Univalle logra patente para tratar el cáncer

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La investigación liderada por la Universidad del Valle es un nuevo procedimiento efectivo contra esta enfermedad basado en un nanocompuesto de dióxido de titanio (TiO2), modificado y estimulado con luz ultravioleta en un proceso de terapia fotodinámica.

Esto con el fin de vencer el cáncer disminuyendo o eliminando esos efectos secundarios que tienen tratamientos como la quimioterapia y radioterapia. Los investigadores de la Univalle se dieron a la tarea de indagar hasta llegar a un tratamiento por selectividad y localización específica, con prácticamente 0 por ciento de destrucción de las células sanas y un porcentaje de efectividad del 98 por ciento, sin mutaciones, contraindicaciones y mínimas posibilidades de presentar cáncer nuevamente.

Actualmente la investigación se encuentra en fase ‘in-vitro’ con el trabajo en laboratorio de células cancerígenas, especialmente, de cuello uterino.

“El dióxido de titanio es un compuesto químico con una amplia gama de aplicaciones. Al ser modificada su estructura molecular se convierte en un nanocompuesto, con nuevas propiedades que han arrojado resultados positivos en el tratamiento de las células cancerígenas”, indican los investigadores de la Univalle.

Por lo que, hace algunos días, mediante una resolución, la Superintendencia de Industria y Comercio le otorgó a la Universidad del Valle la patente de invención, para el proceso de producción de un compuesto obtenido mediante nanotecnología, que comprende tubos de carbono multicapa y dióxido de titanio para el tratamiento de cáncer.

Esta patente se dio gracias a una convocatoria de Colciencias. El grupo de inventores del procedimiento en mención está integrado por Rubén Jesús Camargo Amado, profesor de la Escuela de Ingeniería Química, sumado a José Óscar Gutiérrez Montes, Mónica Basante Romo y William Criollo Gómez.

“Actualmente estamos en pruebas en ratones con cáncer, después seguiría en animales más grandes y finalmente se realizaría en humanos. Hay un proceso entre seis y siete años de investigación ‘in vivo’ antes de llegar a los clínicos en humanos, de los cuales ya llevamos recorridos dos de esos años”, puntualizan los docentes.

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