Seguridad alimentaria desde el Valle del Cauca

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Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacífico Colombiana, CIER Universidad Autónoma de Occidente
Miembro del Centro Interdisciplinario de la Región Pacífico Colombiana, CIER
Universidad Autónoma de Occidente

Cuando se hace referencia al Valle del Cauca, regularmente se olvida que este departamento no solo es plano sino que además posee vertientes montañosas y una planicie sobre las costas del océano Pacífico. Por tanto, se tiene un departamento diverso en paisajes, culturas y recursos.

 Lo que no se logra comprender es cómo en esta región con suelos altamente productivos se logró imponer, durante todo el siglo XX y hasta el presente, un modelo agrícola monopolizado por la producción de caña de azúcar. Según datos del Anuario Estadístico[1], en 2009 se sembraron 201.098,5 hectáreas de caña, de 312.714 hectáreas que tiene el área plana del valle geográfico, es decir, el 64 % de la tierra monopolizada.

 No es coherente que existiendo una Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, encargada del bienestar socioambiental de toda la región desde mediados del siglo XX, se haya permitido la expansión exagerada de este monocultivo desde Santander de Quilichao hasta algo más allá de Cartago, al norte del Valle.

 Pareciera que contrariamente, la CVC logró incidir en este repunte del desarrollo sectorial cañero que se pretende mostrar como desarrollo regional, con todos los efectos sociales, ambientales y de inequidad que tuvo la ampliación de la frontera de la caña de azúcar en la región. En el Valle del Cauca, por ejemplo, los cultivos que aportaban a la seguridad alimentaria se desplazaron hacia las zonas de ladera, pero su reducción se vio afectada por las políticas neoliberales de apertura económica e ingreso de alimentos industriales a través de híper y supermercados a los hogares.

 Los problemas del campo colombiano en la actualidad evidencian el descuido de los gobiernos. Datos demuestran que durante los primeros años (1990 al 2000) de la apertura económica, en el Valle se presentó una disminución del 14 % en hectáreas sembradas y cosechadas[2].

 Los suelos del valle geográfico del río Cauca son aptos para la producción de variados cultivos, productos agrícolas y agropecuarios. Con un uso apropiado y diferente que se puede hacer de estas tierras, este departamento debería ser un gran abastecedor de alimentos para todo el territorio nacional. Un territorio que puede garantizar la seguridad alimentaria nacional.

 Un proyecto de tal envergadura implica, necesariamente, un modelo de distribución de tierras que aboque a una justicia social y a la equidad territorial. Implica el retorno de los campesinos a la tierra agrícola de la zona plana del Valle, dedicados a la producción de comida. Otrora, los cronistas de marras, como Cieza de León y el propio Bonilla Aragón describían la inmensa despensa frutícola que fue desapareciendo ante el avasallador paso de una agro industria ambientalmente insostenible. Una redistribución de la tierra, más el retorno del campesino a la amplia zona plana, no solo tendrá efectos positivos para ajustar economías campesinas y para la seguridad alimentaria del país, sino que también implicaría una nueva relación con las condiciones ambientales de toda esta región. Una forma diferente de uso del suelo acorde a sus potencialidades y posibilidades ambientales.

 El hecho de esta propuesta es que confronta los intereses privados de la elite política y económica que han impuesto sus intereses particulares sobre los derechos colectivos de los pueblos.

 Es la sociedad civil, la academia y sus grupos de investigación quienes deben poner en juicio y confrontar desde ya y con argumentos científicos y sociales las implicaciones negativas para la sociedad y el medioambiente de este modelo monopolizador de las ricas tierras del valle geográfico del río Cauca.

 Pensar una Colombia en posconflicto involucra esos otros actores que de una u otra forma han aportado a atizar la violencia física y simbólica, los destierros y la inequidad en la distribución de la tierra. Esos otros actores que usaron otras armas más sutiles pero no menos letales como las armas del capitalismo extractivista que desgarra pueblos, territorios, recursos y el medioambiente. Recuperar y reparar el territorio, hoy en proceso de desertización, es tarea urgente y necesaria para lograr la paz.

 Esta cuestión no es solo del valle del Cauca, es del Estado colombiano, de sus gobiernos y de la nación, decisión política que en escenarios de posconflicto deben incluirse como parte de solución de la inequidad y la desigualdad socioeconómica regional. Y frente a ello, la universidad no puede seguir callada frente a esta realidad y develar estas inequidades socio-territoriales.



[1] Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, et al. Plan Frutícula Nacional. Valle del Cauca tierra de frutas. Gobernación del Valle del Cauca, Cali, noviembre de 2006.

[2] Plan para el Desarrollo de la seguridad alimentaria 2008-2011. Gobernación del Valle.

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