Un violador en tu camino.

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Por Valentina Bradbury

Unas amigas un día me recomendaron que observara un stand up comedy llamada Estupidez Compleja. Me encantó. En un monólogo de 50 minutos Malena Pichot responde con humor ante los argumentos “estúpidos” que buscan contrariar algunas de las reivindicaciones feministas dejando en evidencia la incongruencia de esos argumentos. No obstante, en un momento de la narración, algo de lo que relataba me perturbó. Describió una escena en la que su pareja le pide que tengan relaciones sexuales, y a pesar de que ella no quiere, y a pesar de que se niega y recurre a distintas excusas, finalmente termina cediendo, no por voluntad propia ni por deseo, sino por la insistencia de su pareja. Concluye la descripción de la anécdota dirigiéndose de manera directa a su público “si esto te ha pasado, hoy descubres que tú también has sido violada.”

Algunos podrían argumentar que estas situaciones no son comparables a otros escenarios en los que los grados de violencia han sido mayores y la desigualdad de poder entre las partes también. Y tienen razón. Sin embargo, esto me llevó nuevamente a reflexionar sobre las representaciones sociales que se han construido acerca de la violación o sobre el violador. Los medios de comunicación -entre otros agentes culturales- se han encargado de construir la imagen del violador como el de un psicópata, desposeído de toda capacidad de relacionamiento social o de empatía, un outsider, un enfermo, un desadaptado. Y cada año que indago con mis estudiantes al respecto, responden con la misma caracterización, ese es el perfil de violador que tienen en sus imaginarios. A los medios de comunicación les encanta tomar como referentes a Garavito o al mal llamado Monstruo de Montserrat para referirse al fenómeno de la violencia sexual cada vez que surgen debates en torno al aumento de la pena, a la cadena perpetua o incluso a la castración química.

Los ejemplos anteriormente mencionados existen, pero a la sociedad aún le cuesta identificar al violador como una persona totalmente adaptada a la sociedad en la que vive. Es una persona que en la mayoría de casos construye relaciones afectivas, que estudia, que labora, que produce.  A la sociedad aún le cuesta entender el concepto del “consentimiento” e identificar que hay violencia sexual cuando un joven se aprovecha de una chica que está en estado de embriaguez, o cuando el novio intenta tener relaciones sexuales con su pareja mientras esta duerme o se encuentra inconsciente.

Un informe publicado por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses titulado Delitos Sexuales en Colombia 2008 ratificó que las mujeres son las principales víctimas de delitos sexuales y que la vivienda es el escenario que concentra mayores casos. Igualmente se identificó que las víctimas son principalmente menores de edad (85,7%) siendo la franja de 10 a 14 años la más afectada. Según el estudio, el agresor del delito sexual es un conocido (74%) y dentro de ese porcentaje, un poco menos de la mitad corresponde a un familiar (41%). Los boletines epidemiológicos de los últimos años reiteran esta tendencia. En un análisis comparativo del 2015, 2016 y 2017[1] se muestra que las principales víctimas fueron nuevamente las mujeres menores de edad (80%), otra vez con una concentración mayor en la franja de 10 a 14 años. En estos boletines la vivienda también sigue siendo el principal escenario para la violencia sexual y el familiar el principal presunto agresor.

Una psicóloga de un hogar me comentó una vez el caso de una niña que tuvo un embarazo a los 11 años producto de una relación con un hombre que trabajaba en una obra construcción de una casa vecina. La menor no se reconocía víctima de abuso sexual, tampoco lo negaba, no lo entendía. Ella pensaba que ese hombre era su novio en secreto. Y a su corta edad, en las condiciones de vulnerabilidad social en las que se encontraba ¿cómo podría entender el concepto de violencia sexual? ¿Cómo podría resistirse o negarse ante la coerción o manipulación de un hombre mucho mayor que ella, con muchas más herramientas para aprovecharse de la situación?

La mayoría de casos de violencia sexual no son como se muestran en la película Irreversible. No se trata de un psicópata, escondido en un túnel oscuro, en altas horas de la noche, esperando a su próxima víctima. La mayoría de casos de violencia sexual, como lo muestran las estadísticas, se realizan a niñas menores de edad, en su casa y por conocidos, especialmente familiares. Seguir representando a los violadores como figuras desadaptadas, es desconocer la responsabilidad que también tiene la sociedad en la violencia sexual. De eso se trata la canción. La cultura de la violencia hacia las mujeres y hacia las identidades no hegemónicas, ha sido histórica y colectiva, avalada por el Estado e instrumentalizada por el mercado.

[1]https://www.medicinalegal.gov.co/documents/20143/57985/Violencia+de+G%C3%A9nero+en+Colombia.+An%C3%A1lisis+comparativo+de+las+cifras+de+los+a%C3%B1os+2014%2C+2015+y+2016.pdf

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