Venezuela: las dos caras de la moneda

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Camila ZuluagaPor Camila Zuluaga
Twitter: @ZuluagaCamila

No han sido fáciles las últimas semanas para el pueblo venezolano. La opresión hacia los opositores, por parte de quienes defienden un Gobierno que desde que fue elegido generó resistencia, cada vez es más frecuente. El mundo se solidariza con un país dividido políticamente, que hoy ve a su gente enfrentándose en las calles. Sin embargo, es imperioso, a pesar de ser casi imposible, observar la situación sin sesgos, lejos de los dañinos apasionamientos.

Es cierto que Venezuela es un país con indicadores económicos preocupantes como consecuencia de la política aplicada en esta materia desde que se asentó el gobierno de Hugo Chávez. Los ciudadanos han visto girar sus tradiciones de libre mercado y competencia hacia un restrictivo y fallido modelo económico. También es cierto que muchos venezolanos han tenido que salir de su país en busca de territorios que les permitan seguir viviendo como antiguamente lo hacían. Colombia ha sido receptor de varios de ellos, de hecho, hemos visto cómo su llegada ha dinamizado la encomia de nuestras ciudades. Tampoco se puede negar el maltrato que han padecido los medios de comunicación, que durante los últimos años se han visto en la necesidad de cerrar o, en su defecto, han tenido que dejar de informar. 

Todo lo anterior y mucho más es cierto, el sol no se puede tapar con un dedo, pero es necesario saber cuáles son las otras realidades que se viven en Venezuela para hacer un análisis juicioso de la problemática.

Es cierto que a pesar de las manifestaciones de estos días, hay una población que ya en varias oportunidades se ha expresado en las urnas y eligió al gobierno de Maduro, heredero del chavismo.  También es verdad que los mecanismos utilizados para lograr esos apoyos han sido populistas y poco deseables. Pero más allá de eso, hay un sector importante de la población que está contenta con el Gobierno y sus políticas. Además, ¿cuántos gobiernos latinoamericanos no se sirven de lo que hoy en Colombia llamamos “mermelada” para mantener contentos a sus electores? ¿Gobiernos como el nuestro no están entregando casas? ¿No están entregando tabletas a la población?  No es lo mismo, lo sé, pero son conductas que guardan similitud.

En ese orden de ideas, más allá de defender una política o una forma de Gobierno, es importante ver que además del pueblo que hoy vemos que se manifiesta en las calles de Caracas, hastiado de su situación, también hay un pueblo que está contento con lo que le han ofrecido.

El presidente Maduro, en medio de tantas frases con y sin coherencia pronunciadas en sus discursos, dijo algo que debe ponernos a pensar sobre la situación que vive su país. Particularmente, en la respuesta que le dio al pronunciamiento de presidente Santos se refleja esta situación. Maduro, palabras más palabras menos, le dijo a Santos: quiero ver qué pasaría si hubiera unas personas manifestándose en frente de la Casa de Nariño pidiéndole que se vaya del poder, cuando su gobierno ha sido legítimamente elegido. ¿Qué respondería usted, señor Santos?

Entonces, más allá de todo, esa es la realidad en Venezuela nos guste o no: hay un Gobierno elegido popularmente por un poco más de la mitad de la población, que la otra mitad no puede pretender desconocer y querer sacar así como así. Es la tiranía de las mayorías, ya lo sé, pero es uno de los ingredientes de nuestras mal diseñadas democracias.

No por nada, la oposición, que en parte también tiene su responsabilidad, hoy está dividida entre la intención de Leopoldo López de exigir la salida de Maduro, mientras la idea de Capriles es negociar y entrar en diálogo para no generar el caos que hoy están viviendo. Ha sido desordenada y poco coherente la oposición en Venezuela, eso también le ha dejado campo al chavismo para permanecer en el poder y hacer de las suyas, pero eso es harina de otro costal. Aquí lo sobre lo que quiero enfatizar es que es mejor buscar una salida negociada, hablada, entre compatriotas, que intentar armar una revolución que no hará otra cosa que dejar más muertos y un terrible caos institucional.

Apelar a la comunidad internacional, como lo han querido muchos, es una apuesta arriesgada pues poco o nada podría hacer. Estados Unidos hace mucho rato dejó de preocuparse por América Latina, sus intereses no están aquí.  Por otro lado, el “realismo” se apodera de las diplomacias latinoamericanas, lo que hace que se permita que en los asuntos internos de cada país nadie se meta.

Lo que está sucediendo en Venezuela es el resultado de lo que hicieron y dejaron de hacer sus ciudadanos. Todos tienen un grado de responsabilidad y es momento de asumirlo. Por ello lo más sensato –si es que algo es sensato en esta situación– es sentarse a dialogar y pensar en aquellas transformaciones posibles a través de la mejor arma que tiene el ser humano: la deliberación.

Una cosa más: Son fuertes los rumores de aquello dicho por Capriles: Maduro tiene que temer realmente de que el golpe no se lo de la oposición sino el mismo Diosdado Cabello. Dicen que aquellos que eran tus amigos, cuando se voltean son tus más peligrosos enemigos.


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