Una Olla solidaria es esperanza en el oriente de Cali

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Son las 11:30 de la mañana en un sector del barrio Los Líderes de la comuna 21 y empiezan a llegar los que conservan la fe en que alguien les tendrá un plato de comida recién preparado.

Lo que desconocen muchos de los ‘invitados’ es que todas las mañanas, un puñado de hombres y mujeres líderes de ese barrio, se levanta con la gran incertidumbre de saber qué van a comer sus vecinos afectados por la pandemia, sobre todo aquellos que no tienen un bocado para ese día, pues no siempre hay manera de brindarles algo a los más desamparados, que de un momento a otro, quedaron sin una actividad que les permitía ganarse el pan con el sudor de la frente.

 “A las 6:00 a.m. ya estamos levantados y comenzamos a escribirnos o llamarnos entre vecinos para ponernos de acuerdo en lo que se preparará en el día. Previamente ya hemos visto que es lo que hay, con base a las donaciones y poco a poco vamos llegando al sitio donde nos espera el reto de preparar los alimentos”, dice doña Marta Rayo, quien lidera el proceso en la cocina donde se prepara el menú del día a unas 400 personas.

“La Olla Comunitaria nace de la solidaridad que tenemos como vecinos, cuando varias personas de la comunidad vienen a buscarnos y nos dicen que tienen hambre, que no tienen nada en sus hogares”, relató José Eduardo Sánz, presidente de la Junta de Acción Comunal del sector. 

Podríamos conocer muchas Martas o quizá usted conozca a un José en su barrio, pero estos son especiales. Junto a otros voluntarios se visten de héroes sin capas, pero sí se las arreglan con delantales, guantes, tapabocas y cuchillo en mano para concebir la forma de evitar que un vecino se acueste sin probar un bocado de comida. 

Son personas, como casi todos en el sector, humildes trabajadores o rebuscadores que se ven abocados a un confinamiento obligatorio para protegerse del Covid-19, pero que le ponen el alma y mucha voluntad para prestar un servicio del que solo esperan como pago, un “Dios se los pague” o un “muchísimas gracias”.

“Lo hago porque sé que hay muchas personas que tienen hambre, agradezco a los que han prestado esta casa para preparar esta comida. Vengo a dar esta donación para solidarizarme con la gente que tiene mucha necesidad de comerse una sopita”, dice doña María Nieves Muñoz, quien llegó con un aporte para la Olla Comunitaria.

Al lugar, ubicado frente al polideportivo del barrio, llegan unas 100 personas, que representan familias integradas por 3 o 4 personas, en busca de la prodigiosa ayuda.

“Son más de 76 familias, que nos da un número aproximado de 400 personas; hay familias hasta con once integrantes y a todos les entregamos alimentos”, precisó visiblemente preocupado el líder Sánz.

“Salimos a visitar cuadra a cuadra los vecinos, verificando que realmente que el que llega a la olla es porque no tiene que almorzar. Lo hacemos con recursos de donaciones, familiares, amigos, vecinos y la Secretaría de Desarrollo Económico también se ha unido a esta causa donde hemos podido llevar día a día un alimento a estos hogares”, aseguró otro de los líderes.

“La comunidad y el comercio se han unido para sumar esfuerzos, colocando un granito de arena y así poder sostener la Olla Comunitaria con fríjol, plátano, lentejas, arroz. Algunos también han donado dinero y así hemos podido brindar una comida balanceada cada día que lo hacemos”, explicó otro de los líderes del sector.

“Las dificultades que hemos tenido día a día para seguir son los recursos, que de momento no disponemos ya que son a través de donaciones, lo que hace que solo podamos brindar alientos día de por medio; no podemos todos los días porque depende del recurso que nos llegue, así mismo compramos los alimentos”, aseveró el Presidente de la JAC.

“Uno siente como si el corazón se le fuera a estallar con sentimientos encontrados porque todo lo que hacemos lo hacemos de corazón, porque nos nace, a nosotros nadie nos está obligando, nadie nos está pagando, muchas veces lo hacemos con las uñas”, dice Vanesa Ramírez, quien trabajaba como impulsadora, hoy desempleada pero apoyando la preparación de alimentos.

En Cali hay ya 20 ollas comunitarias, que nacieron como una iniciativa de la comunidad en diferentes sectores, en procura de una solución lo más pronto posible a satisfacer la necesidad de comida, a los más vulnerables durante la pandemia.

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