Un cuento de paz

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Por: Edilson Huérfano Ordoñez.

Twitter: @Padrehuerfano1

Sacerdote ortodoxo APC de Rusia , licenciado en educación de la universidad del Magdalena, estudios de teología y ciencias religiosa, gestión comunitaria, preescolar, experto en resolución de conflictos, conflicto social y armado colombiano. Integrante de la comisión política de la audiencia nacional por la paz zona norte del Cauca . Experto en procesos de paz con pandillas.

Cuentan nuestros abuelos que en un país no muy lejano se hablaba de paz, que quienes gobernaban vociferaban a los cuatro vientos la paz. Todo era “paz” y en cada rincón se vivía para la paz. En este no muy lejano país, no se conocía la corrupción, el servicio de salud era el mejor y nadie moría esperando ser atendido en la sala de urgencia de algún hospital; los niños, de ese no muy lejano país, tenían la mejor alimentación, nutricionistas por doquier evitaban que estos llegasen a desnutrirse y el dinero producto de los impuestos se invertía en su totalidad, es decir, nada quedaba en los bolsillos de quienes tenían la contratación, todo era felicidad, un país maravilloso.

El salario de cada habitante era muy superior a sus gastos, en especial, cada año el gobierno y los sindicatos llegaban a un acuerdo en favor de cada trabajador y estos eran los más felices; en aquel no muy lejano país, sus congresistas presentaban leyes en favor de sus ciudadanos, lo más maravilloso es que ninguno de ellos recibía dadivas o lo que en la patria del nunca jamás denominaban mermelada. Los impuestos eran mínimos y su mandatario, el más querido por sus electores, el cual gozaba de una alta popularidad, jamás mencionaba la palabra reforma tributaria, era un digno hombre de palabra, el gobernante perfecto.

En este no muy lejano país, no había quien alimentara odios y rencores, no había fábulas del innombrable, al mejor estilo de los libros de fantasías donde no existían expresidentes que tuvieran hijos con humildes negocios de manillas y pulseras, esos que nunca desplazaron recicladores para quedarse con el negocio del reciclaje. Todo olía a paz, solo se hablaba de paz y los campesinos, de este no muy lejano país, sacaban sus productos a vender sin problemas, tenían las mejores vías y no habían intermediarios que se quedarán con las ganancias y el fruto de su trabajo; no se contaminaban los ríos, no se explotaba la minería y países extranjeros no se llevaban los recursos y las riquezas que les pertenecía por derecho natural. No habían desalojos por parte de los bancos y nadie era desplazado de su propia tierra. Una maravilla! Como lo decía mi abuelo, la única verdad de todo esto es que era un cuento… un cuento de paz.

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