Una nueva economía

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 Por Guido Germán Hurtado Vera

Historiador y Politólogo

Miembro del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Región Pacífico Colombiana, CIER Universidad Autónoma de Occidente

 Centros de investigación, ONG, columnistas e editorialistas de prensa, entre otros, han venido mostrando una serie de métodos de extracción minera que ponen en peligro la sostenibilidad del planeta. Las consecuencias de esta embestida del capitalismo son hoy cada vez más claras. Sobre todo en los países nombrados como del tercer mundo.

 En Colombia, los arriba mencionados, han coincidido en mostrar la relación negativa entre las tecnologías para la explotación de minerales y la sostenibilidad ambiental. Por ejemplo, para la extracción de oro se necesita del cianuro. Práctica que pone en riesgo la vida de las comunidades humanas. Se ha comprobado que una gran cantidad de ríos y cañadas de donde se obtiene agua para consumo humano están contaminadas por este metal.

 Según el Sistema de Información Minero Colombiano (Simco), el país produce alrededor de 55 toneladas de oro anualmente, que lo ubica como el décimo productor de oro en el mundo. Cálculos del Ministerio de Minas y Energía pronostican que para el 2019 se llegará a una producción de 80 toneladas. Comparativamente, el primer productor es China, con 260 toneladas.

 La Empresa Colombiana de Oro, Eco Oro Minerals Corp. (TSX: EOM), cuyo capital es canadiense, tiene un proyecto, tal vez el más importante, llamado Angostura. Está localizado en La Provincia de Soto, en las estribaciones del Páramo de Santurbán. El área total otorgada por la autoridad minera es de 14 millones de hectáreas. Si bien el proyecto no ha despegado por problemas de la licencia ambiental, planeaba utilizar (según datos de Rafael Prada, Defendamos nuestra agua de la gran minería.) 40 toneladas de cianuro al día durante 15 años que duraría la explotación.

 Las consecuencias de la embestida de ese capitalismo salvaje en Colombia no se han hecho esperar. Camilo González Posso (La renta minera y el Plan de Desarrollo 2010-2014) calcula que, 114 millones hectáreas que componen el extenso y próspero territorio, más de 8,4 millones están concesionadas para la exploración de minerales y más de 37 millones están tituladas para la exploración de hidrocarburos.

 Lo anterior señala que el daño ambiental causado por la minería es indiscutible.

 De las 45,4 millones de hectáreas concesionadas y tituladas un gran porcentaje no respeta Parques Naturales Nacionales ni reservas indígenas. Conjuntamente, la explotación extrema del suelo en actividades mineras por sus inmensas ganancias relega la agricultura poniendo en peligro un aspecto fundamental: la seguridad alimentaria. Adicional, los exiguos beneficios sociales y los niveles de violencia que la minería genera para una mayoría de los colombianos, ponen en cuestión esta práctica extractivista.

 Por todo lo anterior defiendo y divulgo la propuesta de Alberto Acosta, un economista y profesor ecuatoriano de la FLACSO, en un artículo titulado “Extractivismo y neoextractivismo: Dos cara de la misma maldición”. Plantea:

 “De lo que se trata es dejar atrás las economías extractivista dependientes y no sustentables, primario exportadoras, sobreorientadas al mercado externo, des-industrializadas, con masivas exclusiones y pobreza, concentradoras el ingreso y la riqueza, depredadoras y contaminadoras. Lo que se quiere es construir economías sustentables… Para lograr poner en marcha esta transición, es imperiosa una nueva y vigorosa institucionalidad estatal y una nueva forma de organizar la economía”.

 

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