Un “poeta” de la escritura a máquina

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Todos los días desde las 8:00 a.m. hasta las 5:30 p.m. este hombre permanece en el Parque elaborando cartas, declaraciones de renta y extrajuicios, hojas de vida, contratos de arrendamiento y todo tipo de documento que le solicite el cliente

Como un oficio necesario en medio de una era invadida por los dispositivos tecnológicos ven los transeúntes del Parque de los Poetas a los más de diez auxiliares contables que a diario teclean sus máquinas de escribir en este lugar.

“Muchas personas no tenemos la posibilidad de tener un computador en la casa para hacer las cartas, por eso es importante el trabajo de ellos”, manifiesta Ruby Martínez, visitante del Parque.

Tras permanecer en la Plaza de Cayzedo por más de dos décadas y producto de una reubicación por parte del Gobierno Municipal, estos auxiliares llegaron hace siete años al Parque.

Con la firme esperanza de continuar haciendo sus labores tributarias, se acondicionó el lugar para recibir a los más de veinte auxiliares tributarios, que existían hacía siete años. Hoy en día son alrededor de quince.

Adornado por la iglesia La Ermita y el Teatro Jorge Isaacs, este lugar esconde las esculturas en bronce de los poetas Gamboa, Isaacs, Llanos, Nieto y Villafañe, que con el pasar del tiempo son testigos del golpeteo de la maquina Brother Deluxe 1613 de Jorge Cobo, auxiliar tributario.

“Estas personas le dieron vida a este lugar, pues antes esto era muy solo y peligroso”, afirma Dagoberto Arias, ciudadano.

Con un beso en la frente su madre lo despide todas las mañanas antes de salir a cumplir sus labores tributarias. Sin embargo, al cruzar la puerta de su casa, ubicada en el barrio La Fortaleza, Jorge se encomienda a Dios para que todo salga bien en el día. “En un día muy bueno puedo atender entre cuatro o cinco personas, es decir, que me hago $40 000 más o menos”, comenta el hombre de la máquina Brother.

Sin duda es un oficio que requiere de mucha destreza y habilidad, pues debe pasar más de siete horas tecleando su máquina bicolor (negro y blanco). “Cuando empecé hace 34 años, eramos 25 auxiliares contables, hoy en día somos alrededor de 15”, expresa Jorge Cobo

Es media tarde y el lugar es muy concurrido, más de 20 personas están en el Parque. Hombres y mujeres de todas las edades acuden a los servicios que prestan los auxiliares tributarios. Según Libia Quintero, ciudadana, esto es porque “este oficio tiene mucha vigencia porque hay muchas personas que todavía no se han apropiado de las nuevas tecnologías o no tienen experiencia en la elaboración de documentos”.

El golpeteo sin fin de las teclas puede sonar arcaico para el oído de algunos transeúntes que circulan por el bello Parque de los Poetas. “Hoy en día se tiene la posibilidad de escribir en computador, ¿para qué venir a hacer documentos en máquina de escribir?”, se cuestiona con rechazo un vecino del sector.

La implementación de computadoras y dispositivos móviles en Colombia han hecho que muchas personas consideren dejar a un lado las viejas prácticas de escritura, como es el caso de la máquina de escribir.

“Los escribidores tienen claro que con el tiempo su oficio seguramente no desaparecerá, pero saben de la necesidad de dar el salto hacia la contemporaneidad tecnológica […] al parecer está cerca el augurado remplazo de su potente ‘chuzografía’ por un digitar delicado sobre un computador”, acota para el portal web La Palabra, Freddy Prado Gutiérrez, estudiante de Licenciatura en Literatura.

“La mayoría no han cursado estudios secundarios, otros pocos alternando sus conocimientos empíricos con estudios universitarios lograron profesionalizarse y se marcharon”, reitera para el mismo portal web, Prado Gutiérrez.

Entre fotogramas, péndulos y tintas permanecerán por mucho tiempo estos tres hombres, a quienes el tiempo parece haberlos congelado. Oficios que evocan épocas, momentos y sentimientos de una ciudad, adormecida por la tecnología.

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