Virunga

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@VillanoJair

La belleza del Parque Nacional Virunga, ubicado en el oeste de la República Democrática del Congo, corre el riesgo de desintegrarse por cuenta de la extracción de petróleo que contempla llevar a cabo Soco, una compañía de exploración de gas británica.

Los guardabosques del Parque Nacional, fieles protectores de las especies que habitan el parque y en especial de los gorilas de montaña, quienes están en vía de extinción, han decidido enfrentar las fuerzas que se oponen a la conservación de este patrimonio de la humanidad, que la Unesco declaró en peligro, sin importar los agravios que pudieran emerger de su defensa. Las fuerzas están integradas, según relata Mélanie Gouby una periodista francesa, por obscuras y siniestras alianzas entre Soco y el M23, el grupo alzado en armas que desde 2012 ha generado desplazamientos forzosos en ciudades como Goma.

La periodista, en un trabajo de loable gallardía, se logra entrevistar con miembros del M23 y de Soco, lo hace desde luego de manera subrepticia, escondiendo entre sus prendas de vestir cámaras que hacen inequívocas sus declaraciones.

-“No pueden explotar petróleo sin nosotros”, le aseguró un portavoz del M23 a Mélanie en relación a Soco.

Un miembro del Parque Nacional hace la misma actividad y logra evidenciar los sobornos ofrecidos por el capitán Feruzi, quien está a favor de la exploración de Soco y quien por supuesto cuenta con su apoyo.

Esto y otras cosas se pueden encontrar en Virunga, el excepcional documental de Netflix que narra este desolador caso entre la variopinta belleza que circunda al parque de colores, sonidos y múltiples sensaciones.

El documental además muestra el incondicional afecto que sienten las personas de un orfanato de gorilas que ponen en riesgo su vida por mantener a salvo la de los primates, un trabajo en el que lo cautivante se cruza con la desagradable mezquindad de una compañía que le resulta indiferente el costo ambiental, que cohonesta la descomposición del ecosistema siempre que en este repose eso que la sociedad demanda sin preguntarse de dónde sale ni los mecanismos a los que se incurrieron para conseguir… petróleo, el oro negro, o la sangre negra, como lo llaman en algunas partes.

Una investigación que vale la pena observar con detenimiento máxime ahora que en todas partes se alude a la caída del precio internacional del crudo; digo que observar con detenimiento porque avezados analistas siguen haciendo hincapié en lo lesivo que es para las economías está caída, mas no en lo lacerante que es la extracción del mismo en territorios donde el sistema biótico es de condiciones lábiles y por lo tanto no es adecuado extraer del subsuelo lo que mantiene arriba los guarismos.

Un trabajo que suscita preguntas que la romería informativa ensombrece: ¿de dónde salen los minerales de los cuales se componen nuestros artefactos? ¿De dónde sale la gasolina con la que nuestros vehículos se transportan, el coltán de las computadoras, el níquel de los accesorios navideños, el oro de los pendientes, el diamante del anillo ? Es así como también se puede desprender del contenido del mismo la reafirmación de la displicencia humana cuando se trata de satisfacer sus más superfluas veleidades.

“Comprar un celular robado es cargar con un muerto”, rezaba hace un tiempo una campaña del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, ¿consumir el petróleo a sabiendas de la degradación socio-ambiental que suele ocasionar las compañías mineras en las comunidades donde ejercen su trabajo no equivale a cargar con una muerte?

Una contagiosa hipocresía de la cual se hace difícil alejarse. Egoísmo, apatía, indolencia. Esos atávicos antivalores que la especie humana adopta impúdicamente y que acompañan lechos de nacimiento y de muerte.

El número más reciente de Semana Sostenible dice que en el 28 % del territorio nacional se ejerce la minería ilegal, que de los 307 municipios donde no hay autorización para la minería, 186 se dedican a la extracción del oro, 98 a la de carbón, 5 a la extracción de plata y otros más a la de coltán y otros derivados, las Farc tienen el control en 72 municipios, las Bacrim en 71, y el ELN en 24; ¿quién compra estos minerales? ¿Dónde son expendidos?

Huelga añadir que los conflictos en Virunga no se distancian a los que padecen las comunidades colombianas. Actores estatales, grupos ilegales, miembros de la sociedad civil que se atreven a poner en cuestión los megaproyectos porque saben que el resultado son ganancias pírricas. (Dicho sea de paso, vale la pena aclarar que los perjuicios que suscita esta actividad no discrimina entre legalidad e ilegalidad).

Así pues, Virunga es una producción que representa las problemáticas que cobijan a un país que su mayor desgracia han sido sus recursos naturales, un reflejo de cómo la codicia cohonesta cualquier fechoría. Ahí en ese parte del Congo se puede identificar los mismos conflictos de comunidades que son ricas en petróleo, oro, coltán, carbón, pero que sus condiciones de vida no son proporcionales a esa prosperidad.

 

Interesados en el tema:

www.virungamovie.com

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