“Tuve la fortuna de que mis padres no sabían leer ni escribir”: Raúl Cuero

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 Me dispuse a entrevistar a uno de los científicos colombianos más reconocidos en el mundo, y tras la conversación me quedó claro que el bonaverense Raúl Cuero no es científico sino inventor. Me explicó que la diferencia está en que el inventor es flexible y ecléctico. Lo pude comprobar cuando vi sus ojos llenos de lágrimas mientras me contaba que su siguiente visita al país será a Cali, a dar una charla gratis en el colegio María Auxiliadora, en donde entrenaba jóvenes en sus épocas de gloria en el básquetbol, el deporte que según él le daba sentido de pertenencia cuando su universo era pequeño.

“Lloro porque todo lo que hago lo hago por amor”, una explicación que me permitió preguntarle por esposa, hijos, o novias, pero que él usó para darme otra muestra de su eclecticismo: “El amor no existe, solo es sentimentalismo, porque las personas buscan suplementos, no complementos”. Acá, una minúscula parte del inmenso universo del hoy Dr. Cuero.

Claudia Palacios: Doctor  Raúl Cuero, ¿la creatividad se hace o se nace con ella?

Raúl Cuero: Se hace en los procesos.

 

Claudia Palacios: ¿Cómo?

Raúl Cuero: Haciendo cosas constantemente, y no solamente una cosa; por ejemplo, cuando niño, yo trabajaba en un taller de mecánica gracias a un hombre que me enseñó cómo curar radiadores con sopletes y cómo curar carburadores, y además de eso, abundaban los animales con los cuales yo jugaba: lagartijas, sapos, crustáceos del mar…

C. P.: ¿Y cómo aplicaba la creatividad con eso?

R. C.:Porque tenía que hacer mucha observacióny luego dar entendimiento a ello, porque yo no tenía libros ni conocimientos previos, entonces, tenía que imaginar y luego comprobar lo que me imaginaba.

C. P.: ¿Cuál fue su primer invento en ese ámbito?

R. C.:Haber descubierto por sí solo –aunque ya se conocía en otras partes– que las cucarachas o los insectos funcionaban en paresdebido a sus antenas, que son feromonas;y que entre las once de la mañana y las tres de la tarde, porque había mucho calor, esas feromonas que son compuestas por moléculas químicas se desvanecían. Igualmente las lagartijas, veía que ellas caminaban sobre las paredes de ladrillos en los momentos de calor y en la madera en los momentos de menos calor, y me di cuenta de que era porque no tenían sistema regulador de temperatura.

Posteriormente, caminando con mi abuelita y recogiendo matas en el pueblo, me introduje en el conocimiento de las matas; y cuando entré a la universidad, lo primero que hice fue hacer crecer unas plantas parásitas sin el hospedero. Al profesor del Rockefeller, que era visitante, le llamaba la atención y me decía que eso era un gran trabajo científico.

 

C. P.: ¿Y cuando usted hizo eso, pensó que era algo muy importante o le pareció común y corriente?

R. C.:Común y corriente, la verdad; inclusive, cuando me ofrecieron ir a Estados Unidos, yo dije: “¿Por qué tengo que ir a Estados Unidos cuando estoy disfrutando de esto aquí? No lo tomaba como algo especial, era como algo natural para mí.

C. P.: Volvamos a la primera pregunta que le hacía, porque a los padres de familia nos critican mucho porque les frustramos la creatividad a nuestros hijos, en vez de llamarlos creativos los llamamos desordenados o destructivos, dañinos. ¿Eso es realmente así?

R. C.: Eso es cierto, especialmente cuando los padres son educados. Yo tuve la fortuna entre comillas de que mis padres no sabían leer ni escribir, no tenían expectativas científicas establecidas. Los niños no son creativos, son curiosos. Los padres cuando son educados quieren que sus hijos sean articulados mental y oralmente como lo son ellos. Ahí se aborta el proceso de creatividad del niño porque se lo limitan con un vocabulario.La creatividad es un proceso hacia lo desconocido, no hacia lo conocido; entonces, cuando usted tiene una persona con un coeficiente de inteligencia alto es porque tiene la capacidad de retener conocimiento establecido, no conocimiento de lo desconocido.

C. P.: Bueno, ¿y cómo se hace, entonces, para no frustrar la creatividad en los ambientes donde todo está al alcance de la mano?

R. C.: Si usted observa la historia, los grandes creativos vienen de los campos, los campos de la Italia de Da Vinci, los campos del norte de la Inglaterra de Isaac  Newton y Darwin, y yo me hice precisamente en mi pueblo, Buenaventura, que era un pueblo en el cual abundaba la diversidad de flora y fauna, era el sitio ideal para crear –contrario a lo que se piensa–, quizás no para recibir las condiciones académicas, pero si para crear.

C. P.: ¿Y cómo usted sí logro ser creativo y otros que crecieron con las mismas dificultades, incluso sus mismos hermanos, no han logrado lo que usted ha logrado? ¿Qué hay de distinto en usted?

R. C.: Que yo era el más cercano a la abuela Petrona, que murió de 109 años. Ella me protegía contra cualquier vicisitud externa, y yo me enfocaba en la observación del ambiente físico que tenía. El joven se disipa, lo ponen en ambientes que no son completamente naturales; porque es en la naturaleza donde uno adquiere la capacidad y la creatividad. Por eso yo digo que a los países como Colombia, en desarrollo, les conviene más la invención que la innovación, porque la innovación es transformar lo existente, mientras que inventar es crear a partir de cero, de cosas no existentes. Eso es lo que le da la ventaja competitiva al individuo. Además, he mantenido una gran fidelidad a mi propia naturaleza, lo cual no es fácil porque las sociedades tratan de normalizarlo a uno.

 

C. P.: Usted dice que no le gusta aprender si no crear y por eso es que ha patentado 25 inventos. ¿Pero está mal aprender?

R. C.: Cuando uno desarrolla la habilidad de crear, encuentra más emoción y mayor entendimiento del conocimiento. Aprender de otro un conocimiento establecido se me dificulta más porque tengo que hacer una traducción idiomática y cultural. Por ejemplo, fue más fácil adaptarme de Estados Unidos a Inglaterra que de Buenaventura a Cali.

 

C. P.: ¿Por qué?

R. C.: En Buenaventura, el español que nosotros hablábamos era con tonalidades ‘afrocéntricas’;por ejemplo, hacemos énfasis en el verbo. Pero en el español eurocéntrico el énfasis es en el sustantivo o en el adjetivo:ellos dicen “él se fue”, mientras que nosotros decimos “él se fue”, lo que me indicaba que la acción no era importante sino quien la ejecutara. Los conceptos de distancia no los tenía porque yo crecí en el pueblo. Nuestras calles no tenían nomenclatura. Uno preguntaba “dónde vive usted”, y le respondían “yo vivo detrás del árbol”, pero en el interior se decía “yo vivo a dos kilómetros”.

C. P.: Doctor, usted ha escrito dos libros, el más reciente es La mente de la mente, ¿cuáles son los hallazgos o las propuestas suyas en esos libros?

R. C.: El primero, De Buenaventura a la Nasa, es la narrativa de pensar que el ser útil es mejor que el ser importante, y de utilizar las dificultades como una oportunidad para progresar. Narro cuáles son, sistemáticamente, los elementos que requiere el individuo para crear, no es algo lúdico ni abstracto. Toco aspectos de cómo un padre debe cuidar a su familia y a sus niños para que sean creativos.

 

C. P.: Deme un ejemplo.

R. C.:A un niño no se le debe someter a la rigurosidad del conocimiento, insertándole la información que los adultos tienen. Él está construyendo lo que se llama sinapsis, hay que dejarlo así hasta los 10 o 12 años. En la adolescencia es que adquiere una capacidad estructural para crear, y ahí hay que ponerle un mentor que le enseñe conceptos. ¿Por qué hay madres solterasadolescentes? Porque se pierde el equilibrio entre lo neuronal y lo hormonal. Para mantener el equilibrio hay que darle algo que tenga que ver con lo desconocido, que ocupe su mente completamente, no la información del salón de clases, que es muy pasiva. Porque solo se obtiene conocimiento cuando se práctica

Por ejemplo, el niño dice“las nubes se están cayendo”, uno no debe explicarle qué son las nubes, sino preguntarle “¿usted qué siente cuando las nubes se caen?”, y después que el aprenda solo que las nubes no se caen. En las escuelitas a los niños la maestra les hace un croquis o delinea un perro o una casa y deja que el niño lo coloree. Eso es bueno para aprender, pero no para crear; el niño debe iniciar la delineación de la figura, y que la maestra lo coloree.

 

C. P.: Doctor Cuero, los parques de la creatividad, esa invención suya que está en varias partes del mundo, y que en América Latina está en México y en Colombia… ¿Cuántos más vamos a ver?

R. C.: Muchos. Precisamente hace dos semanas la OEA me invitó a Washington para que presentara el parque de la creatividad de Colombia como el modelo para el desarrollo de América Latina, y ahora voy a Ginebra porque estoy nominado para ser el orador central en la parte de educación, ciencia y tecnología en la agenda mundial del milenio. Los parques de la creatividad tienen como objetivo único entrenar a niños para ser inventores no para hacerlos buenos estudiantes. La educación colombiana es extraordinariamente buena, los maestros son muy buenos, los científicos aquí también son buenos, pero no hay dividendos de eso porque no existe una cultura de inventar. Cuando se inventa, uno crea la génesis de los eventos.


C. P.: Pero ese es el talón de Aquiles, volver los inventos productos de consumo masivo.

R. C.: Cuando se inventa no se requiere capital grande. Inventar es crear algo que no existe y que la sociedad requiere en un momento determinado de la historia. En Europa no fueron muchos tampoco los que hicieron muchos inventos, pero crearon el desarrollo que dio prosperidad en la época de la revolución industrial. Hay que saber cuál es la agenda mundial para identificar qué es lo que va a tener impacto. También hay que  creer en los procesos, no en los resultados. El proceso lo va llevando a uno al resultado creativo. Y se debe buscar la excelencia, no el perfeccionismo. Nuestra sociedad es demasiado perfeccionista, pero perfecto no hay nada. Cuando se es perfeccionista, se cae en el fatalismo, y cuando se cae en el fatalismo, se inhibe la productividad y la creatividad de los individuos. América Latina, especialmente, no tolera fallar.

C. P.: ¿Cuándo vamos a ver un parque de la creatividad en Buenaventura?

R. C.: Inicié en Buenaventura, pero hubo dificultades de sostenimiento económico. No es cuestión de tener un parque en Buenaventura, sino de utilizar la capacidad de esa región geográfica para el desarrollo de Colombia, es el repositorio biológico del mundo. Colombia es la expresión de él, pero no se utiliza esa diversidad porque no se complementan, sino que se remplazan. Existe el incesto cultural, y uno quiere ser como el que ya está allí, en vez de complementarse como lo hizo la Europa.

C. P.: ¿Alguna vez se ha sentido discriminado por su raza u origen?

R. C.: Tengo historias para escribir diez libros, un compendio de la discriminación racial. Lo que pasa es que yo lo supero a través de la creatividad. Cuando se me concedió la beca para ir a Estados Unidos, yo era un basquetbolista muy afamado.

Aunque en esa época Estados Unidos no era muy famoso, yo solamente sabía de un presidente que se llamaba Kennedy porque los niños de las escuelas recibíamos un con la figura de él en el forro del queso, y cuando se murió pensábamos que no nos iban a traer más queso, le comenté a alguien, se me quedó viendo y me dijo: “Dios no te hizo para ser científico, sino para ser basquetbolista”. Yo nunca lo tomé a mal y me fui a estudiar y a jugar basquetbol, y resulté siendo bueno en ambas cosas.

Otra vez, yo entraba a una conferencia en un país de Europa, yo era el orador principal y no me creyeron, me trajeron la policía y decían que yo acaba de filtrarme. Tuvo que venir el presidente de la organización y decir “sí, ese es el doctor Raúl Cuero”.

 

C. P.: ¿Un científico como usted es religioso?

R. C.: No soy religioso, pero respeto la religión. Y cuando hay creatividad, uno más bien ve que la religión y la ciencia son dos caminos que llevan a lo mismo, no se oponen. Uno como científico la gran parte del tiempo lo que trata es de probar en verdad que fue lo que creó Dios.

 

C. P.: Me contaba que la música lo inspira… ¿qué música?

R. C.:Jazz, jazz….

 

C. P.:Pero usted en Buenaventura no oyó nunca un Jazz,¿o sí?

R. C.: No escuchéjazz, pero con la capacidad de observación que tuve, todos los sonidos me cautivaban, el currulao, la marimba, luego Beethoven…, y el Jazz es una integración de todos esos sonidos, en el Jazz no hay dolor. A mí el Jazz me da la pertenencia humana.

C. P.: ¿Y dónde quedaron el currulao, la salsa, los tambores? ¿Dónde quedaron en su vida?

R. C.: Todos esos elementos han sido importantes para construir quien es uno hoy día; pero no hay que hacer fetichismo, las energías que me produjo el currulao, que lo bailo muy bien, no las vuelvo un rito, porque lo peor que uno puede hacer es mitificar los ritos. Si yo estoy en todo momento pensando en el currulao, no voy a tener ese efecto positivo del currulao como energía

C. P.: Entonces, me imagino que con las comidas tampoco.

R. C.: Yo soy muy frugal por cuestiones de salud. Mis comidas son muy importantes para no cansarme físicamente y continuar pensando siempre. Le pongo mucha atención a los iones que vienen en las verduras, tomo extractos de hojas verdes todos los días, como pescado no grasoso, tomo buena entrada de carbohidratos porque gasto mucha energía con la mente, y hago ejercicio todos los días.

C. P.: O sea, el sabor no importa, importa el contenido de los sabores. ¿Usted no añora los sabores con los que se crio?

R. C.:Solamente cuando los como, los añoro. El pescado de mi madre, sus fríjoles, las lentejas que todavía las como cuando vengo…

C. P.: Pero si deja de comer eso un año, no importa; ¿no le hace falta al alma para nada?

R. C.:No, porque yo lo reemplazo funcionalmente con equivalentes a las proteínas.

C. P.: ¿Hace cuanto no va a Buenaventura y cuando va a volver?

RC: 35, 34 años. Quizás algún día vuelva.

 

C. P.: ¿Usted piensa que está haciendo camino para un Nobel?

R. C.:Algo me han dicho, y pienso que hay un par de inventos míos: por ejemplo, la proteína que he descubierto contra rayos ultravioleta es la primera dentro de ese contexto, puedo recrear la fotosíntesis en Marte con esa proteína, y protege la piel contra el cáncer de piel. Hay otro en el que estoy descubriendo la autonomía del ADN, y mi grupo de jóvenes del parque de la creatividad y yo podemos amplificar el ADN en cuestión de 30 minutos y no en dos horas y media.

 

C. P.: O sea que usted piensa en el Nobel…

R. C.:No, y eso se lo recomiendo a los jóvenes: que por favor no se comparen con nadie porque frustran la creatividad, y que no hagan las cosas por los reconocimientos, sino por el gozo del proceso. Como hablo en mi primer libroEntre el triunfo y la supervivencia, uno hace las cosas por sobrevivir y cuando tiene resultados que le dan beneficio la sociedad, la sociedad le llama a eso triunfo. El concepto de supervivencia a través de las sociedades se eliminó porque era un concepto despectivo, usted sobrevive porque usted es pobre. Pero yo siempre digo que el hombre no nació para trabajar, sino para sobrevivir.

Yo tuve la fortuna entre comillas de que mis padres no sabían leer ni escribir, no tenían expectativas científicas establecidas. Los niños no son creativos, son curiosos. Los padres cuando son educados quieren que sus hijos sean articulados mental y oralmente como lo son ellos, ahí se aborta el proceso de creatividad del niño porque se lo limitan con un vocabulario.

 

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