento más profundo y miradas diversas sobre un problema. Del mismo modo, banalizan información importante o espectacularizan hechos banales, como lo expresaría el sociólogo francés Pierre Bourdieu.

 Por esta razón, el ciudadano promedio no tiene una apreciación completa de los múltiples conflictos que se dan en nuestro país y se convierte en una de las posibles causas que ha dificultado el encuentro y la participación activa de la ciudadanía en el aporte de ideas o soluciones a estos.

 Santander de Quilichao no se escapa a esta situación. El problema radica que algunos de los noticieros nacionales y regionales, sus noticias y los formadores de opinión representan a este municipio como un cuerpo enfermo y canceroso en el que nada funciona bien. Por ejemplo, las recientes declaraciones del General, Humberto Guatibonza, Director de la Dirección Antisecuestro y Extorsión de la Policía, sobre la situación de un ciudadano español supuestamente secuestrado en este municipio, “ningún extranjero viene al país y menos aún a pasar vacaciones en Santander de Quilichao”, expresó el general a los medios de comunicación. Como si a este municipio no se pudiera ir de vacaciones y solo se fuese a delinquir.

 Apreciaciones como las anteriores han llevado a muchos analistas de opinión a escribir columnas en las que analizan racionalmente la situación y donde enérgicamente piden resultados a los gobernantes de turno. Pero también se observan otras descripciones catastróficas de lo que está sucediendo o podría suceder. Estos últimos ayudan, consciente o inconscientemente, a reforzar la histeria colectiva, tras los ataques de algunos de los actores armados y frente a lo cual se percibe la impotencia del Estado para afrontarlos.

  los medios de comunicación y a algunos analistas de opinión les falta una mirada prospectiva. En una situación como la que vive Colombia, y en particular esta zona, se necesitaban lecturas de la realidad que puedan ser cotejadas con las evidencias estadísticas o con los estudios o investigaciones realizadas por estudiosos o investigadores. De esta forma estarán en capacidad de tener una multidimensional de los problemas y reconocer sus futuros escenarios. A partir del reconocimiento de estos errores periodísticos se puede avanzar hacia la revisión y reestructuración de la forma como los medios de comunicación presentan asuntos y hechos relacionados con el conflicto colombiano.

 Lo que se advierte en algunos medios de comunicación y en los comunicadores sobre al conflicto que azota a Santander de Quilichao y al norte del Cauca  es el desconocimiento total de la función que se les planteó: ser los defensores de la democracia. Lejos de representar ese poder, los medios colombianos decidieron jugar el papel más conveniente, ser acríticos y, por ese camino, convertirse en empleados de fuentes oficiales e intereses empresariales.

 Para entender las causas y consecuencias de esta violencia que nos aqueja, se requieren medios de comunicación y periodistas capaces de aproximar los intereses económicos o políticos de sus empresas al interés general. Quizás como empresas, afirmen el éxito económico; pero si no lo hacen, derrocharán un principio de la sublime prensa: la credibilidad. De ahí la necesidad que el periodismo asuma su verdadera función social: aportar a la construcción de un periodismo cívico, que impulse los valores democráticos y aporte en la construcción de ciudadanos pensantes y reflexivos.

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