Un paro de enfermos y dolientes

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Luz Adriana BetancourtPor Luz Adriana Betancourth

Twitter: @Luzbeta

Víctor se estaba muriendo en frente del médico de un hospital público. Su esposa lo llevó unas horas después de que había pasado por urgencias en el mismo centro de atención: la noche anterior había sufrido un accidente como de una motocicleta que se estrelló contra una puerta de un vehículo, que se abrió de improviso sin dejarle tiempo a la moto para esquivarla.

En urgencias, la noche del accidente, le atendieron una herida en el rostro, que era la menos grave pero la más visible o tal vez la más fácil de cerrar.  Sin embargo, el hematoma en su cerebro no fue atendido aunque su esposa le dijo insistentemente al médico que Víctor estaba sangrando por un oído y él repetía que el dolor en la cabeza era insoportable. Tan dura o peor que el golpe sufrido fue la atención recibida, en la que ni siquiera el médico se levantó de su escritorio para examinar al paciente.

La familia debió viajar un poco más allá de Andalucía para buscar hospitalización. El desenlace de esta historia fue la muerte de Víctor, 20 días después de ser hospitalizado en Tuluá tal vez por la gravedad de las heridas internas o, peor, por la negligente atención inicial.

Dos semanas después, la hermana menor de Víctor también fallecería sin obtener la atención médica requerida.  Una tos de varios meses debido a unos pólipos en su pulmón izquierdo fue menguando su salud: respiraba con dificultad, bajó de peso, tuvo varias crisis respiratorias atendidas con hospitalización local y tanques de oxígeno, pero la cita con el cirujano de tórax fue programada, después de mucha insistencia de sus familiares, para el 26 de agosto, 10 días después de su muerte. Es decir que Rosalba murió antes de que fuera auscultada por el especialista, que probablemente le hubiera salvado la vida.

¿Negligencia médica? ¿Decisión administrativa para ahorrar recursos de la EPS? ¿Ineficiencia del sistema de salud? ¿Corrupción?

Lo evidente es que  está en aumento el número de muertes de pacientes por casos no atendidos correctamente o a tiempo.  Y también es evidente que las EPS están construyendo grandes clínicas, grandes inversiones, nuevos edificios fríos y a veces carentes del personal médico idóneo para atender el sufrimiento humano que causan las enfermedades.

“No hay camas”, “no hay habitación”, “no hay código de remisión”, “no lo podemos recibir”, “aquí no”, “espere que su EPS le autorice el traslado hospitalario”… En medio de tantos NO, Rosalba murió de un paro respiratorio. Sus familiares dicen que se complicó por la angustia al ver que era rechazada en una clínica en Cali y en un hospital en la misma ciudad.

Paseo de la muerte, negligencia médica o negocio inhumano mediante el sistema de salud actual. Cualquier descripción que hagamos no deja de ser palabras si prontamente no se exige que haya atención oportuna y de calidad.

¿Qué opinan los médicos? ¿Por qué todos los pacientes o los familiares de los fallecidos no denuncian? ¿Dónde están los comités de defensa de los pacientes? ¿Qué hace el Congreso?  ¿El Ministerio de Salud por qué es sordo y ciego ante esta situación? ¿Cuántas víctimas deja el sistema de salud? ¿Son más o son menos sus muertos que las víctimas de la violencia?

En tiempos de paros agrarios, de protestas estudiantiles y reacciones de la guerrilla, ¿se imaginan si los pacientes y los familiares de fallecidos salieran un día a la calle a protestar juntos? ¿Cuántos serían? Tal vez la imagen sería lúgubre, triste, dolorosa, pero si es la única manera de evitar nuevas muertes por falta de atención a tiempo, vale la pena.

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