Viaje al interior de la fábrica de mundialistas

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Un recorrido por la Escuela Carlos Sarmiento Lora, cuna de mundialistas y figuras reconocidas del fútbol profesional colombiano. Crónica de cómo se forma a una promesa del balompié nacional.

La institución tiene como objetivo formar jóvenes con talento para el fútbol y calidad humana /Foto: Juan Camilo Palomar
La institución tiene como objetivo formar jóvenes con talento para el fútbol y calidad humana /Foto: Juan Camilo Palomar

Por Juan Camilo Palomar

Deportes@elpueblo.com.co

Viajé convencido de que encontraría la fórmula que tiene la fábrica para formar jugadores de calidad mundial, como ocurrió con Óscar Córdoba, Faustino Asprilla, Miguel Calero, Farid Mondragón y Mario Yepes.

Como en toda fábrica, la producción se encuentra alejada de la administración, así que decidí conocer primero la sede administrativa de la Escuela Carlos Sarmiento Lora, un fortín a la ribera del río Cali en donde reposan, principalmente, los expedientes de los jugadores de élite que la escuela ha formado en casi toda su historia. Cientos de expedientes conforman una gran caja fuerte del tamaño de un cuarto, que –como en los bancos- se encuentra detrás de las oficinas visibles a la entrada, protegida por varios filtros de seguridad.

En la entrada, un gran collage en alto contraste, resaltando el verde de las camisetas, recibe a los visitantes de la sede. Aquí vienen padres de familia cuando quieren realizar la inscripción de sus hijos a la escuela, los primeros días de cada mes, para entregar los documentos necesarios que permitan crear el ya nombrado expediente.

Luego de anunciarme, Mario Alejandro Desiderio, el hijo de Mario Óscar Desiderio y psicólogo de la institución, me recibe. A él la pasión por el fútbol que inspiró la carrera de su padre le alcanzó para trabajar en familia con este proyecto de formación deportiva en el que ha creído el mítico Desiderio por 27 años. Una vez, recuerda, en el Pascual Guerrero su padre le tiró la pelota sobre el césped y le dijo: “pásame el balón, hijo”, y Mario Alejandro lo agarró con las manos para luego entregárselo a su papá. En efecto, en este caso no se cumpliría luego esa norma popular de que el hijo debería jugar como el papá, cuando este ha hecho historia en el fútbol.

Mario Óscar ‘El tranvía’ Desiderio es una de las grandes leyendas del Deportivo Cali, que llegó como refuerzo de O’Higgins de Rancagua en 1967 y dejó huella en su paso por el cuadro azucarero. Ganó cuatro títulos y un subcampeonato en seis años, lo que le bastó para quedarse a vivir en la ciudad, hacer una familia –tener a Mario Alejandro- y dedicarse, después de su retiro, a compartir las enseñanzas que le dejó el fútbol donde fue ídolo.

En sus inicios en la Sarmiento, Mario Yepes fue delantero, aunque sin mucha técnica, sabía marcar de cabeza por su estatura /Foto: Juan Camilo Palomar
En sus inicios en la Sarmiento, Mario Yepes fue delantero, aunque sin mucha técnica, sabía marcar de cabeza por su estatura /Foto: Juan Camilo Palomar

Lo siguiente fue revisar los expedientes de Mario Yepes y Faustino Hernán Asprilla Hinestroza, unas carpetas que contienen recortes de periódicos caleños e italianos que relatan las deslumbrantes capacidades de ambos. Está sus carné de ingreso a la Sarmiento y una pequeña reseña escrita a computador que cuenta año a año sobre el rendimiento de cada uno en su paso por la escuela formativa y luego de élite. También los carné de Jaime ‘El Tanque’ Ruiz en copas como la Tutti Fruti, conocida nacionalmente por haber sido una de las que consagró al pequeño Radamel Falcao, o la Pony Fútbol, paso obligado de los que van camino a ser profesionales.

A Mario Alberto, que pasó recientemente por estas oficinas para dejarle al gerente Daniel Azcárate, el banderín del Atalanta, se le ve en un carné de la Difutbol de 1988 en la categoría infantil, con el número 9 ligado a sus datos. Es el delantero de la infantil. Ese mismo año, por ejemplo, Faustino Asprilla ya debuta con el equipo de la Sarmiento en el Campeonato Nacional Segunda División, donde fue visto por el Deportivo Cali y luego por el Nacional.

Del puente para allá

Para llegar a la sede principal de la Carlos Sarmiento Lora hace falta salir de Cali por el puente de Juanchito y cruzar a la derecha por el primer callejón que se encuentra quien sale de la ciudad. Unos cien metros adelante, al menos dos o tres cuadras hacia el fondo, un letrero grande y descolorido ya por los años advierte que se trata de Pan de azúcar, la sede deportiva del club. Esa es la ‘dirección bugueña’ con la que se puede llegar, ya que con la numérica la gente se pierde, me había dicho Rigoberto Vélez Gallo, el coordinador deportivo.

El profe Mario entrena al grupo gorrión en trabajos con el balón, pues no concibe el fútbol táctico sin lo técnico
El profe Mario entrena al grupo gorrión en trabajos con el balón, pues no concibe el fútbol táctico sin lo técnico

Al entrar busqué a ‘Montoyita’, el utilero más popular de la Escuela porque su historia ha estado ligada a la Carlos Sarmiento Lora desde su fundación, hace ya 30 años. Junto a él, el conductor del bus que trae a los niños de élite y del programa formativo se lleva  también el premio a la mayor antigüedad en la institución. Ellos, especialmente, le profesan un alto sentido de gratitud al nombre de María Clara Naranjo, heredera del Ingenio San Carlos que sostiene a la escuela.

Ese mismo cariño se percibe en las camisetas colgadas en cuadros que adornan las oficinas de la sede deportiva de Pan de Azúcar. Está la número 20 de la Selección Colombia Sub 17 que lució Alveiro Sánchez, hoy jugador del Deportivo Cali. Está la 9 tricolor de Carmen Rodallega, quien luego de su paso por la Selección se convirtió en profesora en la Carlos Sarmiento del programa de formación en fútbol femenino. También la de Cristian Lasso en su debut con la verdiblanca del Cali, y la del juvenil Víctor Arboleda en su paso por la Sub 15 de Colombia.

De años más atrás está la de Franco Faustino Arizala, que lució el número 20 en el Festival Internacional Esperanzas de Toulon. De Mario Alberto Yepes tiene la número 3 de Colombia en las eliminatorias a Brasil 2014, acompañada de un corto mensaje que refleja el apego de cada futbolista que por aquí pasa para la privilegiada heredera: “Para María Clara, con mucho cariño. Gracias. De Yepes #3”.

Más allá de los cuadros, sólo los trofeos recuerdan la gloria de la institución que más jugadores ha formado al fútbol profesional colombiano, y luego al fútbol internacional. La sala de reuniones está plagada de trofeos nacionales, regionales y departamentales que se han cosechado en 30 años de historia. Ninguno lleva grabado el nombre de los gestores de esas conquistas, pero en gran medida, me dice ‘Montoyita’, muchos de esos trofeos se atribuyen al trabajo del profe Desiderio.

El Tranvía ha enseñado su técnica y conocimientos a jóvenes desde las categorías gorrión, pre infantil, infantil, pre juvenil, juvenil y mayores. Por sus clases sobre el césped, que dicta puntual entre 3:00 y 4:30pm las tardes de lunes, miércoles y viernes, han pasado pequeños soñadores como Miguel Calero, Óscar Córdoba, Farid Mondragón, Faustino Asprilla, Mario Yepes, Arley Betancourt y Arnulfo Valentierra.

“A Fausto le dábamos cuatro veces a la semana los pasajes Cali-Tuluá, Tuluá-Cali en Expreso Palmira, y él de los cuatro días venía tres. Siempre venía los viernes porque el sábado y domingo teníamos partido. Él llegaba y yo lo ponía, aunque los otros niños se me enojaban porque sí venían todos los días y él no, pero lo que pasa es que entraba Faustino a la cancha y… sacate el sombrero, un monstruo” me cuenta con ese acento argentino que los más de 40 años en Cali no le han podido borrar al profesor Desiderio.

Este fue un regalo de Mario Yepes en eliminatorias a Brasil 2014 para María Clara /Foto: Juan Camilo Palomar
Este fue un regalo de Mario Yepes en eliminatorias a Brasil 2014 para María Clara /Foto: Juan Camilo Palomar

Sobre Mario Yepes, hoy mundialista con la Selección Colombia, recuerda que no era el más técnico, pero su gran talla le permitía hacer goles: “Era un flaco que de técnica era regular, lo tenía de centro delantero. Eran Héctor Hurtado, Mario Alberto (Yepes) y Milton Rodríguez los tres delanteros. Luego el profe Reinaldo Rueda lo metió de defensa y mirá qué defensa salió”.

Al desaparecido Miguel Calero, cuando se lo trajeron de Real Independiente de Ginebra, no le tenía mucha fe al principio, pero igual lo metió desde el primer partido: “lo puse a debutar en el Pascual Guerrero en la prejuvenil contra Real Sociedad, en la preliminar de Cali – Nacional. Ese día perdimos 2-0 y los dos goles que le hicieron a Miguel fueron por la galleta. Y mirá luego a dónde llegó”.

Y por eso su filosofía es clara. Se refleja en lo que veo del juego que practican sus pupilos en la cancha. Al jugador, dice, hay que darle el balón, porque esa es la figura principal. Sus niños juegan y se divierten. Es como un Barcelona chiquito, que toca y toca el balón entre sus jugadores para ir tejiendo la opción de gol. Jugando se aprende, le enseñó el ex jugador y técnico paraguayo César López Fretes.

Suena como si al profe Mario Desiderio, ese argentino bonachón que se enamoró de Cali, le valiera su ejemplo para enseñar. Entrena con su historia. Piensa con cierta melancolía que el fútbol de ahora es más físico que técnico, y por eso no hay lugar a taquitos, rabonas, túneles y demás lujos por los que fue conocido su fútbol. Al final, dice como dejando pistas a mi interrogante, lo que importa es ser buena persona. Saber jugar al fútbol y tener valores humanos que lo acompañen. Eso dice el refrán: forma al hombre, hace al futbolista. Eso dicen las camisetas que veo en los niños que entrenan: amistad, respeto, tolerancia, solidaridad, honestidad… Esa parece ser la clave de la fábrica de mundialistas.

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