Una vez más

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Por Óscar Gamboa Zúñiga

Las circunstancias de un encierro tan inédito como el que hemos padecido los últimos dos meses y medio, necesariamente nos llevan a encontrarnos con la intimidad del pensamiento sobre las cosas que suceden a nuestro alrededor.

En mi caso, y supongo que en el de muchas personas, hay interrogantes que en esa intimidad nos golpean como un martillo y es, ¿esto como va a terminar?, ¿qué sigue?, como sigue? Y las respuestas que encuentro, van arrastrando ciertos estados de impotencia frente a las realidades económicas y sociales en las que estamos insertos.

Frente a lo económico, de todo se ha dado como en las misceláneas. Aquí la desigualdad y la informalidad que la alimenta han quedado una vez mas al desnudo. Esto ha llevado a muchos a pensar menos en la disciplina de la cuarentena y se lanzan cada día a la aventura del rebusque, desafiando a las autoridades y al virus. Esto es hasta una irresponsabilidad entendible.

Frente a lo anterior, solo me referiré a tres escenarios: a. Los pequeños negocios que no pudieron sostenerse, tocaron puertas, nadie les dio la mano, y se fueron a una quiebra irreversible. Aquí se perdieron uno, dos, tres empleos, lo cual, al totalizarse en las ciudades y el país, son millones.

b. Las grandes empresas que han obtenido jugosas ganancias toda la vida, pero por una caída en sus ingresos, y que lleva solo tres meses, aprovecharon para poner el grito en el cielo, disminuir su personal, negociar disminución de salarios, pero también, recurrieron a créditos a largo plazo que los blindó de tocar sus patrimonios propios; y c. Los informales absolutos de los municipios recónditos de Colombia y que venden coco, plátano, pescado, la rodaja de piña, el salpicón, en fin,
el del rebusque diario que lamentablemente es prisionero del crédito infame del gota-gota.

Estos últimos, ante la falta de clientes por la cuarentena, no sé cómo han hecho para subsistir, no están en el radar de nadie, no son sujetos de crédito y estoy absolutamente convencido que allá no llega el bono de los $160 mil o $320 mil anunciado por el gobierno. Es imperativo a mi juicio, la renta básica transitoria que algunos parlamentarios han venido reclamando para darle oxígeno a estos sectores y que no vayan a morir del todo.

El Banco de la República podría “prestarle” al gobierno
ese dinero, con una emisión extraordinaria…o que se haga un crédito específicamente para ello.

Este problema hay que dimensionarlo porque la frustración y el desespero frente a la vida puede llevar a muchos a irse a la ilegalidad, aumentando la inseguridad en el campo y en los centros urbanos. OJO con esto.

Frente a lo social, ya sabíamos mucho sobre las asimetrías existentes para acceder a los servicios sociales del estado, en este caso particular, la salud. Aquí, se ha tenido que reaccionar a un alto costo porque se han perdido vidas, pero me parece que es la oportunidad para corregir el error histórico de haber dejado tirada la salud, a merced de las EPS y la sombrilla perversa de la corrupción de todos los pelambres y de nunca acabar.

Y a esto último quiero referirme para finalizar el mensaje de esta Columna. UNA VEZ MAS, la corrupción. Ya nada asombra, pero hacer pasar como muertos por covid a personas que mueren por otras causas, con el único propósito de pasar cuentas de cobro; demorar permanencia de pacientes en camas UCI para sumar al costoso cobro diario; alterar con sobreprecios los costos de la compra de tapabocas, medicinas, mercados, transporte, y todo lo que se mueva alrededor del coronavirus es de verdad llegar muy bajo desde lo ético y lo moral. Al incluir la coima en el sobreprecio, se dejan de comprar mas productos e insumos necesarios para enfrentar la crisis y en
muchos casos, mueren personas por falta de estos productos. ¡Que insensibilidad, que canallas, que inhumanos!

A veces escucho o leo sobre discusión de proyectos de ley en el congreso en plena época de pandemia, como declarar patrimonio nacional el carriel; o el de los apellidos paterno o materno; o que ya los padres no puedan regañar siquiera a los hijos porque es maltrato infantil, y me pregunto
si es que no estamos sintonizados con la pandemia y la GRAVEDAD de lo que se nos vino encima.

Mientras los corruptos y las corruptas no le teman a la justicia y mientras no se cambie la cultura en los pueblos de votar a cambio de los que me den, la pandemia de la corrupción seguirá por siempre y para siempre cargando a cuestas con las frustraciones y el dolor de no poder hacer nada frente a
un statu quo que erosiona nuestra democracia misma, con las consecuencias que esto lleva para las generaciones del presente y, sobre todo, las futuras.

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