“Si hay impunidad, yo mismo llevaría el caso a la Corte Penal Internacional”: Sigifredo López

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Un día después de recibir petición de perdón de parte del Fiscal General de la Nación y de decirle al director de la Dijín que sus disculpas sonaron a justificación, Sigifredo López me recibió en el apartamento de su hijo en Bogotá.

Claudia Palacios entrevistó esta semana al ex diputado del Valle, Sigifredo López, a propósito de las disculpas públicas que le ofreció el Fiscal General de la Nación

Rodeado de toda su familia, el único sobreviviente del secuestro a los diputados del Valle del Cauca, su supuesto verdugo, no necesita hablar mucho aunque lo hace. Las secuelas que le dejó el secuestro son evidentes, pero la que él prefiere destacar es la del compromiso con las víctimas.

Claudia Palacios: ¿Se siente desagraviado?

Sigifredo López: Sí, en la familia hemos recibido este acto como un bálsamo. El daño moral fue inmenso, es irreparable. Mi mamá había sufrido dos infartos y era el riesgo de que me la matara RCN con la publicación permanente de las famosas pruebas reina. Patricia estuvo muy golpeada. A mí me dio un preinfarto y yo le pedí a Dios que me diera la oportunidad de superar esto para que mis hijos no pasaran a la historia como los hijos del peor criminal del país. Me exhibieron como un trofeo de guerra. Me humillaron. Algunos medios como RCN terminaron la faena cuando el Fiscal General de la Nación pide disculpas en nombre del Estado, con base en la Convención Interamericana de Derechos Humanos, pero también con base en el Artículo 2 de la Constitución, que habla del respeto a la dignidad de los ciudadanos como principio de la organización social. El Fiscal es un gran jurista, un gran ser humano.

Claudia Palacios: Usted ha sido el único caso al que la Fiscalía le ha pedido perdón en este país. ¿Es la única equivocación o es porque es el más visible?

Sigifredo López: Sin duda porque soy el más visible; son muchos los inocentes que están en las cárceles. Aspiramos a que no se repitan tantos errores, por eso nació la Fundación Defensa de Inocentes. Hemos recibido más de 70 denuncias. Por ejemplo, hay una niña estudiante de Trabajo Social de la Universidad del Valle en la sede de Santander de Quilichao que cuando tenía 14 años en una actividad cultural del colegio las Farc le tomó una foto, y por esa foto la están acusando de rebelión, terrorismo y concierto para delinquir. Es muy grave.  A esta niña la están incriminando por ser negra; no encuentro otra explicación. Menciono otro caso: el exalcalde de Villavicencio Germán Chaparro, absuelto en primera instancia y condenado en segunda instancia por un homicidio. ¡Y resulta que la única prueba es un señor que ejerció como testigo en 25 casos más en los que su testimonio fue desestimado por mentiroso! Un desmovilizado de los paramilitares con el agravante de que ese mismo testigo confesó que había incriminado a Chaparro porque le habían pagado 2 millones de pesos.

Claudia Palacios: ¿Quiénes están detrás de esos carruseles de testigos?

Sigifredo López: Funcionan de manera aislada y se han valido de desmovilizados condenados a 30 o 40 años para quienes mentir es un tema menor. Mucho más si a cambio de mentir les ofrecen dinero o que les van a rebajar penas. El error está en que copiamos el sistema acusatorio gringo, pero no tuvimos en cuenta esa situación.

C. P.: ¿Cuál es la solución?

S. L.: Hacer una verdadera valoración de la prueba, porque la gente miente por emociones o por intereses. Pero cuando la justicia ha sido golpeada por factores tan poderosos como esos en los que tenemos mil casos, eso es un atropello. Hay que hacer un trabajo muy grande para precisar este fenómeno, y eso es lo que queremos trabajar en la Fundación, pero es un trabajo de investigación muy grande.

C. P.: ¿Cuántas personas trabajan en la Fundación?

S. L.: Tenemos tres abogados y tres periodistas, que trabajan en un voluntariado. Los abogados cobran mucho menos de lo que realmente valen sus honorarios. Les estamos pidiendo que no les cobren a los que realmente no pueden pagar

C. P.: ¿Usted es el Director de la Fundación?

S. L.: Soy el Presidente.

C. P.: ¿Y usted se va a dedicar a eso? ¿O cómo ve su futuro en el corto plazo?

S. L.: Yo tengo la doble condición de víctima y tengo la obligación de hacer lo que pueda para que a ninguna otra persona le pase lo que me pasó a mí. Mire lo que está pasando con las mamás de las personas que se llevaron y nadie les dice nada. Yo voy a trabajar por los derechos de las víctimas para que se les garantice la verdad, la reparación, la justicia y que se les de garantía de no repetición. Nos vamos a ir a Cuba y les vamos a exigir a las Farc que digan la verdad, que si ya lo asesinaron, pues que digan cuándo.

C. P.: ¿Cómo subsiste, de dónde sale el dinero?

S. L.: Mi mujer trabaja en la Defensoría del Pueblo, mi mamá tiene ahorros de toda la vida, yo también ahorré en 25 años de trabajo, ¡nos estamos comiendo el patrimonio de la familia! Pero confío en que podamos salir adelante.

C. P.: Pero, entonces, la plata de la demanda no caería nada mal…


C. P.:
¿Usted qué siente cuando ve a los líderes de las Farc hablando con el Gobierno?S. L.: Ese es un tema que no he resuelto. Hay prioridades, por ejemplo, el compromiso con las víctimas. Yo el domingo lloraba con esas mamás en la Plaza de Bolívar, para mí esas son prioridades; para lo otros tengo dos años, pero sí quiero adelantar que yo quisiera no demandar y terminar ya este capítulo, pero es mandar un mensaje de impunidad. ¡No puede ser que a la gente le atropellen sus derechos y que no pase nada! Entonces, probablemente demande, y si lo hago esos recursos irán a la Fundación Defensa de Inocentes.

S. L.: Yo he perdonado, yo no tengo en mi corazón odio ni rencor. Yo entiendo que la paz tiene un costo. Si los tengo que ver en el Senado, pues no me va a gustar pero lo entiendo como el costo que hay que asumir. Nosotros ya pagamos un  precio muy alto, por eso considero que un proceso de paz tiene que tener en cuenta las víctimas. Un proceso de paz que no tenga en cuenta a las víctimas es ilegítimo.

C. P.: ¿Ese viaje que van a hacer a Cuba está organizado con quién?

S. L.: Surgió espontáneamente. Nadie nos ha invitado, pero estamos en todo el derecho.

C. P.: ¿Las víctimas están dispuestas a perdonar a cambio de qué?

S. L.: De verdad. Ese es el primer paso. Luego viene el perdón, luego ya viene la justicia. Una nueva sociedad no puede construirse sobre la mentira, pero tampoco sobre la impunidad. Tiene que haber algo de justicia. Seguramente la justicia transicional tendrá penas menores; por ejemplo, el crimen de guerra que cometieron con mis compañeros de la Asamblea del Valle, ese crimen de guerra tienen que pagarlo. Si hay impunidad, yo mismo llevaría el caso a la Corte Penal Internacional.

C. P.: ¿Cuántos años en la cárcel deberían pagar quienes mataron a sus compañeros?

S. L.: No, yo no me atrevo a hablar de eso, pero alguien tiene que pedir perdón a esos hijos y viudas de mis compañeros.

C. P.: ¿Los que están en la mesa de negociación usted los considera responsables de lo que les pasó a sus compañeros?

S. L.: Ellos forman parte de una estructura y ellos dieron la orden. Pero hay unos ejecutores de eso: alias El Grillo, que fue el que dio la orden. Lo único que pido es que haya verdad y algo de justicia, también garantías de no repetición. Las víctimas tienen que ser reparadas. Cuando un hijo ha perdido a su papá en la guerra no puede ir a la universidad, entonces, todo el proyecto familiar se destruye. Entonces, es legítimo que las víctimas sean escuchadas, pero esta sociedad rinde culto a los victimarios. Salen como las vedettes, como los modelos a seguir, ¿y qué pasa con los hijos de la gente decente? Todas esas son discusiones que tenemos que dar.

C. P.: ¿En qué queda su carrera política?

S. L.: Ante todo, siento una gratitud enorme con Dios, que me ha sacado de dos infiernos. ¿Qué pasará? Que sea lo que Dios quiera; por ahora estoy muy comprometido con el tema de la Fundación Defensa de Inocentes. Mi familia está muy lastimada por el tema de la política. A mí me gusta estar en el Senado, ser alcalde de Cali o gobernador del Valle, para eso me he preparado, pero hoy en día la política es algo así como nadar en una piscina con tiburones y con pirañas. Estoy muy lastimado.

C. P.: ¿Usted tiene secuelas en el sentido de miedos, fobias…?

S. L.: Lo que ocurre es que si hay algo lamentable en la vida, es que un ser humano viva con miedo. Miedo sentimos todos, pero no hay que arredrarse, hay que seguir adelante. Cada vez que tengo dudas me encomiendo a Dios y le pido que me fortalezca.

C. P.: ¿Pero tiene episodios de pánico?

S. L.: Yo duermo poco, tengo tantas cosas que hacer que mi mente siempre está ocupada y no tengo tiempo de sentir miedo, y cuando lo siento, oro.

C. P.: ¿Qué lo pone triste?

S. L.: Tanta injusticia.

C. P.: De sus recuerdos….

S. L.: Por ejemplo, el domingo lloré con las madres de los ausentes; me tocó mucho. Yo me imaginaba a mi mamá, a mi mujer y a mis hijos llevando un cartel de plaza en plaza pidiendo mi libertad. Eso duele mucho.

C. P.: Usted ve a sus hijos ya grandes, ¿ha podido recuperar el tiempo con ellos?

S. L.: ¡Nooo!, eso es irrecuperable, esa es la vida que se fue. Yo perdí a mi papá cuando tenía un año, y el sueño que tenía en la vida fue ser un buen papá y no pude ver crecer a mis hijos. Y ese ensamble lo hemos logrado, pero no ha sido fácil. Por ejemplo, cuando yo llegué, ellos tenían un sentido de la autoridad distinto al que yo tengo; unos adolescentes con una visión distinta de la vida. Eso no era fácil. Llorábamos discutiendo el tema de la autoridad.

C. P.: ¿Y con Patricia?

S. L.: Eso es muy complicado. A mí la película se me había suspendido, pero a ella no.  Había que volver a encajarse, había que volver a conquistarla. La vida pasa…

C. P.: ¿Y cómo hizo para volver a enamorarla?

S. L.: Pues, ¿cómo se conquista una mujer? Yo aprendí muy temprano que hay dos claves: hay que tener sentido del humor y escucharlas y darles atención.

C. P.: ¿Ya hizo esa tarea?

S. L.: Lo berraco es que eso es todos los días. Lo hemos logrado. Es una mujer que me esperó. Eso es muy valioso.

C. P.: ¿Cómo ve al Valle del Cauca y a Cali?

S. L.: Yo estoy yendo a muchas ciudades, y por ejemplo en Medellín siento una envidia de la buena. Medellín ha sido una ciudad que ha estado bien administrada, con un gran sentido de pertenencia; y Cali, en cambio, tiene un rezago de 20 años con respecto a Medellín. Acabaron con las Empresas Municipales, los gobernantes han pensado en todo menos en su obligación de dejarles a los ciudadanos una mejor ciudad. Y en el Valle es igual.

C. P.: ¿Y qué llamado les hace a los electores?

S. L.: El Valle del Cauca tiene un problema y es que históricamente fue manejado por un sector vinculado al latifundismo. Hay un empresariado que invierte poco en la generación de empleo, que es indiferente al tema político. Eso se refleja en las relaciones de poder. En Cali hubo resentimientos de los excluidos, y muchos de ellos conformaron microempresas electorales, se hicieron elegir y no lo hicieron bien y tuvieron unos niveles muy altos de corrupción. Todo eso ha hecho que en Cali y en el Valle casi nadie crea en nadie. Acabaron con la ciudad y acabaron con el departamento.

El ciudadano siente que los políticos le han hecho daño y hay un gran resentimiento con la clase política del Valle, y esa es una reflexión que hay que hacer para poder reconstruir lo que queda. El Valle tiene todo para ser la capital del Pacífico latinoamericano, para ser un motor de la economía nacional, pero no hay compromiso; hay esfuerzos, hay empresarios que están haciendo cosas valiosas. Creo que ya tocamos fondo y hay el deseo de renacer, pero estamos pasando apenas estas épocas oscuras de 20 años.

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