Vargas vs Cárdenas

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Por Camila Zuluaga

@zuluagacamila

Que el gabinete de gobierno tiene varios aspirantes a la presidencia en el 2018 no es un secreto para nadie. Que por cuenta de esta realidad están enfrentados los unos a los otros, tampoco. Que la economía y las finanzas del país están algo apretadas por cuenta de los bajos precios del petróleo a nivel mundial, mucho menos. Y que tenemos que ahorrar y escoger bien los gastos que vamos a tener tanto en nuestros hogares como a nivel nacional lo sabemos todos.

Si somos concientes de la realidad anterior, como creo que lo somos, podremos entender la reciente tensión que salió a flote entre el vicepresidente Germán Vargas y el ministro Mauricio Cárdenas. Los nombro a conciencia en ese orden, porque la molestia viene del primero hacia el segundo.

Sabemos que Vargas Lleras quiere ser presidente y que está dispuesto a lo que sea para lograrlo. Me atrevería incluso a decir que aceptaría malgastar las finanzas publicas en aras de lograr su cometido. Por eso, el año pasado, para garantizar su llegada a la Casa de Nariño como máximo jefe de gobierno en el 2018, negoció con el presidente Santos que manejaría los ministerios de infraestructura, siendo plenamente conciente de que en Colombia la política se hace a corto plazo, plasmada en obras que después traerán votos.

El problema que el doctor Vargas ha tenido en la consecución de su objetivo es que la plata que necesita para la adjudicación de sus obras debe ser autorizada por el Ministerio de Hacienda, que afortunadamente cuenta con gente técnica que revisa si las solicitudes de dinero cuentan con todos los requisitos para desembolsar los recursos. Pero lo que pasa, es que el vicepresidente anda a diestra y siniestra anunciando obras publicas, como la ampliación del aeropuerto El Dorado, sin tener claro de donde va a salir la plata, y se molesta cuando la pide y no se la dan. Es como el niño que le dice al papá que le compre todos los juguetes y lo lleve a Disney, sin ni siquiera pensar si este tiene el presupuesto para hacerlo, y ante una respuesta negativa entra en llanto formando un berrinche.

El presupuesto hay que manejarlo con cuidado, y bien o mal, en medio de todos los problemas y dificultades, Colombia ha sido una “niña” juiciosa en el continente con el manejo de su economía. El presidente Santos sabe bien que de las cosas de mostrar de su gobierno está el manejo económico; por eso, de manera astuta y muy sagaz aceptó que Vargas manejara unos ministerios, pero controlado por el perro guardián de la plata, que es Cárdenas.

Con la tensión al cuello, sin más obras que anunciar, el vicepresidente estalló en cólera y vocifero a los cuatro vientos que el ministro de hacienda le estaba frenando todo. ¿La intención? Generar presión desde la opinión publica hacia el ministro y así obligarlo a ceder ante sus caprichos. Técnicas sucias, típicas de quien no le importa nada más que su objetivo.

Ahora, si fuera cierto que desde el Ministerio de Hacienda, deliberadamente, quisieran frenar el propósito de Vargas de llegar a la presidencia por cuenta de las mismas aspiraciones presidenciales de Cárdenas, como lo piensa el vicepresidente, no estarían dándose el lapo político de tramitar la venta de ISAGEN, pues es precisamente con ese dinero con el que el gobierno tiene pensado financiar las famosas 4G.

Por eso hago un llamado a la responsabilidad y la cordura; que el vicepresidente entienda, como lo hemos entendido los colombianos, que debemos apretarnos el cinturón y que no hay plata para todo lo que queremos. Hay un déficit fiscal importante, que el gobierno está intentan financiar con el recaudo de los nuevos impuestos instaurados en la ultima reforma tributaria, que de hecho, según reporte de la DIAN, los colombianos estamos pagando de manera juiciosa.

Son muchos los sectores que reclaman presupuesto: educación, justicia, agricultura, las ciudades… No puede esperar el vicepresidente que por cuenta de sus caprichos presidenciales la plata debe ir solo para él.

Una cosa más: Estoy convencida de que David Luna, el nuevo ministro de las TIC, es un funcionario aplicado y bien intencionado. Lamentablemente estas características no son suficientes para manejar una cartera que muchos creen de segunda, pero que es realmente importante en la era tecnológica en la que hoy vivimos.

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