Una campaña ciudadana por el ‘sí’ en Cali

0

Por: Luis Felipe Barrera Narvaez

Politólogo con estudios en filosofía política. Analista político. Caleño constructor y promotor de paz.

Twitter: @luisfebarrera

Con la publicación del Acuerdo Final esta semana y la convocatoria al plebiscito para el próximo 2 de octubre, el pulso político por la paz se traslada a las urnas. En Cali, la promoción del ‘SÍ’ debe convocar a toda la ciudadanía, sensibilizarla y hacer pedagogía sobre los beneficios que tendría una Colombia sin la guerrilla alzada en armas.

La campaña para votar positivamente el plebiscito por la paz, no puede estar únicamente en las manos de la clase política o el presidente Santos. Y esto no puede ser así por dos razones elementales: la primera, porque la medalla de la paz es una conquista nacional y no una conquista de partido. Las consecuencias de la paz para el desarrollo del país, superan los límites de los gobiernos de turno y las fronteras ideológicas. La segunda, porque el desprestigio y la poca credibilidad que posee el gobierno y la política tradicional, haría naufragar el voto de opinión por el ‘Sí’.

La campaña por el ‘Sí’ debe trascender la confrontación entre Santos y Uribe. La paz es superior a los partidos políticos. Debemos despersonalizar el debate, como diría el padre Francisco de Roux, pues no está en juego el futuro político del presidente o del ex presidente. Está en juego nuestro proyecto como nación, que se enfrentará a ese otro proyecto vacío y desolador que significa la opción por el ‘No’ en el plebiscito.

Este inmenso esfuerzo de paz debe dejar de ser una política de gobierno para convertirse en una política de Estado y de la sociedad civil. La paz no le pertenece al presidente Santos, ni a Humberto de la Calle o Sergio Jaramillo. La paz está en manos de todos los ciudadanos que tienen el poder de refrendarla en las urnas y empezar a construirla desde las regiones.

El país no se les ha entregado a las FARC como dice el senador Uribe, sino al contrario, las FARC se entregaron al país. Venció la institucionalidad democrática sobre todas la combinación de todas las formas de lucha para el ejercicio de la política. Eso quedó consagrado en el Acuerdo Final. La revolución fracasó. La guerrilla de las FARC se disolverá, dejarán de existir como instrumento del terror para someterse a un proceso de justicia transicional e ingresar a la vida democrática.

La desintegración de la guerrilla no tiene otro propósito que frenar esa fábrica de víctimas que ha sido el conflicto y que ha dejado más de 8 millones de víctimas, de las cuales, al menos 2,3 millones fueron menores de edad, una cifra semejante al número de habitantes que tiene Cali.

Tenemos que leer todo en contexto, discernir y considerar que la paz es un logro moral de toda la sociedad colombiana. Esta imagen, clara y breve, es la que le debe llegar al hombre y la mujer de la calle, pero no puede provenir solo de la clase política, sino de la voz de otros ciudadanos. Ciudadanos que no caigan en la trivialización ni en la provocación a la que induce la polarización política. Ciudadanos notables que entiendan que el momento histórico para ponerle punto final al conflicto armado ha llegado. Que tengan esa sensibilidad para transmitir ese mensaje de paz y reconciliación, para que nunca más ningún caleño sea víctima de esta guerra absurda. De eso se trata esencialmente el Acuerdo Final definido esta semana por el gobierno y la guerrilla, busca erradicar para siempre el conflicto armado y que los colombianos podamos convivir sin matarnos por nuestras diferencias políticas. Que no tengamos que sacrificar más hijos en la guerra y podamos enfocarnos en una nueva agenda ciudadana para el desarrollo humano, afrontando la crisis de la salud, el desempleo, la corrupción política y la superación de las desigualdades. No se trata de decirle sí al ideario político de las FARC, sino de decirle sí a una democracia más humana, plural y legítima.

No es casualidad que Cali se haya convertido la semana pasada en epicentro de paz y desarrollo. Tampoco es casualidad que líderes cívicos como el alcalde Armitage, el arzobispo de Cali Darío de Jesús Monsalve o Alejandro Eder, director de la FDI Pacífico, y quien lideró ese maravilloso encuentro, estén sintonizados con este llamado de la historia y con la contextura cívica que demanda. Líderes sociales, espirituales y de opinión; empresarios, intelectuales, jóvenes, estudiantes, entre otros, están llamados a conformar esa concertación ciudadana en torno al ‘Sí’.

En el encuentro, quedó ratificado que quienes mejor pueden custodiar la paz no son los políticos tradicionales sino la ciudadanía informada, una que tome las riendas de la historia y asuma, con pragmatismo, grandeza y generosidad, que solo hay un mes para persuadir a nuestros amigos, familiares, vecinos y conciudadanos, de que la paz es el único camino para el desarrollo del país.

Esta campaña por el ‘Sí’ en el plebiscito, debe ser una campaña que formule un llamado ético, avive esperanzas y movilice corazones a través de las voces de auténticos líderes cívicos. Solo de esa forma los ciudadanos podrán adherirse con confianza a una campaña sin candidato pero con un sueño común muy claro: vivir en una sociedad sin conflicto armado. Los candidatos de la paz seremos todos.

Si gana el ‘No’ en el plebiscito, se acabará ese sueño colectivo. Muere la oportunidad de silenciar los fusiles. La renegociación es inviable. Devolver un río es imposible. Implicaría echar todo por la borda y condenarnos a vivir otro medio siglo más de deshumanización y muerte. Los ojos del mundo están puestos sobre Colombia. El pueblo colombiano y particularmente el caleño, no será inferior a este desafío vital.

 

Comments are closed.