SOS para el Parque Natural Los Farallones

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Por Elizabeth Gómez Etayo

Integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER

Universidad Autónoma de Occidente

 

Hace más de 20 años, el paseo al Pueblito Pance y sus alrededores; a las faldas del Parque Natural Los Farallones de Cali, era solo realizado por avezados jóvenes, en especial, universitarios, que osaban transitar por las rutas habituales de los actores del conflicto armado. Para el resto de los mortales, el paseo se limitaba a otros destinos menos riesgosos del río Pance. Veinte años después vemos como el llamado Pueblito Pance, el río Pance en su nacimiento y el propio Parque Natural Los Farallones, es frecuentado por una suerte de turistas, llamados ecoturistas, ahora que el ecoturismo se puso de moda, sin mayores criterios ambientales y mucho menos educación ambiental.

Bien por los habitantes del corregimiento de Pance, que encuentran en estos turistas una fuente significativa de ingresos, dado que el llamado ecoturismo ha dinamizado los negocios de comidas, hostales y diversas ventas. Pero muy mal por el Parque que no está en condiciones de recibir tal cantidad y calidad de turistas. En días feriados, la fila de carros recorre casi 7 kilómetros desde el Parque de la Salud hasta el Pueblo Pance, avanzando lentamente y conformando un embotellamiento sin tregua. En cada carro van por lo menos 4 ó 5 turistas, que consumirán productos, pero también espantarán las aves con el ruido de sus carros y equipos de sonido, contaminarán el río con latas de cerveza y gaseosa, cajetillas de cigarrillos, botellas de diversos licores, pañales desechables, cajas de comida, plásticos, envases vacíos y hasta toallas higiénicas y preservativos, entre otros restos humanos que se encuentran en una simple caminata por un pequeño tramo del río.

Esta imagen se convirtió, tristemente, en parte del paisaje a lo largo de la vereda llamada La Vorágine, pero era raro encontrarla en la parte alta de Pance y mucho menos en las estribaciones del Parque Natural Los Farallones, más triste es aún, encontrar allá arriba, a los pies de los Farallones donde el agua de Pance es helada, donde se encuentran el río Pance con el río Pato, residuos humanos que sin cortapisas van quedando a lo largo del afluente, sin asomo de ecoturismo, un turismo que no es ni cultural ni ambiental. El paseo al Parque Natural Los Farallones de Cali se está convirtiendo como cualquier paseo de olla con pelota de letras y es lamentable que así sea.

Una nueva cultura ambiental, derivada de una necesaria educación ambiental, será otros de los escenarios del posconflicto para el cual nos debemos preparar, puesto que muchas de las zonas rurales, antes restringidas, serán ahora lugares de encuentro y esparcimiento. ¿Dónde se educa un individuo para que incorpore desde pequeño que la basura que lleve a una zona de reserva debe traerla de regreso? Una nueva escuela desde el preescolar, deberá asumir estos nuevos contenidos. Porque de poco sirve, aunque tendrá que hacerse, poner comparendos ambientales, al estilo de la capital colombiana, retenes ambientales y hasta peajes ambientales, para tratar de paliar un poco, el daño ambiental que ya empezó a cernirse sobre los Farallones de Cali y que se agrava con la gran minería que, como ratón de alcantarilla, hurga por las montañas como si fuera un queso gruyere. Así pues, tanto los unos como los otros, desde los grandes mineros, hasta el más desubicado y erróneamente llamado ecoturista, están consumiendo uno de los pocos e insignes referentes ambientales del pueblo caleño. La situación tiende a empeorarse cuando la vocación de la tierra cambia, presionada por las fuerzas del mercado y empiezan a venderse con criterios urbanos, terrenos que antes eran solo destinados a la protección ambiental.

El Parque Natural Nacional Los Farallones de Cali, debe declararse en alerta, antes que sea demasiado tarde. Debe ser tratado con todos los rigores que una zona protegida demanda. No es suficiente con un puesto de información de tres funcionarios de la Unidad de Parques Naturales del Ministerio de Medio Ambiente ubicados casi al final de la carretera, cuando ya el daño ha avanzado desde la primera entrada al Parque de la Salud. Sería deseable que a lo largo de esta carretera hubiera puestos de información claramente identificados, que le fueran indicando al turista su entrada a una zona de protección y que por tanto, el radio de su carro debe ser apagado. El consumo de licor y cigarrillos está restringido, la basura no biodegradable que ingrese, debe traerla de regreso. Cosas tan básicas como indicarle que en el afluente no puede arrojar residuos desechables, tampoco dejarlos en las orillas del río. Tendría que hacerse esto y otras tantas cosas más, mientras que la nueva escuela incorpore en un pénsum un verdadero pensamiento ambiental.

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