Un campesino fuera del campo es como un pescado fuera del agua: ‘Changó’

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Por Claudia Palacios

Changó es un campesino de los rasos que no tiene los problemas de muchos de sus colegas. Le pregunté sobre el pacto agrario a propósito de que la semana pasada recibió el premio de VallenPaz.

Claudia Palacios - Changó

La Cena VallenPaz es un evento anual en el que empresarios del campo y de la ciudad comparten a la mesa con representantes del gobierno nacional y de los gobiernos locales y regionales, con el fin de contribuir a la paz del país aportando sus valiosas experiencias de éxito. Los asistentes han enviado previamente  su aporte económico, el cual contribuye a  los procesos de transformación social del campesinado colombiano: los recursos son reinvertidos en el campo a través de programas educativos que desarrollan las competencias de los agricultores para lograr mejoras en su trabajo y ayudar, de esta forma, a la pacificación de zonas de conflicto, al prevenir que las comunidades abandonen su tierra, y a que dignifiquen su labor como agricultores.

El pasado 19 de septiembre, en la sexta versión de esta cena, el caucano Diego Luis Velasco recibió el premio VallenPaz como un homenaje a su labor.

Claudia Palacios: Don Diego Luis Velasco, mejor conocido como Changó, ¿usted es un campesino o un empresario?

Diego Luis Velasco: Por esencia, campesino; pero hoy me considero un empresario rural asociado, un ERA,  por los conocimientos y la organización adquiridos.

Claudia Palacios: ¿Cuál es la diferencia entre ser un ERA y ser un campesino?
Diego Luis Velasco
: Lo primero para ser un campesino es la vocación. Uno se vuelve ERA cuando comienza a llevar registro, a planificar, a intercambiar, a relacionarse con compañeros; cuando comienza a tener cultivos empresariales y no cultivos marginales,  a ser un líder solidario. Ahí empieza uno a ser un ERA.

Claudia Palacios: ¿Qué hace la diferencia en los que  se quedan siendo campesinos y los que se vuelven ERA?

Diego Luis Velasco: Lo que pasa es que hay muchas personas que se duermen y se dejan absorber por el egoísmo o por la apatía al estudio, apatía a ser colectivo o a ser solidario. Si queremos tener una vida digna, tenemos que buscar beneficios mutuos para el desarrollo integral.

Claudia Palacios: ¿Por qué si usted antes era enemigo de VallenPaz, ahora no solamente es una persona que ratifica que el modelo funciona sino que hace un trabajo muy importante en la cooperativa?

Diego Luis Velasco: Porque al igual que yo, mi familia fue muy estropeada por proyectos anteriores que llegaron a la región y engañaban a agricultores haciéndolos entrar en créditos. Como el  agricultor tiene la particularidad de ser muy honrado, para cumplir tenía que vender su tierra, y como el amor de uno por la tierra es tan grande, por eso uno desconfía. Cuando cualquier proyecto llega a la región, uno se pregunta “¿me irá a pasar lo mismo de mi abuelo y de mi vecino?”. Pero VallenPaz fue muy diferente porque entró con valores muy definidos y con una propuesta y una filosofía muy grande: el desarrollo integral de la región con la modificación de los hábitos y la solidaridad.

Claudia Palacios: ¿Cuál es la diferencia en el ser humano que era antes de VallenPaz y el que es ahora?

Diego Luis Velasco: VallenPaz es de puertas abiertas y te lleva a través de la trasferencia de tecnología a visitar nuevos cultivos, a conocer nuevas personas, a ver que la globalización de la economía no es para los grandes sino para los que se organizan. Te lleva a aceptar que se puede estudiar, que se puede trabajar en colectivo, que la realidad puede ser otra.

Claudia Palacios: ¿Qué tiene para aprender el gran empresario del campesino y que tiene para aprender el campesino del gran empresario?

Diego Luis Velasco: En el triángulo del desarrollo vemos que sin el empresario grande no podría surgir el pequeño. Es que el  empresario pequeño,  a través de la visión del doctor Rodrigo Guerrero, tiene las cualidades para que cualquier ser humano desarrolle su potencial.  ¿De qué manera? Asociándose, sembrando cultivos que sean verdaderamente consumidos y sanos mediante la práctica de la planificación para evitar la superproducción.

Claudia Palacios: ¿Pero qué le puede aprender el empresario al campesino?

Diego Luis Velasco: Nosotros tenemos claro que cuando un grande tiene una crisis se asesora muy bien y hace resistencia, y lo mismo tenemos que hacer nosotros; pero esencialmente tenemos que darnos cuenta  que el desarrollo está en el pensamiento colectivo.

C. P.: ¿Qué reflexión hace tras el paro agrario?
D. L. V.:
La esencia del agricultor es la tierra y si lo llevan a la ciudad es como un pescado que lo sacan del agua.  El gobierno tiene que darse cuenta de que no sólo debe hacer negociaciones con la guerrilla ya que el mejor pacto es sembrar la paz a través de los campesinos. Los guerrilleros son campesinos, los municipios son rurales. La ciudad se hizo para estudiar y ayudar a organizar el país pero la producción no puede hacer falta.

C. P.: ¿Y el pacto agrario es lo que ustedes necesitan para no volver a caer en las crisis que tienen actualmente?

D. L. V.: Sí, porque como lo manifiesta el mismo presidente Santos, hace cincuenta años no se le ponía atención al agricultor. Han sido cincuenta años de problemas, y sin soluciones.

C. P.: Unos dicen que los culpables de la crisis del agro son los TLC y otros dicen que no. ¿Para ustedes como campesinos, los TLC qué tan culpables son?

D. L. V.: Cuando los seres humanos se sienten en una buena situación económica y con buen empleo pero dejan de atender a los demás, ahí, en ese preciso momento, es cuando empieza el problema agrario. Y la crisis no es solo del Estado o de un Gobierno en particular, es también de los agricultores. Toda esta situación problemática nos debe llevar a organizarnos como agricultores y campesinos.

C. P.: ¿A ustedes también les cae parte de la culpa?

D. L. V.: Desde luego. Es imposible señalar a un solo responsable en un asunto tan grande y problemático. Nuestros abuelos vivían muy bien, tenían buenas condiciones de vida, ¿pero quién se proyectó para el futuro? La tranquilidad lo absorbe a uno y lo desconcentra de cualquier proyección. Nosotros como campesinos vivimos algo que ya poco se menciona, y es la bonanza. Por ejemplo, las bonanzas del cacao o del café. Nunca se habló de riqueza sino de bonanza. Ahora bien, necesitamos que así como en el proyecto que VallenPaz le presentó al gobierno, en el cual 100.000 familias son beneficiarias en tres o cuatro departamentos, se dé posibilidad a que más agricultores puedan salir adelante.

C. P.: ¿Cuánto han crecido sus ingresos después de entrar a VallenPaz? ¿Cuánto ganaba antes y cuánto gana ahora?

D. L. V.: Podía darse el caso de tener un ingreso de $300.000 un determinado mes, pero luego tener solo un ingreso de $100.000. Con los cultivos que tenemos hoy, de la mano de unas buenas planificación, dirección y técnica empleada, es posible tener un ingreso de $1’200.000.

C. P.: ¿Usted está de acuerdo con que se cambie el modelo de Unidades Agrícolas Familiares (UAF) para que no se presenten problemas como el de la Orinoquia, en el que grandes empresarios compraron varias UAF para hacer grandes inversiones?

D. L. V.: El agricultor necesariamente debe tener tierra. Para la asignación de las Unidades Familiares se debe tener como requisito ser agricultor, porque en este país vemos personas que no son agricultores pero tienen una muy grande cantidad de tierra acumulada. En cambio, hay personas que tienen vocación de agricultores pero no tienen tierra.

C. P.: Pero usted decía que el pequeño agricultor no puede sobrevivir sin el grande. Para desarrollar una UAF, un solo agricultor no lo puede hacer a la escala que se necesita para que el negocio sea productivo. Decía entonces el ministro de Agricultura de modificar el tamaño de las Unidades Familiares Agrícolas para que fueran más grandes o para que en los grandes proyectos se les permitiera tener un porcentaje a los agricultores de base. 

D. L. V.: La única manera en que el agricultor puede salir a flote en los procesos que hemos desarrollado es con acompañamiento. Este debe ser integral, desde la familia, el colegio y los alcaldes. El agricultor no es una persona que esté actualizado con respecto a la globalización de la economía, pero en las regiones hay muy pocos líderes que les interesa verdaderamente el problema social, el Gobierno debe romper los esquemas que permiten esa intervención. Mi sugerencia es que existan más entidades como VallenPaz, que blinden al agricultor para que pueda tener una vida digna.

C. P.: Es decir que no se amplíen las UAF y que no se permita su venta…

D. L. V.: Claro, pero que haya acompañamiento porque la realidad es muy clara: si yo no estoy asociado a ningún proyecto, la actualización o innovación que personalmente pueda tener sería mínima o ninguna.

C. P.: El primer punto de la discusión en La Habana, el agrario, abordó el tema de las Zonas de Reserva Campesina. ¿Cuál es su visión sobre el funcionamiento de ellas?

D. L. V.: Las Zonas de Reserva Campesina deben ser autónomas pero con acompañamiento. Esta figura es la única que le permite al país tener una seguridad alimentaria y, desde luego, una soberanía alimentaria.

C. P.: Hay sectores que temen que las Farc se apropien de estas zonas y las manejen a su conveniencia para que armen sus pequeños ‘Estados’…

D. L. V.: Un agricultor cuando está vinculado a un proceso productivo y observa que su familia lleva una vida digna, además de tener un respaldo de una institucionalidad como la que tenemos nosotros, le teme más a estar en una situación de inseguridad que a la muerte. ¿Por qué? Cuando se tiene una situación definida es imposible que se le saque de ese estado de seguridad, mientras que de no estarlo las posibilidades pueden ser varias.

C. P.: ¿Qué le dice a los consumidores?

D. L. V.: Los consumidores deben observar que los agricultores son el desarrollo del país, como se observa en los países industrializados.

C. P.: ¿A la señora ama de casa que va al supermercado qué le sugeriría?

D. L. V.: Lo único que le diría es que observe «Cosechas de Paz», como las que producimos en el norte del Cauca con VallenPaz. Algún día espero que no solo el ama de casa sino los empresarios visiten nuestra región para que se den cuenta qué es lo que producimos y de qué manera lo hacemos. Debe fijarse en quién produce lo que hay en el almacén de cadena.

C. P.: ¿Por qué le dicen Changó?

D. L. V.: Porque cuando salí del colegio estaba estudiando inglés, y en el tercer período me destaqué, y mis compañeros me pidieron el favor de que les colaborara y en «pago» me llevaron a la discoteca Changó. Como a mí me gustó mucho, seguí asistiendo hasta que mi papá se dio cuenta y me hizo devolver. Entonces, todo el mundo me comenzó a llamar así.

C. P.: ¿O sea que usted dejo de aprender inglés por Changó? 

D. L. V.: Aprendí mucho, porque el genio está allí. Lo que pasa es que como uno está tan joven, muchas cosas lo dominan. Pero fue una gran experiencia en mi vida.

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