Visión 2019: meta volante

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Por Esteban Piedrahita
Por Esteban Piedrahita

Por Esteban Piedrahita

A principios de la década anterior, el Departamento Nacional de Planeación, dirigido por Santiago Montenegro, adelantó un ejercicio de planeación a largo plazo inusual en el país. El resultado fue la publicación en 2005 del documento Visión Colombia II Centenario: 2019.

Dicho trabajo buscaba orientar la discusión nacional sobre “cómo deberá ser Colombia cuando conmemore dos siglos de vida política independiente” y planteaba cuatro grandes objetivos: 1) Una economía que garantice mayor nivel de bienestar; 2) Una sociedad más igualitaria y solidaria; 3) Una sociedad de ciudadanos libres y responsables; y 4) Un Estado al servicio de los ciudadanos. Cada uno de estos objetivos se asociaba a estrategias y metas concretas.

La utilidad de este tipo de ejercicios depende de la apropiación de la ciudadanía después de todo el desarrollo del país es un propósito no solo del Gobierno sino de toda la sociedad– y también del seguimiento que se les haga y los ajustes que se realicen sobre la marcha. Hoy, en la mitad del camino entre 2005 y 2019, vale la pena hacer una revisión de cómo va el país en el cumplimiento de los derroteros que se trazaron hace siete años, para evaluar en qué aspectos avanza bien y en qué aspectos está rezagado.

El trabajo comprendía cientas de metas específicas en diversas áreas, pero esta columna se va a centrar en el objetivo 1, del ámbito económico, cuyo “tablero de control” principal incluía cuatro indicadores clave: el PIB total, el PIB por habitante en dólares, la tasa de inversión y el número de empleos.

En cuanto al tamaño de la economía, se planteaba que a 2019 esta fuera 2,1 veces más grande en términos reales de lo que era en 2005. Hasta la fecha, el país va en la senda de cumplir este objetivo. El crecimiento promedio del PIB que se proyectó para los años 2005 a 2012, fue de 4,7 %, es decir, igual al observado. Sin embargo, el ejercicio planteaba una aceleración del crecimiento al 6 % anual promedio para el período 2013-2019, lo cual hoy parece ambicioso, aunque no imposible.

En cuanto al ingreso en dólares por habitante, se fijó el objetivo de que aumentara un 70 % en términos reales entre 2005 y 2019, para llegar en ese último año a aproximadamente US$5.900, a valor de hoy. Gracias a la revaluación, este guarismo ya se cumplió con creces. El ingreso per cápita de Colombia en 2012 fue cercano a los US$7.900, un 120 % más alto que el de 2005. Y seguramente para 2019 superará los US$10.000. Si bien la revaluación puede afectar la competitividad de los bienes transables producidos en el país, para el consumidor y ahorrador colombiano es una bendición, porque logra que sus pesos compren y valgan más.

Otro propósito consignado en el documento era aumentar en un 50 % la inversión como porcentaje del PIB, bajo el supuesto de que la formación de capital es una palanca clave para la productividad y el crecimiento. En este campo el país ha conseguido resultados importantes. Las cifras del Dane indican que en 2005 la inversión en Colombia, medida como la formación bruta de capital fijo, representó el 19,7 % del PIB. En el segundo trimestre de 2012, la formación bruta de capital fijo alcanzó un 24,4 % del PIB. Así las cosas, el país pasó de invertir uno de cada cinco a uno de cada cuatro pesos producidos, y estaría a mitad de camino de lograr la meta fijada para 2019.

Finalmente, en materia de empleo, el documento proyectaba la creación de 6,1 millones de nuevos empleos entre 2005 y 2019. En 2012 hubo 20,7 millones de personas ocupadas en Colombia, 3,6 millones más que en 2005. En este frente crítico para la equidad, el bienestar y el crecimiento, el país ya cumplió el 60 % de la meta señalada, aunque solo ha transcurrido el 50 % del tiempo.

Como se puede apreciar, el desempeño macroeconómico de Colombia en los últimos siete años ha sido destacable, sobre todo si se tiene en cuenta que cinco de esos años han coincidido con una coyuntura internacional muy floja (aunque hay que reconocer que los precios de los productos básicos se han mantenido muy favorables). Todo pareciera indicar que nuestra economía está camino al despegue en esta vigésima década de independencia republicana. 

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