Sumisión, la novela del año

0

Por Jaír Villano

@VillanoJair

Michel Houllebecq era un niño que prefería leer a Dumas antes que a Verne. La mejor etapa de su niñez fue cuando convivió con su abuela: sus papás lo dejaron tirado por irse en busca de aventuras en África.  Los recuerdos de su madre no son los mejores, tal vez por eso en ‘Las partículas elementales’ (1998) la retrata como a una mujer libidinosa, irresponsable y desentendida con su crío.

En parte ello explica  la razón por la cual Lucie Reccaldi  se fue lanza en ristre con las supuestas mentiras en las que había incurrido su retoño. Algo similar a lo que la tía de Vargas Llosa hizo tiempo después de leer ‘La tía Julia y el escribidor’.

Dice la señora Reccaldi: “No quiero ni pienso hablar con mi hijo hasta que aparezca con ‘Las partículas elementales’ en un lugar público y diga: ‘Soy un mentiroso, un impostor. No he hecho otra cosa en mi vida que provocar el mal a todos los que me han rodeado. Y pido perdón“.

Y entonces basta citar esa aserción para hacerse un imaginario de la clase de persona que se intenta describir: un individuo irreverente, petulante, disoluto, provocador, feo, pero ante todo: un buen escritor (que es lo que en materia literaria cuenta), que con su más reciente novela, ‘Sumisión’, ha obtenido un prestigio global.

Houllebecq visionario, Houllebecq vidente, Houllebecq antisemita; a Michel lo han atiborrado de una cantidad de epítetos que van en sintonía con  su displicencia ante el público y a sus controversiales afirmaciones, -como aquella según la cual “el Islam es una religión estúpida y peligrosa”–.

Pero en ‘Sumisión’ su supuesto racismo racial y religioso, que en 2002 lo llevó a un juicio impulsado por la Federación Nacional de Musulmanes Franceses, se desmantela. El argumento es de locos: una Francia gobernando por  Ben Abbes, el candidato de la Hermandad Musulmana francesa que tras el estruendoso fracaso de la izquierda y el temor de los miembros de esta por el triunfo de la extrema derecha (liderada, naturalmente, por Mariana Le pen), se hace el mandatario del país cuyo acervo liberal y humanista lo han caracterizado a lo largo de los años.

Aquí un paréntesis. El libro se volvió un best seller porque el día en que llegó a las librerías se perpetró la hecatombe contra los periodistas de Charlie Hebdo. Se cierra el paréntesis.

La novela tiene algunos elementos rescatables, pero también otros por discutir. Para empezar es un relato que desde el punto de vista literaria no ofrece mucho: su urdimbre carece de los laberintos temporales y espaciales de las grandes obras (por decir algo, desde el capítulo II el autor comienza a ponerle fecha a los días sin que ello ofrezca atrayente alguno); los recursos narrativos no son utilizados, y ello estriba en que la historia en sí no goza de un hilo conductor que corte y luego se amarre.

Sin embargo, un elemento rescatable es el que encarna el personaje principal, esto es, Francois, el profesor experto en Huysmans cuya agotada vida se caracteriza por los altibajos emocionales, el machismo y la avidez por el sexo. Es este profesor el que desde una aplomada primera persona va contando la transformación por la que atraviesa Francia.

En este respecto, Houllebecq acierta ladinamente: pues con semejante planteamiento  lo que cualquiera podría esperar es una novela desaforada en hechos políticos y geopolíticos, pero no. Y todo tiene una razón de ser: el docente de la universidad de París III-Soborna es un sujeto al que los aconteceres sociales no le agitan, por tanto, es una persona que no se inmuta por reflexionar sobre la cotidianeidad de su país.

Así, de esta forma, el escritor se desentiende de las múltiples explicaciones que suscitan una supuesta  Francia gobernada por Ben Abbes, el líder la del ala islamista (con visos de moderación). No. El suceso pasa de un momento a otro: los franceses se aburren de la ineptitud de  los socialdemócratas; el Frente Nacional de Le Pen lo pone a su favor; hasta que una tímida fuerza política representada por la  hermandad musulmana se lanza a la arena política. Y entonces ocurre: los socialistas acceden a las peticiones de los musulmanes de Abbes y terminan formando coalición no en pro de que Ben sea quien gobierna a Francia, sino para evitar que sea la líder del FN quien detente el cargo.

Nada serio, podría parecer. No obstante, teniendo en consideración que en entrevistas Houllebecq ha dado a entender que es un apolítico, con la novela se desnuda sutil y ponzoñosamente la carencia de fraternidad por parte de los partidos tradicionales en Francia, que prefieren actuar al tenor de sus diferencias ideológicas antes que por evitar que los islamistas sean los que gobiernen el país.

Eso: las interpretaciones políticas, las incertidumbres sociales, el facilismo diplomático, eso hace que la novela goce de un atractivo morboso, pues es innegable que los atentados de ISIS contra el país europeo contribuyeron en el éxito del libro.

Con todo, es una novela de argumento abstruso, pero de fácil y cómoda lectura. No en vano está entre las mejores obras literarias de este año.

Comments are closed.