Vainas que releo

0

jair villano barraLa Reforma Tributaria no se ha aprobado, pero en casa ya sentimos las consecuencias. No hay dinero para libros. Lo bueno es que tengo muchos, y de autores muy buenos. De suerte que les comparto las relecturas que he realizado.

Puro cuento, sí: puros cuentos…

-Me gusta releer mucho El pabellón número 6, ese cuento en el que Chéjov muestra la condición humana desde dos personajes, reflexiono cada que escucho las conversaciones entre el doctor Andréi Yefímych e Iván Dmítrich, cuando hablan del estoicismo, del abismo que hay entre la teoría y la práctica. El galeno es una persona culta que suele aborrecer la estulticia de los conciudadanos, Iván es una persona de muchas lecturas que un día despierta pensando en que lo van a atrapar y lo van a juzgar por un crimen que jamás cometió, una paranoia intermitente e incompresible. El pabellón número 6 es el triste lugar donde van a parar las personas con discapacidad mental, pues bien allá va a comparecer su insania Iván Dmítrich y ese mismo reciento Andréi lo va a conocer, al intercambiar palabras se percata que es una persona digna del diálogo. Sus razonamientos le atraen al punto que el doctor se convence que es la única persona, amén de un amigo que tiene, con la que se puede hablar en la ciudad. Naturalmente, esas visitas llaman la atención del cuerpo médico y en consecuencia el galeno termina siendo concebido otro merecedor de estar en el pabellón. Un placer leerlo: la prosa de Chéjov es refinada por su sobriedad, el argumento es tan sutil que despierta múltiples interpretaciones.  Chéjov refleja su círculo social ironizando sus características.

-Y si de delirios se trata el que padece el personaje de El Horla es escalofriante. Guy de Maupassant relata los días de un personaje que de repente comienza a sentir que un inefable ser lo persigue. El relato está tan bien logrado que a pesar de sus años el lector puede amedrentarse a medida que van transcurriendo las páginas. Maupassant fue discípulo de Flaubert, de ahí que no sea gratis la meticulosidad verbal al momento de relatar, hay quienes dicen que con este cuento y tantos otros de la misma índole Guy empezó a dar muestras de su enfermedad: sífilis. Este autor ha sido referente de eximios escritores como Chéjov y Tolstoi. Amén de este cuento sugiero Bola de sebo y La casa Tellier.

En esa misma corriente literaria, digamos que tanto el francés como el ruso (y a continuación el irlandés) coinciden en la ausencia de barroquismo, se encuentra Joyce y su magnífico libro Dublineses. De este, aunque es difícil escoger unos dado que la mayoría son buenos, me atrapan Dos galanes y Una madre (aunque sé que son mejores Efemérides en el comité y Los muertos), la sencillez con la que narra Joyce es admirable. Lo liviano que aparentan ser los relatos y la fuerza que se esconde en ellos. En Dos galanes Lenehan y Corley, dos jóvenes adultos, deambulan las calles de Dublin jactándose de sus hazañas, son estafadores sentimentales. Joyce es en ese sentido naturalista, pues en él libro hay un lectura del etos en la capital irlandesa.  Una madre narra los impases por lo que pasa la señora Kearney al tratar de conseguir un perfecto recital para su hija Kathleen, en este se vislumbran los prejuicios de la época y el amor materno: ciego y tenaz desde y hasta siempre.

Además de El Gran Gatsby Scott Fitzgerald dejó cuentos como El curioso caso de Benjamin Button, un relato que podría ser visto como una sátira al comportamiento humano: el que es grande actúa como chico y el que es chico actúa como grande. O simplemente es uno de esos textos de argumentos inverosímiles pero de tratamientos memorables: Bejamin Button es un bebé que nace como  anciano y que termina siendo un anciano que parece un bebé. David Fincher llevó a la pantalla chica parte del argumento del texto; si es David Fincher es exitoso, fue nominada al Óscar, pero Fincher no necesita uno de esos.

Es, entonces, momento de pasar a laberintos, desiertos y remotas mitologías: hablemos de El Aleph de Borges. Este libro es tan vasto que cada visita a su universo es infinita, quiero decir que con muchos de sus cuentos no se puede emplear el verbo releer, dado que una nueva lectura es una nueva perspectiva, no hay nada definitivo; todo es incierto. El inmortal, Abenjacán el Bojaría muerto en su laberinto, Historia del guerrero y la cautiva, La escritura de Dios, La otra muerte, El Aleph. En Borges la relectura es obligatoria, su descripción es impecable y su prosística exquisita. Son tan densos sus cuentos que me tiembla la mano al tratar de arrojar aquí una impresión.

Como me queda poco espacio voy a soslayar a Rulfo y a Cortázar (un pecado capital hacerlo, ciertamente, pero ya me las arreglaré en el infierno); leí hace poco un cuento de Sacheri cuyo nombre es Esperándolo a Tito. Amantes del fútbol del barrio, del potrero, del equipito. Es imposible no evocar con este cuento esos días en el que lo más importante era salir a jugar pelota con los amigos, en el que el campo de batalla, el honor, el orgullo, quedaba a la suerte de la victoria o la derrota. Ese afán por acabar en la cancha con el equipo rival. Esperándolo a Tito es la espera de unos amigos por Tito, un reconocido futbolista que prefiere poner en pellejo su profesión por ir al partido con el eterno rival: el equipo del barrio. Es la muestra de la pasión que desencadena este deporte en quienes lo practican, de cómo un equipo puede trasegar en familia. Esperándolo a Tito es una oda a todos aquellos que crecimos en una cancha de fútbol.

Quise hablar de Nabokov, Sartre, Hemingway, Cortázar, García Márquez, Rulfo y hasta de Tomás González, pero solo me alcanzó para esto… y esto:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

¡Qué miedo!

@VillanoJair

Comments are closed.