Tomarse en serio la seguridad

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Por Jorge Buitrago

En las últimas semanas la ciudad se estremeció con la terrible masacre de 5 jóvenes y el ataque con una granada en el barrio Llanoverde, hechos que nos llaman a un profundo análisis frente a lo que somos como sociedad Caleña y el compromiso de las autoridades frente a la vida de sus ciudadanos.

Cali es una ciudad en la que convergen personas provenientes de todos los lugares del país, en especial del Pacífico; eso la ha convertido en una urbe llena de culturas y costumbres en la que no se distingue extraños. Sin embargo, aún perduran enormes rasgos de un racismo que lleva a muchos a medir la vida con un doble rasero y a ignorar permanentemente la realidad que se vive en las laderas de la ciudad. El asesinato de 5 menores de edad no es algo que pueda tener justificación socioeconómica, racial, cultural o de la mal llamada “limpieza social” una sociedad que indiferentemente deja morir a los jóvenes que representan su futuro, es sencillamente, una sociedad inviable.

No menos diciente que el tufillo discriminatorio con el que algunos han tomado estos hechos, es el compromiso de las autoridades frente a la vida y la seguridad de los Caleños. En lo corrido del año se han presentado más de 500 homicidios en la ciudad, solamente hubo una leve disminución durante los meses de cuarentena estricta que se empezó a perder a medida que las personas fueron regresando a las calles. Además de los homicidios, el hurto a personas también se encuentra disparado y a diario las redes se inundan con vídeos de personas que son robadas y ultrajadas por delincuentes en las calles ante la ausencia casi total de la policía.

En ocho meses de la administración Ospina aún no se ven una estrategia de seguridad clara. Frente al componente coercitivo, el pie de fuerza sigue siendo insuficiente y no se escucha ni siquiera el pedido de mayor personal por parte del Distrito al Gobierno Nacional; el presupuesto de la Secretaría de Seguridad no llega ni al 50% de ejecución y los pocos recursos que se han ejecutado están siendo dirigidos principalmente a la contratación por prestación de servicios de personal “Caza Covid” o “Guardianes de Vida” desperdicio que en una ciudad que apenas destina el 1.3% de su presupuesto a seguridad, no tiene presentación. ¿Qué pasó con los recursos de apoyo a la policía, de mantenimiento e instalación de cámaras de seguridad y de las demás necesidades operativas y de choque que requiere la seguridad de la ciudad?

Además del componente policivo, las acciones de reinserción social brillan por su ausencia, programas como los Gestores de Paz, que venían de la administración anterior, fueron acabados sin que a la fecha se vean siquiera acciones para a través del trabajo, el deporte, la cultura, la educación y las oportunidades arrebatarle espacios a la delincuencia.

 

Por último, resulta irónico que mientras los ciudadanos padecemos a diario las consecuencias de la inseguridad, las autoridades estén dedicas a pedir cédulas y perseguir la intimidad y el trabajo de los ciudadanos; hoy los Caleños nos sentimos perseguidos por una policía que nos dejó a merced de los delincuentes en las calles. Cumplimos varios meses soportando toques de queda, ley seca, y presenciando enormes operativos para mantener a los ciudadanos encerrados, y ante eso es inevitable preguntarse: ¿Por qué nunca vemos ese enorme despliegue de fuerza para acabar con las conocidas ollas, pandillas, perseguir jíbaros y combatir la delincuencia? ¿En qué momento se volvió más importante hacer inteligencia para encontrar ciudadanos en moteles que para prevenir hechos como los de Llanoverde?

Por fortuna esta semana se conoció sobre la captura de los asesinos de los jóvenes de Llanoverde, sin embargo, aún queda por conocerse qué y quiénes estuvieron detrás de ese escabroso hecho. Anuncios como los del alcalde de pedir ayuda el FBI un día antes de que el Presidente y el Fiscal General anunciarán dichas capturas, no sólo denota un profundo desconocimiento del mandatario de los Caleños sobre seguridad, sino también, su desconexión o poco manejo de la información.

La inseguridad en Cali no da para más, y combatirla será una tarea de todos. De un lado, los ciudadanos tenemos que ver a Cali como lo que es: una sola ciudad, ya basta de indiferencia frente a nuestra realidad social, entenderla y superarla es el punto de partida para desplazar a los violentos. De otra parte, se requiere de un compromiso total de las autoridades, la Alcaldía debe tomarse en serio la protección de la vida y la seguridad de los Caleños, no pueden darse el lujo de desperdiciar los recursos, acabar los programas sociales y mandar la policía a cazar fiestas, mientras la delincuencia se da un festín ante la ausencia de autoridad en las calles.

O nos tomamos en serio la seguridad y el desarrollo social de nuestra Cali, o terminaremos convertidos en una ciudad inviable.

 

 

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