¿Se aproxima la firma con las FARC-EP?

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Floro Hermes Gómez Pineda

Twitter: @Florohermes

A veintisiete meses (dos años y tres meses) de haber iniciado los diálogos de paz en La Habana con las FARC-EP, se atisba en el horizonte la firma de un acuerdo con las FARC-EP, luego de dos hechos: uno, un cese unilateral anunciado, proclamado y cumplido por los insurgentes. Dos, la instrucción del señor Presidente de la República a los negociadores para procurar acuerdos que busquen terminar la confrontación armada.

Ocurren estos dos hechos cuando aun no se han acordado dos puntos de la agenda de negociación: el reconocimiento y la atención a las víctimas, por una parte. Por la otra, las características del final del conflicto. A la fecha se ha llegado a acuerdos en tres puntos: la política agraria, la participación política y la cuestión de las drogas ilícitas.

Con base en estas consideraciones se podría aventurar un escenario: necesitado el señor Presidente Santos de hechos políticos que mostrar en un año afectado en las expectativas de crecimiento económico (gracias a la caída en los precios del petróleo, el encarecimiento del dólar que amenaza la meta de inflación y una urgencia de crecer los niveles de endeudamiento para tapar el hueco fiscal) y teniendo las FARC-EP la oportunidad de ingresar a la arena política aprovechando las elecciones regionales y locales de octubre próximo siguiente, firmar un acuerdo de paz es una oportunidad política muy grande para las partes.

Es una oportunidad grande del Gobierno nacional, para fijar la atención en el hecho grandioso de una paz negociada, que desviará la mirada de las sombras que por cuenta del petróleo nos oscurecerá el panorama económico, sin que podamos hacer nada. Es una coyuntura sin igual de las FARC-EP, para cambiar la forma de combatir: las balas por los votos, los atentados por las manifestaciones políticas, que desviará la atención de la lucha por recuperar las extremas mayorías del uribismo.

En conclusión: ambas partes tienen hoy el mismo objetivo, por necesidad; es decir, han llegado a un objeto común que las ha conducido a reducir las tensiones, que las ha abocado a una confluencia de intereses, percepciones y necesidades y están reconstruyendo en común una relación rota a lo largo de sesenta años: lo que llama el profesor Vinyamata “desescalamiento del conflicto”, que no es otra cosa que alcanzar algo parecido a lo que denominamos corrientemente interés común, sin que sea precisamente eso, pues la unanimidad no es posible.

Por lo tanto, habiéndose llegado a una desescalada, la cual presupone intereses en común e incremento de la interacción entre el Gobierno y las FARC-EP, firmar un acuerdo de paz es un escenario que parece racional, el cual permitirá marchar hacia la consecución posterior de la paz: el trabajo hacia la cooperación y la búsqueda de la equidad entre (quienes serán para esa época) exguerrilleros transformados en políticos y un Gobierno nacional, que no podrá ignorar a la extrema derecha organizada aglutinada en torno a Uribe Vélez para defender la concentración de la tierra.

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