¿Viene el populismo uribista contra el clientelismo histórico?

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Floro Hermes Gómez PinedaPor Floro Hermes Gómez

Twitter: @Florohermes

Cuando el pasado sábado 26 de octubre, la convención del Uribe Centro Democrático (antes Puro Centro Democrático) escogió al exministro de Hacienda y Crédito Público Óscar Iván Zuluaga como su candidato presidencial, quedó clara la estrategia populista uribista de venderle al país que la cuestión es “guerra versus paz”, que muy clara quedó en la frase que pronunció el candidato: “La paz no está en La Habana, la agenda nacional no se discute con las Farc. La paz está en los cinco pilares del Uribe Centro Democrático”.

Así las cosas, en el cuadrilátero político nacional, se ubicó en una esquina el establecimiento populista caudillista carismático militarista uribista, y le dejó la esquina opuesta al establecimiento gobiernista moderno clientelista, en una confrontación que no asusta a la élite del poder porque sabe que todo concluirá, en el peor de los casos, en la coexistencia de un clientelismo populista (ya vivido entre 2002 y 2010), con graves consecuencias políticas, pero con muy buenos resultados para la institucionalidad política y económica extractiva que impera en Colombia.

Por el contrario, la confrontación es muy buena para la élite del poder, porque será un combate “establecimiento versus establecimiento”, invisible a los ojos del común de las gentes, que producirá el espejismo de una confrontación “retardatario versus modernizante”, “autoritarismo versus institucionalismo” o “regionalismo versus centralismo”, la cual servirá para continuar ocultando la incapacidad del sistema político para resolver los requerimientos sociales, escondiendo la precaria organización institucional (aunque esta ha venido fortaleciéndose) y disfrazando la satisfacción de viejas y nuevas necesidades a costa de los recursos del Estado.

En conclusión, vendrá para los electores comunes y corrientes la apariencia de una “confrontación a muerte” entre el caudillismo militarista arrebatador del Uribe Centro Democrático y el antipático clientelismo del Gobierno de la Unidad Nacional; pero para los políticos de carrera vendrá una aburridora campaña cuya única opción es optar entre una fracción del establecimiento bajo el liderazgo carismático de Álvaro Uribe Vélez y otra bajo el gobierno de Santos con los partidos políticos colombianos, como consecuencia de la división provocada por la, hasta hoy, ineficaz negociación de La Habana.

Lo anterior quiere decir, por una parte, que nuevamente el árbitro electoral serán las Farc-EP y, por la otra, que si se acuerda el fin de la guerra antes de las elecciones legislativas, la opción la tendrá la derecha clientelista tolerable no populista del gobierno de la Unidad Nacional; pero si no se firma, la alternativa será para la no clientelista derecha populista insoportable del Uribe Centro Democrático.

Luego, en las próximas elecciones estaremos debatiendo realmente entre mantener o profundizar la conservatización del país, situación ante la cual el liberalismo colombiano tiene la palabra; es decir, del seno del Partido Liberal Colombiano deberá surgir la voz que confronte a una y otra fracción del Establecimiento, lo que significa que podríamos estar ante la opción de concluir la revolución liberal de independencia, para de esta manera hacer entrar a Colombia dentro de la Modernidad.

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