Sí, pero…

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

En tiempos en que se es de un lado o de otro es difícil atenuar una decisión. Debemos elegir entre el sí o el no, dejando de lado cualquier atenuante. No a color, sí al matiz, escribió en alguna parte Verlaine.  Bueno, la verdad es que es una decisión pragmática la del gobierno. Dejar abiertas las puertas a un gris podría ser la plataforma para que se mancille lo que en 4 años se pactó. El problema es que por más que tratemos de apartarla esta es la paz de Santos y se le reconoce a Santos; será el presidente que pasará a la historia por haber persistido en el propósito del diálogo como fin a la confrontación, así dirá la historia oficial, muy a pesar de que el presidente de la Reforma Rural Integral, como pomposamente señala  el primer acuerdo, es el mismo que lidera las Zidres, el mismo que ha dejado que se lacere la biodiversidad en interés de unas utilidades que una inmensa proporción del país conoce por el eufemismo con que en las noticias se refieren: la mermelada.

Es difícil apoyar a sabiendas de esto. Pero sí, sí porque la parte del país que ha vivido en medio de las balas merece volver a escuchar el susurro del viento. Sí, porque como lo dijo Jaramillo, el hecho de que no muera una persona a causa de la guerra es una inmensa victoria. Sí, porque las víctimas no pueden seguir en aumento.

Pero hay que dejar las cosas claras. Se acaba de difundir la pregunta que en unos días nos reunirá en las urnas: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Sí, ¡sí! pero hay que mesurar el entusiasmo. Se está haciendo lo posible porque lo acordado sea una paz de Estado y no de un gobierno; y sin embargo, van más de un millón de firmas en contra del acto legislativo para la paz aprobado por el Congreso.

Esas voces que se niegan no se pueden desestimar. Debemos pensar en qué es lo que hace que tantas personas simpaticen con lo que propone la contraparte. Más allá de los engaños, hay un resentimiento. Son más de 50 años de odios heredados, de desidia, de inoperancia. Esa misma clase dirigente, vea usted la ironía, es la que hoy sella la paz.

Es por eso que es tan difícil dejarse llevar por el entusiasmo que la élite nos quiere contagiar. Hasta los mismos noticieros que ayer celebraban las muertes de líderes guerrilleros, y que nunca se tomaron la delicadeza de explicar en amplia perspectiva los matices del conflicto, hoy están montados en el bus. Y hablan de reconciliación y de la eventual participación de los guerrilleros en política y cuando se asoman imágenes de sus campamentos el sonido de película de terror ya se fue.  Y creen que no sabemos que son más gobiernistas que el mismo gobierno. Ay, basta ver Cuerpos frágiles, el pertinente documental de Óscar Campo, para entender lo que apenas refiero.

Pero qué le vamos a hacer, se hace necesario discriminar entre la bondad de una propuesta y la bondad de quien la propone. Sí, por toda esa gente que ha sufrido en tanto tiempo; sí y sí y sí y sí, muy a pesar de las reservas del ruidoso Vargas Lleras, el único funcionario que tiene el temple de contradecir al gobierno estando en el gobierno.

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