Una paz tarifada

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Por @Miguel_Mondrag


Soñador. Defensor de Derechos Humanos y de todas las manifestaciones de vida con justicia social y equidad. Gestor Social y constructor de paz. Administrador de Empresas. Especialista en Gerencia Social.

Al Presidente Santos últimamente y desde hace ya un buen tiempo, no le va muy bien en las encuestas, y para no preocuparnos de a mucho, convendría mejor pensar que solo reflejan una foto del momento: es lo que argumentarán siempre los desafortunados en las encuestas. La más reciente de la firma Datexco no deja a Santos ni a su gobierno muy bien parado con un 74% de impopularidad, y más grave aún que para más del 70% de los colombianos encuestados, un Presidente elegido popularmente vaya perdiendo la lucha contra la pobreza extrema, lo que nos lleva a una incertidumbre total.

Ni en seguridad ni en el delicado tema de los servicios de la salud se ven reflejados buenos resultados para el gobierno actual. No sé si será terquedad, vanidad o miopia o una evidenciada incapacidad para no autoevaluarse oportuna y seriamente, creyéndose quizás el cuento de que por la paz todo vale.

El tema es de cuidado porque además de pretender ‘hacernos la viola’ a los colombianos, de creernos ‘caídos del zarzo’, de insultarnos en nuestra inteligencia, está creyendo el Presidente Juan Manuel Santos que amparado bajo la sombrilla de la paz, una vez firmados los acuerdos, como por arte de magia, el lastre de desaprobación, incorfimidad, malestares y maluquería acumulada en el pueblo se va a disipar, ¿todo por la anhelada paz?

Equivocados están quienes creen que este será el fin de nuestros problemas, entre otros el de la guerra en Colombia, sin procesos de transformación y politicas de equidad y de superación de pobrezas no-asistencialistas, y que en adelante, las cosas se darán facilmente con un modelo perpetuado por castas políticas deslechadoras y marulleras. No podemos caer en ese sofisma de distracción, debemos entender que el verdadero, serio y delicado trabajo arranca precisamente con la firma de los acuerdos en La Habana, los que por experiencia y tradición de tantos acuerdos de paz históricamente pactados, terminan cumpliéndose a retazos y con resultados poco alentadores para las clases menos favorecidas, los empobrecidos y excluidos de los regímenes que oprimen y aniquilan.

Alcanzar, superar y trascender la paz en un pueblo engañado, en el marco de una nación sin rumbo de oportunidades para progresar, para superar pobrezas y juventudes sin esperanzas para la vida, reclutados por la muerte, no nos muestra un panorama nada alentador. Aquí recobrará importancia el concepto aclatorio de que el fin no justifica los medios, y que el fin en sí no es el gran objetivo superior, porque una paz duradera no engaña, no aniquila, no mata, no acaba las ilusiones, ni los sueños y menos las esperanzas de un país aguerrido, luchador y malicioso como el nuestro.

No dejo de cuestionarme: ¿El por qué de tanta impopularidad del gobierno Santos, por qué de tantos temores y prevenciones, a qué precio estaremos entonces ad portas de firmar la paz?. La paz del pueblo colombiano no puede ser tarifada!

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