¡Sí a la tutela!

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pablo uribe

Por Pablo Uribe
Twitter: @pablouribe90

Cuando yo era tan solo un estudiante de derecho en las aulas de la Universidad del Rosario, pensaba –en parte influenciado por mis profesores – que la Acción de Tutela era una de las peores cosas que le había pasado a nuestro sistema judicial. Aterrorizado por el tipo de decisiones que la Corte Constitucional tomaba, asustado por la descarada intervención de un órgano judicial en las otras ramas del poder público, temeroso por la inestabilidad jurídica que generaba la artillería de sentencias de la Corte Constitucional, sentía que nuestro ordenamiento jurídico se estaba sumiendo en un mar de caos que podría llevarse por delante nuestra democracia.

Pero así como uno madura en muchos aspectos, también madura en sus posiciones políticas. Es cuando uno realmente se enfrenta al “mundo real” que de verdad se comienza a formar un criterio político decente. Y efectivamente, cuando salí al mundo real, a desafiar a esa máquina gigante e inclemente que es nuestro sistema judicial, fue que me di cuenta que nuestra justicia no estaba siendo destruida por la tutela, antes al revés ¡nuestro sistema judicial estaba siendo rescatado por la tutela!

No me siguen gustando muchos fallos de la Corte Constitucional, sigo pensando que la inestabilidad jurídica se está creciendo cada día que pasa y efectivamente muchas decisiones de la Corte están provocando caos en nuestro país. Pero el problema no es la tutela, el problema es la colcha de retazos que es nuestra Constitución, el problema es esa manía latinoamericana de tratar de asegurar un programa político insertando artículos, a la brava, en la norma de normas.

Pero la tutela, estimados lectores, no es nada menos que la única esperanza de justicia que hoy tienen millones de colombianos: tan solo en Cali se radican 123 tutelas diarias, en Colombia la tutela representa el 25% de la demanda de la justicia, es decir, por cada cuatro demandas una es una tutela y esa es una cifra gigante. En otras palabras: la tutela se está vendiendo como pan caliente.

Mucha gente, especialmente los abogados, ven con malos ojos la tutela, por la informalidad que está revestida, por la facilidad con la que se puede radicar y resolver y, sobre todo, porque no se necesitan intermediarios para utilizarla.

Pero es precisamente esa informalidad, esa facilidad, esa eficiencia y esa falta de costos lo que hacen de la tutela el mecanismo que está salvando la justicia. Hay tres características que han hecho de la tutela el fenómeno popular que actualmente es: Su rapidez, su eficiencia y el hecho de que la puede utilizar cualquier colombiano, por más humilde que sea.

La tutela es rápida, porque por más complicado que sea el caso, usted sabe que éste no va a tardar más de 4 meses –incluyendo notificaciones, práctica de pruebas y alegatos-, la ley le dice claramente a los jueces que tienen un límite de tiempo y éste ha de ser cumplido con disciplina casi religiosa. Así que ese cuentico de la dilación, a través de marrullas tinterillezcas, no va a poder ser usado por ningún abogado, por más mañoso que sea.

La tutela es eficiente, porque por definición es informal. Esto quiere decir que usted solo se tiene que preocupar por demostrar su caso y no por la autenticación, el sello, la tinta, el tamaño de las hojas, la manera en cómo está empacada la demanda, el número de copias, en fin. Los ciudadanos, cuando usan la tutela, no tienen que preocuparse por esa barrera infranqueable e insufrible de formalidades y requisitos que han hecho de nuestro sistema judicial un servicio público reservado para algunos cuantos privilegiados.

Por último la tutela es para el pueblo, para TODOS los colombianos. Por las mismas razones expuestas anteriormente, pero además, porque usted y solo usted, sin necesidad de abogados, puede utilizarla. He visto como personas humildes se sientan en la oficina de servicios judiciales a escribir su tutela con papel y lápiz, y como los funcionarios judiciales –claramente fastidiados por no poder utilizar su arsenal de formalismos- se ven obligados a recibir la demanda del ciudadano, garantizándosele así el acceso a la justicia.

La tutela es una auténtica revolución, esa acción judicial ha logrado lo que no han podido hacer todas las reformas judiciales en la historia de nuestra nación, la tutela ha logrado aterrizar el sistema judicial al ciudadano común y corriente, la tutela ha logrado que todos los colombianos tengamos justicia. Es por estas razones que hoy quiero pedir, con la mayor de las vehemencias, que protejamos la tutela de esas “regulaciones” que se le vienen encima, y no solo que la dejemos tal cual como está, sino que copiemos ese modelo y lo repliquemos en lo civil, lo administrativo y lo penal. Ese es el único camino en que vamos a lograr que todos los colombianos tengamos justicia.

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