Un repaso sobre el origen de las Farc

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El origen de las guerrillas es apenas una muestra de la magnitud de los odios partidistas heredados por años entre las gentes de diferentes municipios del país. / Fotos: Semana.

¿Cuál es la génesis de la organización armada que duró más de 50 años alzada en armas? En este especial hacemos la retrospectiva para tratar de entender las circunstancias sociopolíticas que dieron origen a las Farc.

Por: Jaír Villano
@VillanoJair

El 9 de abril de 1948 es un día que cambió la historia de Colombia. El asesinato del líder popular, Jorge Eliécer Gaitán, suscitó una de las barbaries más sangrientas de la historia del país, conocida como el bogotazo.

Sin embargo, no es la muerte del caudillo el hecho que engendró lo que es conocido como el conflicto armado. Ciertamente, este fue otro de los tantos detonantes en un país que vivía abocado en una polarización política, producto de la guerra entre liberales y conservadores.

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No pocos campesinos se asentaron en tierras baldías del Estado. Entraron en conflicto con terratenientes que querían sus predios pero no comprándolos sino por el uso de la violencia. Finalmente se agruparon para defender su derecho a la tierra. / Foto Archivo Semana.

Precisamente, la guerra bipartidista de los años 50 viene antecedida de una pequeña violencia, desarrollada entre 1930 y 1934, esto es, cuando la presidencia de la república era liderada por Enrique Olaya Herrera, quien llegó al poder gracias a una coalición bipartidista conocida como la Concertación Nacional.

Olaya Herrera hizo una serie cambios en las gobernaciones nacionales que no cayeron bien en algunos conservadores; esto genera pequeños pero significativos conflictos en regiones (especialmente en Boyacá y Santander) instados en algunos casos por miembros de la iglesia, entre ellos el párroco José María Catillo, quien, amén de fustigar los liberales bajo el epíteto de satánicos, reclutaba a conservadores para la lucha contra estos.
La literatura que se tiene al respecto es muy larga, Arturo Alape, por ejemplo, recuerda que entre 1863 y 1884 se presentaron en Colombia 54 conflictos civiles en los Estados Soberanos que se podrían resumir en 14 de conservadores contra liberales, 2 de liberales contra conservadores, y 38 de liberales contra liberales.

Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Rebeldes campesinos accedieron a amnistías concedidas por Rojas Pinilla y Alberto Lleras Camargo a finales de los años 50 supeditadas a la restitución de tierras. Sin embargo, fueron víctimas de nuevos hechos de violencia que los llevó a tomar nuevamente las armas. / Foto Archivo Semana.
Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Rebeldes campesinos accedieron a amnistías concedidas por Rojas Pinilla y Alberto Lleras Camargo a finales de los años 50 supeditadas a la restitución de tierras. Sin embargo, fueron víctimas de nuevos hechos de violencia que los llevó a tomar nuevamente las armas. / Foto Archivo Semana.

Todo esto para decir que la guerra bipartidista (y el conflicto armado que se reproduce después) obedece a una serie de odios heredados que se puede explicar en el visceralismo partidista, la percusión religiosa, la lucha por la tierra, y las venganzas de las dirigencias conservadoras y liberales, quienes atacaban a su contraparte cuando estaban en el poder.

De ahí que no sea baladí recordar que en el marco de la Constitución de Rionegro no hubo garantías para los conservadores; así como tampoco existió seguridad para los liberales en el curso de la hegemonía de Núñez, cuyo resultado fue la decimonónica Constitución de 1886.

Los comunistas y rebeldes liberales:

En 1948 el país era gobernado por Mariano Ospina Pérez (1946 y 1959), presidente que no escondía su animadversión por la dirigencia liberal; y sin embargo, es quien lo sucede, Laureano Gómez (1951), quien despliega la persecución contra liberales y comunistas, a tal punto que llegó a confesar en el Senado que uno de los asesinos más temidos del Valle del Cauca (máxime en Tuluá), El Cóndor, fue su aliado.

Hay que precisar que con el bogotazo no solo se expresó la violencia de una sociedad que veía en la muerte de Gaitán la cesación de su esperanza en el futuro, también sirvió para afianzar el radicalismo de disidencias liberales y otros más de tendencia comunista que ante la imposibilidad de llegar al poder por la vía democrática, decidieron seguir su lucha en el monte.

 Foto Archivo Semana.
Foto Archivo Semana.

La guerra en las zonas rurales era despiadada, en el libro ‘Las horas del tropel’, Alfredo Molano da cuenta de la crueldad con que azules atacaban a rojos y rojos a azules.

Como respuesta a estos ataques, las poblaciones deciden crean grupos de fuerza que logren autodefenderse, lo cual sirvió para acentuar los odios de una dirigencia que apelaba a la violencia entre sus seguidores o, en otras palabras, que hacían de estos la carne de cañón. Los estadistas nunca pusieron sus manos para la “lucha”, solo exhortaban a que otros hicieron lo que ellos ordenaban.

Grupos sanguinarios como Los Chulavitas y los Pájaros contaron con la complicidad de la dirección nacional, así como de terratenientes o, en suma, de las élites del poder. El país estaba tan radicalizado, que en 1954 se ilegalizó el partido comunista por cuanto se consideraba un riesgo para la nación.

La guerra parece desbordarse, y Laureano Gómez, atacado por la enfermedad, no ve en la ampliación del espectro político una salida a los enfrentamientos, por el contrario, atiza más la confrontación con afirmaciones incendiarias como esta:

“El liberalismo es el basilisco al que se debía eliminar de la faz de la república para que hubiera paz, cultura y progreso”.

Lo que no se consigue por la razón se cree que se consigue por la fuerza, Gómez incapacitado es reemplazado por Urdaneta, quien le toca alejarse del poder por el golpe de estado del general Rojas Pinilla (1953-1957).

Para aquel entonces en diversas zonas del país, entre las más destacadas las del sur del Tolima y los Llanos Orientales, pequeñas organizaciones iban construyendo un proyecto político que buscaba llegar al poder por las armas.

Entre ellos, líderes como Gerardo Loaiza, víctima de la persecución de los pájaros y creador del primer grupo liberal de autodefensa en el sur del Tolima, los cuales se reunían en “La gallera”, una finca donde se acogían las autodefensas. A esta se unen otros grupos armados cuyos artífices eran Isauro Yossa, exlíder sindical de formación comunista procedente de “El Limón” en Chaparral, y Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo.

Los guerrilleros de la ‘República Independiente de Marquetalia’ ni siquiera contaban con la ideología marxista-leninista que, años más adelante, cuando se unió al grupo Jacobo Arenas, sería adoptada como su doctrina. / Foto Archivo Semana
Los guerrilleros de la ‘República Independiente de Marquetalia’ ni siquiera contaban con la ideología marxista-leninista que, años más adelante, cuando se unió al grupo Jacobo Arenas, sería adoptada como su doctrina. / Foto Archivo Semana

Juan de la Cruz Varela, también hizo parte de los líderes históricos de dichos grupos, Varela lideró numerosos conjuntos desde El Palmar, en Icononzo. Miembros históricos del Movimiento 19 de abril (M-19) tuvieron historias similares y, por eso, en principio se unieron a la causa de las Farc, es el caso de Jaime Bateman, Alvaro Fayad e Iván Marino Ospina, así como miembros activos del Partido Comunista y de la Juventud Comunista.

Los grupos de autodefensa fueron la manera de suplir el vacío estatal que campesinos de ambas orientaciones ideológicas sentían, y también del aire revolucionario que gravitaba en la atmósfera global producto del marxismo, el leninismo, el trotskismo, el maoísmo o, en últimas, de la idea según la cual la forma de cambiar la realidad sociopolítica era alzándose en armas.

Rojas Pinilla crea una amnistía que buscaba que los ‘bandoleros’ entregaran las armas, y entre tanto los estadistas liberales y conservadores deciden hacer un compromiso, el cual es efectuado en España y es conocido como El pacto de Benidorm (1956), de donde nació lo que después sería denominado El Frente Nacional.

El origen de las Farc

En efecto, Rojas Pinilla y posteriormente Lleras Camargo (1958-1962) crean una amnistía como mecanismo para menguar la oleada de violencia. En el caso de Camargo, luego de que se efectuara el Frente Nacional, coalición política que repartía el poder por 16 años por períodos sucesivos entre liberales y conservadores.

Algunos líderes divergentes como Guadalupe Salcedo y Juan de la cruz Varela acuden al llamado de la salida pacífica, la cual venía acompañada de una serie de compromisos estatales, entre ellas retornar a sus dueños legítimos las tierra usurpadas, abrir líneas de crédito barato, dotar de herramienta e insumos a los agricultores, abrir cárceles, adjudicar baldíos sin costo, levantar el estado de sitio y desmontar las “guerrillas de paz” y las bandas de pájaros y chulavitas.

No obstante, los combatientes no cuentan con garantías sólidas. En consecuencia, muchos de los campesinos desmovilizados fueron amenazados de muerte por aquellos que se habían apoderado de sus tierras mientras ellos apoyaban la lucha. (Para entender lo que pasó con la amnistía de Rojas Pinilla baste con leer ‘La crónica de Villarica’, de Jacques Aprile-Gniset).

La semana pasada Farc y Gobierno anunciaron el fin del conflicto en Cuba.
La semana pasada Farc y Gobierno anunciaron el fin del conflicto en Cuba.

“Campesinos que regresaron a las tierras que ocuparon antaño, confiados en las promesas de Bogotá, las encontraban en manos de conservadores que, lejos de restituírselas, los expulsaban de nuevo en medio de amenazas. O sea que los reinsertados liberales no hallaron la prometida paz”.

A lo anterior, hay que agregar el asesinato de Guadalupe Salcedo, del cual se desprenden todo tipo de conjeturas, entre ellas la de una retaliación por parte de sectores de la ultraderecha. Así como cobra relevancia, el asesinato de Charro Negro, o Jacobo Prías Alape, quien, según el portal Verdad Abierta, fue asesinado por un paramilitar llamado José María Oviedo, quien fue armado por el ejército .
En esas condiciones, era apenas normal que el escepticismo se apoderara de otros líderes campesinos que desde el comienzo se mostraban reticentes ante las propuestas gubernamentales, razón por la que líderes campestres como Ciro Trujillo y Manual Marulanda Vélez (mejor conocido como Tirofijo) continuaron la lucha al margen de la ley. En el caso de Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda) la lucha retomó luego del asesinato de su amigo “Charro Negro”, antes de esto este se había acogido a la amnistía otorgada por el expresidente Alberto Lleras, y hacía las veces de inspector de carreteras.

Desde luego, que la organización de estos grupos es más amplia y compleja, por decir algo, en 1951 en la hacienda, conocida como El Davis, se congregaron sectores liderados por Comunes (siendo alias Richard uno de los más celebres), y Limpios (siendo Gerardo Loaiza uno de los más representativos líderes). De aquí se lideraban acciones conjuntas que más tarde fueron interrumpidas porque el grupo de los comunes (o comunistas) tomaron el programa aprobado por la llamada Conferencia del Movimiento Popular de Liberación Nacional, conocida como Conferencia Boyacá, reunida el 15 de agosto de 1952. Todo esto está detalladamente contado en el especial que Alfredo Molano hizo para El Espectador.

Volviendo. Estos rebeldes sólo querían una reforma agraria, una política que les permitiera salir de ese abandono al cual se veían enfrentados; grosso modo, querían una tierra que les asegurara un sustento diario. Era una organización con pocos objetivos y ambiciones: los guerrilleros de la ‘República Independiente de Marquetalia’ ni siquiera contaban con la ideología marxista-leninista que, años más adelante, cuando se unió al grupo Jacobo Arenas, sería adoptada como su doctrina.

Precisamente, ‘Jacobo Arenas’ en un testimonio que subyace en el libro “Las guerras de la paz”, de la periodista Olga Behar, señala que el problema se debía a que campesinos que no contaban con la ayuda estatal ocuparon terrenos de la nación:
“Entonces, cuando los campesinos hicieron sus fundos, los grandes propietarios quisieron expropiarlos, pero no comprándoles sino desencadenando contra ellos la violencia para obligarlos a abandonar sus posesiones y de esa manera agrandar los latifundios. Los campesinos se agruparon entonces para defender el derecho a la tierra que ellos mismo habían conquistad”.

Posteriormente, y al haberse enterado de la situación, el Congreso de la República, bajo la batuta de Álvaro Gómez Hurtado, advierte el surgimiento de las Repúblicas Independientes, que no eran más que grupos de campesinos que se gobernaban en áreas en las que se prohibía el acceso de la fuerza pública.

En el discurso de Álvaro Gómez, hecho el 25 de octubre de 1961, se señalaba lo siguiente: “No hay ningún colombiano que legítimamente pueda invocar motivos políticos para rechazar la soberanía del Estado colombiano. Y eso es de lo que no se ha caído en cuenta. No se ha caído en cuenta de que hay en este país una serie de repúblicas independientes que no reconocen la soberanía del Estado colombiano, donde el ejército colombiano no puede entrar, donde se le dice que su presencia es nefanda, que ahuyenta al pueblo, o a los habitantes”.

Lo cierto es que sí había elementos de sobra para invocar motivos políticos que rechazaban la soberanía del Estado colombiano; el Frente Nacional (FN), que tanto defendía el senador conservador, era una muestra de ese reduccionismo político que, como se dijo más arriba, le cerró la puerta a otras orientaciones políticas, además no es extraño para nadie que el FN alimentó el clientelismo, la burocracia, que según Arturo Alape nace cuando surgen los partidos políticos; la repúblicas independientes no se originan en un país de prosperidad ni de igualdad de condiciones, si en la actualidad la brecha entre el campo y la ciudad sigue siendo preocupante (baste con mirar las cifras del Dane), imaginemos cómo era hace cincuenta años. Las repúblicas independientes también hacían parte de Sumapaz, Ríochiquito y Vichada.

Foto: Archivo Semana
Foto: Archivo Semana

Es bajo este panorama cuando el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-1966), quien fuera el segundo presidente del Frente Nacional, decide implementar el Plan LASO, el cual tenía como objetivo acabar por la fuerza a los guerrilleros; pero que terminó uniéndolos más, suscitando, de esta manera, el enardecimiento de otra clase de pobladores.

No sobra agregar que la operación Latin American Security Operation (siglas en español, Laso), fue orquestada en el marco de la guerra que libraban Estados Unidos y la Unión Soviética, esto es la Guerra Fría, la cual ya había permeado poblaciones como Corea, que en el amparo de esta guerra escindió la población entre Sur y Norte, siendo el sur el estado capitalista y el norte el comunista. A ello, sumemos el temor que tenía la potencia americana por la victoria de Fidel Castro en Cuba, de ahí que en Washington se gestaran políticas de contrainsurgencia para toda América Latina. No es gratis que luego de su periplo en Colombia –en febrero de 1962– el general William Yarborough, haya sugerido la intervención de USA en el país.

El Plan fue una nefasta miopía que nos ha facturado con pobreza extrema, desplazamientos y muertes; es otra prueba irrefutable de que poco se logra con atacar los efectos pero no las causas.

Se estima que el ataque fue acompañado por entre 10.000 y 16.000 soldados, apoyados por aviones T-33 y por siete helicópteros, mientras que las guerrillas no contaban con más de 30 hombres armados.

El ataque a Marquetalia, según Simón Trinidad, es fundamental en el origen de las Farc, pues es después del mismo que se define la ruta militar y política establecida en lo sería conocido como el ‘Programa Agrario de los Guerrilleros de las FARC”. Después del ataque, el grupo se perdió entre los laberintos de la selva y estructuró una doctrina definida por los aportes teóricos de intelectuales, artistas, estudiantes y activistas, siendo lo más destacados Jacobo Arenas y Hernando González.

Es así como nace el grupo que 52 años después de desplegar una guerra que libró millones de víctimas, hoy le dice adiós a las armas y saluda una nueva forma de llevar a cabo su lucha: la vía democrática. Las versiones sobre la génesis de esta podrán abundar, no en vano dijo Esquilo que, en la guerra, la primera víctimas es la verdad.

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