Vientos de pobreza

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FranciscoPantojaPor: Francisco Javier Pantoja Pantoja

Magister en Economía Aplicada

@fjpantoja

Cualquier ciudadano tiene claro que la “subienda” en el precio del dólar ha encarecido la compra de productos importados.  En tanto, a menos que sean de primera necesidad saque de su dieta el maíz argentino, las lentejas canadienses y los mangos peruanos, porque Colombia hace rato dejó de sembrar estos, entre otros alimentos.

Aquí la agroindustria no despegó o nunca se ha iniciado, el país se dedicó a la extracción de minerales y a importar lo que podía producir, lo que al final ha fortalecido las economías vecinas, en donde es una prioridad el sector agropecuario con tecnología de punta. No obstante los mangos colombianos se pudren en el suelo.

Pero el eje central de esta columna es el dólar que va para arriba, más arriba, en las nubes y el precio del petróleo abajo, como por un tobogán, las dos caras de la economía colombiana. El asunto es que al final del día, lo que se vende es más barato y lo que se compra más caro, en sumas y restas Colombia es más pobre que la semana pasada.

No hay dedo que pueda tapar la realidad del sol económico. La industrialización viene en picada y el sector servicios aunque en expansión carece de tecnología y de valor agregado, las ventas de masajes y de minutos a celular no llevarán esta economía al desarrollo.

¿Cuándo las piñas dulces de Santander de Quilichao se venderán en el mercado del Perú o Chile? Equilibrando, por lo menos, las cantidades de manzanas que de esos países nos llegan. De solo petróleo no se puede vivir, con este producto no se sabe que le espera a la vuelta de la esquina.

Pero la cosa no termina, apenas empieza y los ventarrones pueden pasar a huracanes. El timonel de la economía afirmó que en el segundo trimestre la economía creció. Un crecimiento lejos de la meta propuesta a principio de año, aunque con el consuelo de que es superior a otras economías latinoamericanas. Mensaje claro de que cuando se está en medio de mediocres, la mediocridad propia no se nota.

Sin embargo, la autoridad monetaria deja que la gente se embriague, dedicados a endeudarse, al crédito a comprar televisores, después vendrá el guayabo y no habrá para comprar el Alkaseltzer.  La ausencia de intervención dejará en el abandono al ciudadano de a pie que terminará sufriendo las inclemencias de los altos precios. El Banco no quiere sacrificios presentes sino futuros y en el largo plazo, como acuñó, Keynes “todos estamos muertos”.

El pesimismo económico antes descrito no es culpa del escritor, tampoco es una advertencia, es la realidad de una economía que no se prepara para los vendavales que vienen de otros países. Ante la inminente crisis, el Gobierno Nacional empezó a hablar en términos de austeridad presupuestal y por esta vía acaba de presentar al Congreso un recorte en la inversión para el 2016. La inversión para ese año, según el presupuesto, tiene un bajonazo del 11% frente al 2015 por obra y gracia de la caída de la renta petrolera.

La economía es un dómino, cae la primera ficha y el resto, en cuestión de minutos estará en el suelo: el contagio es inminente en los departamentos, por tanto, en el Valle del Cauca lo único que no tuvo recorte fue el crecimiento de la población, en tanto la inversión del gobierno central disminuyó en un 4,25 % frente al 2015. Se pasó de $2,7 millones por persona en el 2015 a $2,6 mil en el próximo, menos plata para darle solución a tantos problemas, aunque no tan golpeado como el Cauca en el que la reducción fue de 25,8%.

Al mal tiempo buena cara, el reto de los nuevos mandatarios será gobernar con menos recursos, este cuello de botella pondrá a prueba el carácter, la autoridad, la alta gestión, el conocimiento de lo público, además de excepcionales vínculos del elegido con el nivel central del gobierno, por tanto amigo lector, gran parte de la solución está en su mano.

Llama la atención que de los recursos antes mencionados el 20% será para inclusión social y solo el 5% para educación, al parecer se privilegiará la convivencia inmediata y menos esfuerzo en educar para aprender a convivir. Así las cosas, el ciudadano no alcanzó a abrir el paraguas antes de este aguacero con tempestad, las sombrillas están guardadas en el Banco de la República.

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