Voces culturales

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Por Jaír Villano

@VillanoJair

Todo proceso tiene un inicio. Se empieza a explorar para encontrar el camino correcto. Se empieza divagando, hurgando, jugando. Todo inicio está revestido de inocencia. La candidez nos nutre de fuerzas que con el tiempo se deterioran. Todo comienzo debería ser un divertimento.

En cuarto semestre mandaba artículos a cuanta convocatoria observaba. Por desgracia, nadie me respondía, o si había repuesta se limitaba al famoso sigue intentando. Pero, la verdad sea dicha, el rechazo no me daba tan duro; estaba acostumbrado al desdén de las mujeres a las que le escribía versos y a que las mujeres solo me hablaran cuando se hacían trabajos en grupos.

Pero todo cambió un sábado, ven lo bonito de la inocencia: ¡todavía lo recuerdo!, una directora de una revista me dijo que publicaría una de mis artículos. Naturalmente, la emoción traspasó fronteras, mamá dijo que sería grande y yo, que había leído que después de los 20 no se crece, le dije que no creía que pasara del 1,73.

A pesar mío, me ha ido bien. Algunos cándidos de buena fe dicen que soy promisorio. Les digo que ojo con eso, que ya le pasó a un queridísimo amigo: antaño joven promesa, ahora vieja decepción. Él sabe que yo lo aprecio mucho, así que no me detendré más en eso.

Cuento esto porque poco después de escribir que no tenía dinero para cortarme el mechero, varias personas me escribieron para preguntarme por mi situación. Uno me dijo que dejara la arrogancia, otro que me pusiera serio, y uno más amable (y creo que fue el que entendió el goce estético del texto) me preguntó por las oportunidades en el campo laboral.

A parte de sugerirle que no escribiera tonterías como estas, le dije que formara un proyecto profesional antes de serlo.

Porque si uno quiere ser escritor tiene que escribir y si quiere ser cronista, reportero o columnista, pues tiene que desarrollar trabajos que se relacionen a sus intereses.

Es por esto -y otras razones que expondré más adelante-, que El Pueblo me copió la idea de crear ‘Voces culturales’. Porque hay personas que les gusta elaborar trabajos de esta naturaleza, pero, infortunadamente, no tienen los espacios para difundirlos.

En las academias de periodismo pasa que un trabajo es bueno, pero no trasciende de la calificación. Pues bien: esta ventana es para eso. Para estimular la escritura, para ofrecer terreno a quienes quieren y pueden escribir, pero no tienen un lugar donde puedan ser leídos.

El nombre de la sección es porque se busca que las nuevas voces se narren la escena cultural de la ciudad. Además, y esto no lo debería decir, porque a largo hay un proyecto editorial, en el cual se seleccionarán los mejores relatos.

Un libro de la ciudad narrado por jóvenes cronistas. Una publicación donde el lector podrá encontrar los lugares, escenarios y recintos donde se despliega la escena cultural de Cali. ¡A mí me emociona de solo pensarlo!

Pero volviendo al tema, en la sección también se pude hacer escuela. Se puede jugar, explorar, divagar, todo lo que dije arriba, con la condición, claro, de que el texto esté bien escrito.

Lamentablemente, no es una oferta de empleo. No es para las personas que se merecen que sus palabras tengan precio, ni para los mediocres que creen que las tienen sin tener las capacidades para pedirlo.

Aun así, está abierto a todos.

Hace poco estuve con quien podría ser una de las joyas de la literatura colombiana. Me contó que hasta antes de los premios que había recibido (ya está en la treintena, sus premios son de importante envergadura) nadie le quería publicar sus novelas y mucho menos pagar por sus textos. Esta persona es de las pocas que vive de la literatura y para literatura. Su historia es admirable.

Al escucharlo sentí una grata sensación. Y yo dizque quejándome… tal vez esto nos sirva a todos los que queremos que nuestras palabras diluciden, hay que seguir, persistir, ser paciente y, sobre todo, actuar conforme a nuestras convicciones, ¿cómo? Escribiendo.

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