Timonazo

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Por Camilo Granada

La llegada de un político experimentado, sereno y de centro como Joe Biden marca un giro drástico en la política de los Estados Unidos con importantes consecuencias no solo para ese país, sino para Colombia y el mundo.

Los cuatro años de gobierno de Donald Trump se caracterizaron por una exacerbación de la confrontación partidista e ideológica, ataques e insultos a sus detractores y –sobre todo—muchas mentiras. Sus políticas promovieron la división entre “buenos y malos” y la radicalización de un segmento importante de sus seguidores. En materia internacional, su aislacionismo, su aproximación transaccional y unilateral, así como su recurso permanente a sanciones y amenazas debilitaron el multilateralismo, las alianzas sobre propósitos comunes. Paradójicamente esto fortaleció a países como China o Rusia, envalentonó a Irán y no logró promover el retorno a la democracia de Venezuela. Finalmente, sus mentiras y su negativa a reconocer el resultado de las urnas impulsaron una asonada violenta y la erosión de la confianza en el sistema democrático.

Llega entonces Biden a asumir el mando de la primera potencia mundial en medio de una de las peores crisis de la historia por cuenta de la Covid-19 y la recesión económica, y con un país dividido en el que será muy difícil construir acuerdos sobre prácticamente cualquier tema de la agenda. Además de la pandemia y la economía, Biden debe proponer caminos para superar las tensiones raciales, el tema de la inmigración y la incómoda posición diplomática en que se encuentran los Estados Unidos frente a sus aliados y adversarios.

Frente a tan compleja situación, el discurso inicial de Biden –fiel a su filosofía y su carrera política—estuvo centrado en un llamado a la unidad, a reducir las tensiones y a no convertir las diferencias políticas en una guerra de descalificaciones entre partidos. Sin embargo no será fácil que esta rama de olivo tendida a sus detractores en el partido republicano sea acogida.

En ese sentido Biden tiene un enorme desafío que enfrentar. Tendrá que mantener un delicado y complejo equilibrio entre su llamado a la unidad y sus promesas de campaña de atacar las desigualdades sociales, raciales y económicas que aquejan la sociedad estadounidense. Por un lado, el diálogo y la búsqueda de consensos con los republicanos puede generar malestar y tensiones con los grupos más progresistas del partido demócrata, que exigen reformas radicales. Por el otro, avanzar en las reformas políticas y sociales para combatir el racismo y la discriminación, temas clave en su plataforma de campaña, van a encontrar la oposición de la derecha. Los primeros cien días de la administración serán fundamentales para ver qué tanto logra conciliar esos dos objetivos a primera vista opuestos.

El debut de Biden en el cargo fue la clara demostración de esa tensión. Después de hacer un llamado a la unidad en su discurso de posesión, procedió a firmar diecisiete decretos que echan para atrás algunas de las más polémicas políticas de Trump en materia de inmigración, medio ambiente, la construcción del muro con México o el retiro de la Organización Mundial de la Salud y del Acuerdo de Paris sobre cambio climático.

En materia internacional Biden tiene que concentrarse en Rusia (para prorrogar el Tratado de reducción de armas), Irán (para evitar la producción de armas nucleares) y China (para resolver el contencioso comercial y la tensión política). Su compromiso con el multilateralismo se verá reflejado en mayor cooperación en los temas como la lucha contra la pandemia, en el que ya anunció que los Estados Unidos van a entrar al mecanismo COVAX, o el cambio climático.

Frente a Colombia, es de imaginar que la administración demócrata le va a apretar las tuercas al gobierno de Duque en temas de derechos humanos, asesinato de líderes sociales y excombatientes de las farc, así como la implementación del acuerdo de paz. En el tema grueso del narcotráfico, el cambio será más sutil. Seguramente Biden seguirá presionando y cooperando para reducir la producción y el tráfico de cocaína desde Colombia, pero probablemente estará más abierto a alternativas distintas a la aspersión aérea con glifosato. Otro tema álgido entre Colombia y Estados Unidos será la política hacia Cuba y Venezuela, en el cual Duque se alineó con Trump en una estrategia de confrontación y bloqueo. Biden cree en el diálogo y su aproximación hacia esos dos países va a ser muy distinta.

Bienvenido entonces el timonazo en los Estados Unidos. Colombia debe tomar nota y prepararse para esta nueva orientación.

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