TIEMPO DE LEER: La calle de las tiendas oscuras

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Por Patricia Suárez

 

Patrick Modiano, el nobel francés en su libro Calle de las Tiendas Oscuras hala a sus lectores hacia la enigmática pesquisa de Guy Roland, un hombre sin memoria ni pasado… en busca de su identidad, minucioso en detalles de inasibles… de puntos entre nieblas… de lo que no se sabe…

De sí, nada recuerda; sufre de amnesia, realidad que lo lleva a viejas bifurcaciones de sombras y pretéritos, de pisos y escaleras, de bombillos, de luces e intuidos recuerdos, de imprecisos sombreados, de ventanas y alcobas, de techos bajos, de nombres y de fotos… retazos de una colcha matizada de grises y vacíos, monótona sensación de perdidas arenas… aparente quietud de un andar entre cruces de esquinas y de puertas, de cristales, en desiertos andenes que atraviesan rutinas, lo mismo…   fragmentadas oscilaciones de palabras en un ir y venir de preguntas y respuestas, siempre iguales, de maneras de hablar en distintos lugares, de personas opacas que habitan reducidos espacios, apático transitar entre líneas, paralelos de seres en un ahí de tiempo, tiempo quieto sin nada que esperar más que lo sabido…

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Quizás el sueño de un mujer que cuenta y le habla de aquella…para luego olvidada quedarse dormida. Y el cerrar de una puerta de doblados sonidos en el tic tac del tiempo que devora cual ancestral constrictor de un siempre y melancólico indagar de sí mismo.

“De niño, debí jugar al escondite aquí con mi abuelo o con amigos de mi edad y en medio de aquel dédalo mágico que olía a aligustre y a pino pasé seguramente mi vida”.

Compartimentadas vivencias e insinuaciones; clandestinas presencias de supuestos pasados que atrapan en el intrincado laberinto de ocultas verdades; prosa parca de inolvidables aciertos de genio y realidad que brota de un verbo de nostálgicos ecos; existencial paradoja de hallazgos y posibles en ese especular de todo hacia el acierto…

“Lo más tremendo es que sé quién es el asesino. Engañaba porque tenía cara de ángel…Y eso que la mirada era muy dura…Unos ojos grises…”

Tránsito entre calles de una ciudad que atrapa, de huidas y despojos, de ocupación e historia de ese París de fuego e intensas soledades; de música, de muros y pensamiento… de novelas eternas…

“Creo que en los portales de los edificios se oyen aún los pasos de quienes tenían costumbre de cruzarlos y, luego desaparecieron. Algo sigue vibrando después de que pasaran ellos, ondas cada vez más débiles, pero que captamos si estamos atentos. En el fondo, a lo mejor no había sido nunca aquel Pedro McEvoy, no era nada, pero había unas ondas que cruzaban por mí, ora lejanas, ora más fuertes, y todos aquellos ecos dispersos, que flotaban en el aire, cristalizaban y aparecía yo”.

Andar en desarraigo, claridad y sentido entre cruces y alforjas de un pensar creador. Y el humanismo…

 

 

 

 

 

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