Un enemigo de dos ruedas

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Por Jaír Villano

@Villanojair

 

Solo en mentes muy reducidas puede caber la idea según la cual la bicicleta en la calle es un estorbo. En Cali son miles de miles los que piensan así. Hacer un recorrido por la ciudad en el transporte más progresivo es una odisea. Las ciclorutas son un engaño; algunos conductores de vehículos –comprobado: el peligro de los conductores  ebrios de licor es equivalente a los beodosde  fatuidad– advierten los transportadores de bicis como una andanada de hippies que no merecen transitar las calles, quizá y por eso cierran el paso e infunden el pito como el grito que rezuma su arrogancia. “¡Comprá carro!”, escuché que algún mocoso  me dijo en estos días.

Es increíble que en tiempos del calentamiento global las autoridades locales y nacionales no gesten planes en procura de volver la bicicleta como un medio de transporte sólido. Los planes de infraestructura urbana siguen encaminados a los intereses de las compañías del sector automotriz  y no en aras  de los ciudadanos. Las cifras indican que las muertes de ciclistas han aumentado, de 8,7 %, en el año 2000, a 17,6%, en el año 2004.La Organización Mundial de Salud señala que los ciclistas son los de mayor vulnerabilidad en los accidentes de tránsito; entre ciclistas, motociclistas y peatones se aglutina el 80,6 % de las muertes en medios de transporte*.

Qué pena, pero eso refleja el tercermundismo ciudadano. En ciudades como Ámsterdam y Copenhague la bicicleta se contempla como el transporte más saludable no solo para el ser humano sino para el medio ambiente, en la capital de Dinamarca es tan masivo el uso de la bici que hay mercado de cascos estilizados (para chicos play), y hasta bicicletas con accesorios a juego. En París se ha buscado que los trabajadores que se movilizan en este transporte reciban una financiación de sus gastos de movilización, similar al modelo de Bélgica,  que como Estado paga 21 céntimos de euros por kilómetro. ¡En Houten la movilización en bici es del 44 %!… Diablos, estamos muy lejos de eso.

Y sí, es cierto; Metrocali –digamos que con buenas intenciones–  augura la  creación de  cicloparqueaderos dentro de sus estaciones terminales para que las personas integren este transporte con el semipúblico. Y aunque la idea es buena en el planteamiento, en su praxis pueden derivar varias dificultades; dos de ellas son obvias, pues es raro que una persona que, pongamos al caso, llegue  a  la estación Universidades decida pagar el 80 % de lo que cuesta un pasaje en el masivo estando tan cerca a su centro de enseñanza. Ay, huelga recordar que así como hay gente que utiliza la bicicleta por voluntad, hay otra que lo hace por necesidad económica, naturalmente esas personas seguirán haciendo su recorrido en las calles. (No me vengan con que es parecido al modelo de Países Bajos (¿O es que olvidan que allá hay metro?)).

Diferente sería si el plan que urde Metrocali fuera gratis, que se tratara de un acuerdo entre dirigentes locales y empresarios del masivo en función del entorno natural. Dirán que eso demuestra que, en efecto, los que salimos en bici somos hippies; pues solo esa idea se le puede ocurrir a quien se la ha fumado verde. Y –aunque verde que te quiero verde– medidas como esas reafirman que en la ciudad los ciclistas somos parias.  Es cierto que de Dinamarca a Cundinamarca hay muchísima distancia, pero es realmente lamentable que las personas que optamos por usar el transporte de dos ruedas nos tengamos muchas veces que abstener de utilizarlo por el asaz analfabetismo ecológico.

Me apresuré con el calificativo, es cierto. A fin de cuentas, cada quien es libre de elegir qué medio de transporte utilizar. Y sin embargo, es inconcebible que en el Informe final del estudio del Plan Maestro (2004) se señale en relación a este transporte alternativo que “pese a las ventajas es un sistema frágil e inseguro por la exposición de su conductor a ser atropellado, sufrir caídas, exponerse el hurto o el atraco, a las condiciones climáticas y a la contaminación ambiental”. Qué miedo, mejor quedarse encerrado en casa.

Mentira, como dijo Carlo Oriani: “las manos sobre el manubrio y el alma al viento”.

* Cifras del texto  “Desinflados sobre la vía”, Nicole Ramírez y Alejandra Jerez, Periódico El Giro.

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