Timochenko en La Habana, ¿bueno o malo?

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floro-hermesPor Floro Hermes Gómez Pineda

@Florohermes

 

Este viernes 10 de octubre, en horas de la mañana, el señor Ministro del Interior, el copartidario liberal Juan Fernando Cristo Bustos, confirmó que el comandante de las FARC-EP, el médico guerrillero especializado en cardiología Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko” o “Timoleón Jiménez”, “ha estado en dos ocasiones en La Habana”.

El que “Timochenko” haya ido a La Habana, pone a la opinión pública colombiana ante dos posiciones que se corresponden y sustentan mutuamente: una, la conflictiva/dilemática y, otra, la emocional, por lo cual, se hace urgente una mirada racional, toda vez que no es posible en las cuestiones de guerra y paz, que se deben abordar desde distintos horizontes de las Humanidades y de las Ciencias Sociales, ser razonables, porque se puede caer en peligrosas y dañinas ambivalencias.

En tal sentido, desde una posición emocional, los viajes de “Timoleón Jiménez” a La Habana son escandalosos porque “sigue acá dirigiendo masacres contra colombianos”, como lo expresó el apasionado senador Álvaro Uribe Vélez, quien racionalmente (dentro de sus cálculos políticos) escogió el productivo camino político de alimentar las emociones, pasiones e instintos de nosotros los colombianos.

Desde la orilla conflictiva/dilemática, o racional, los viajes de “Timochenko”, autorizados personalmente por el señor Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, nos colocan ante el dilema moral si haber callado estos desplazamientos es un acto de prudencia o es un acto de engaño, por una parte.

Pero, por la otra, más allá de si fue una conducta de precaución o de falta de trasparencia, los viajes nos revelan la existencia de grandes avances dentro del proceso de una paz negociada con las FARC-EP, si nos atenemos al hecho de que esta guerrilla es una organización que toma decisiones de manera colegiada, situación que a muchos nos inquietaba por la no presencia de su Jefe máximo.

Igualmente, nos revelan el control del territorio por parte del Estado colombiano, pues los movimientos del cardiólogo guerrillero se llevaron a cabo mediante una autorización presidencial, lo cual quiere decir que “Timochenko” no estaba en capacidad de valerse por sí mismo, para llegar a La Habana.

Esto, en términos de liberalismo, quiere decir: primero, que el Estado colombiano está conquistando el monopolio de la violencia; segundo, que está cobrando legitimidad frente a las fuerzas insurgentes de las FARC-EP, y, finalmente, que si bien aún no las ha sometido, ha logrado de ellas un acatamiento, como lo prueba el hecho de que su máximo jefe haya tenido que acudir a un permiso del señor Presidente de la República.

En conclusión: si las interpretaciones que acabo de realizar desde la lógica formal son acertadas, esto hace prever que la terminación de la confrontación con las FARC-EP, salvo alguna equivocación grave de las partes, está próxima. O, en otras palabras, que vamos con paso firme hacia la paz, la cual atraviesa por dejar de combatir, en primer lugar, y por construir, a lo largo de varios años, una institucionalidad política y económica innovadora, liberal e incluyente, que remplace la actual extractiva, conservadurista y excluyente.

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